La corrupción en España o por qué nuestros diplomáticos no pagan
Buenísimo. Por cierto, lo que le ha faltado discriminar al estudio es que la carrera diplomática a esos niveles es altamente política. Así nos va:
"La corrupción en España o por qué nuestros diplomáticos nunca pagan el parking de la ONU
Por José Apesteguía e I. Palacios-Huerta*
Miércoles, 19 de julio de 2006
tamaño del texto columnas da tu opinión
No hay más que leer la prensa para contemplar casos de corrupción. En ocasiones está tan generalizada que dificulta el desarrollo económico, social y político de un país. Se estima que en el mundo algunos políticos, burócratas y demás cargos públicos desvían cada año en beneficio propio billones de euros originalmente destinados a mejorar la sanidad, la educación, las infraestructuras y otros servicios. Estas prácticas generan en el ciudadano desconfianza sobre las instituciones. Y esta desconfianza a su vez tiende a provocar un efecto multiplicador sobre la corrupción.
Desde un punto de vista científico, podría parecer sorprendente que dada la importancia del problema, todavía no se entiendan muy bien las variables que lo generan. No es tarea fácil. Por una parte, parece evidente que tanto el sistema legal de un país como sus normas sociales y culturales influyan en la corrupción. Por otra parte, la dificultad estriba en distinguir la influencia de cada una de estas variables por separado. Por ejemplo, aquellos países en los que las costumbres sociales no reprueban contundentemente las prácticas corruptivas suelen presentar sistemas legales poco exigentes en la persecución de la corrupción, siendo estos sistemas laxos los que a su vez contribuyen a generar normas y costumbres más permisivas. Entonces, ¿cómo separar los factores sociales y culturales de los factores legales?
En un reciente estudio titulado Cultures of Corruption: Evidence from Diplomatic Parking Tickets, los economistas Ray Fisman de la Universidad de Columbia en Nueva York y Edward Miguel de la Universidad de California en Berkeley empiezan a esbozar una respuesta. Estos economistas han tenido la brillante idea de estudiar una situación en la que el sistema legal concede a ciertos individuos inmunidad total para la consecución de un determinado tipo de delito. Los individuos en cuestión son los aproximadamente 1.700 diplomáticos en las Naciones Unidas en Nueva York procedentes de 146 países de todas las partes del mundo. El delito es la violación de la normativa de parking en el período comprendido entre 1997 y 2002. Su inmunidad diplomática permite a estos ciudadanos violar la normativa de aparcamiento sin pagar las multas correspondientes. Esto es, no sólo todos los diplomáticos se encuentran en una misma ciudad, sino que el sistema legal que se les aplica es el mismo y la pena por el delito es exactamente la misma: cero.
Hasta ahora todo lo mismo y por tanto no deberíamos esperar diferencias de comportamiento. Ahora bien, si las normas sociales y culturales adquiridas en el país de origen juegan un papel importante en el comportamiento, entonces cabría esperar que los diplomáticos se comporten de manera diferente según su país de procedencia. ¿Qué nos dice la evidencia? En primer lugar, se observa una tremenda incidencia de la práctica del aparcamiento ilegal. Los diplomáticos de las Naciones Unidas tuvieron durante el periodo en cuestión alrededor de 150.000 multas de tráfico sin pagar, por un importe total de unos 18 millones de dólares (aproximadamente unos 800 euros por cada diplomático). En segundo lugar, hay una gran variación según el país de origen.
Lo interesante de esta variación es que los diplomáticos procedentes de países considerados como poco corruptos (por ejemplo Suecia o Noruega) se comportan remarcablemente bien, sin apenas infringir la ley incluso en esta situación en la que el coste de hacerlo es cero. Sin embargo, los diplomáticos de países provenientes de regiones relacionadas con altos grados de corrupción (por ejemplo Sudán o Angola) son precisamente los que más infracciones