H50, tocado y hundido
H50
JAVIER CASTAÑEDA - 01/06/2006 - 11.34 horas
No, no se asusten. Estas siglas no corresponden a ninguna una nueva variación mutante y sin vacuna del virus de la gripe aviar, afortunadamente. Pero sí aluden directamente a una nueva epidemia que afecta prácticamente a la totalidad de las familias de este país; una patología que puede durar toda una vida y a veces incluso trascenderla. Como muchos ya habrán intuido me refiero a esa carga vital que pesa, en ocasiones mucho más de lo soportable, sobre las espaldas de la economía familiar: la hipoteca. El espejismo financiero de alargar los plazos para intentar que los números salgan, no ha hecho sino colocar unos enormes grilletes en las muñecas de muchas personas e incluso, por qué no, de sus descendientes.
El problema de encontrar un lugar para vivir se ha acentuado durante los últimos años, debido principalmente a la bajada de los tipos de interés para la compra de vivienda. Esto unido a la poca rentabilidad que ofrecen los bancos por tener el dinero en una simple cuenta, ha provocado un fenómeno de especulación inmobiliaria salvaje e incontrolado. Algunas de las nuevas fórmulas de financiación que ofrece el mercado para ajustarse a la demanda de los clientes, han optado alargar sus plazos hasta límites insospechados que ven crecer el número de cuotas hasta transformarse en hipotecas-herencia. Todo ello a pesar de que varias asociaciones de consumidores alertan de que estas fórmulas pueden fomentar el sobreendeudamiento de las familias. Pero como todos sabemos, este es un país que en su ADN lleva la picaresca del Lazarillo de Tormes y la gente se enorgullece –y muchos aún sueñan- con dar un pelotazo para no tener que trabajar más o, simplemente, para lucrarse rápido y a costa de lo que sea.
Así las cosas, de la noche a la mañana y sobrevenidamente, muchas personas se han convertido en brokers inmobiliarios. Y al ver cómo su vivienda o inmueble subía de precio desorbitadamente, han vendido por importes astronómicos; bien para invertir en otras viviendas o bien para comprar una más grande, etc. En cualquier idioma del mundo a comprar barato y vender caro en poco tiempo se le llama especulación. Lo que no sé explicar es porqué se ha permitido y tolerado –e incluso a veces potenciado- que el mercado se haya calentado de esa manera hasta situarnos a la cabeza de recalentamiento inmobiliario. Es más, podríamos sentarnos en la misma mesa –e incluso colocar los pies sobre ella sin complejos- con países como Estados Unidos, Inglaterra, Japón o Australia. Ahora, el Gobierno dice que emprenderá una batería de medidas para ayudar a los jóvenes en este tema. Y aunque creo que llegan un poco tarde, me parece perfecto, pero: ¿Y el resto? Sería una falacia pensar que sólo son mileuristas los jóvenes o que el resto de la población adulta no tiene problemas para acceder a una vivienda.
Y justo cuando empiezan a saltar las alarmas por estar tan próximos a un temido estallido de la burbuja inmobiliaria, comienza un movimiento social espontáneo -vía sms y copia el modelo del pásalo- para una convocatoria que traspasa el modelo de las flashmobs con mucho. A pesar de que todos nos quejamos del precio de la vivienda y de que el hecho de tener que vivir hipotecados de por vida es casi un tipo de neoesclavitud; los medios han dado testimonio de que no son, o no han sido, tantos los que han acudido a estas convocatorias de protesta por una vivienda digna. Pero sí parece haberse creado un movimiento de concienciación social para despertar un derecho recogido en la Constitución. Un artículo 47 que hasta la fecha parecía estar dormido, o sumido en un dulce letargo, al que algunos altercados con los manifestantes ha hecho despertar a trompicones. Para evitar confusiones conviene aclarar que no es un derecho fundamental en sentido estricto, como se afirma por doquier.
Pero lo que sí parece fundamental para la buena marcha de cualquier sociedad, es que la gente pueda acceder a una vivienda digna a un p