Afinsa y el TS
Escrito por Pedro Conde Sábado, 05 de Febrero de 2011 13:54
AFINSA y el Tribunal Supremo
Pedro Conde. Periodista, político y sindicalista.
Se quiere decir que la Justicia es ciega. A mi edad, este símil y su iconografía, la matrona de la espada y la balanza, comienza a tener un sentido muy contrario al que pretendidamente la define: dama o diosa de la imparcialidad justiciera. La experiencia me viene a alertar de que la tal señora se hace más la tuerta que la ciega; para poder guiñar un ojo a cada galán de sus preferencias. Como también me advierte de que aquellos sus atributos, la espada y la balanza, se parecen más a dos utensilios colgados de un estafermo.
El Tribunal Supremo, en sentencia del 13/12/2010 sobre Afinsa y Fórum, reafirma contundentemente el sentido de la mercantilidad de ambas empresas. Así, entre otras citas, viene a decir que “los contratos suscritos ente las empresas y sus clientes no consisten en operaciones financieras de activo o pasivo o la prestación de servicios financieros”. Pues bien, a pesar de esta palmaria aserción de ese Tribunal, tales empresas se encuentran hoy en liquidación, alegando y manteniendo la falsa imputación de su actividad financiera.
La pregunta que nace fulminante es: después de tan rotundo aserto, ¿a quiénes toca, quién tiene la obligación legal, moral, ética y real, de deshacer tamaño entuerto e injusticia que ha llevado a 400.000 inversores individuales a perder sus ahorros? ¿O va a ocurrir lo que con la más demagógica y política expropiación de la historia de España, Rumasa, convertida en botín de políticos y sus hombres de paja, que éstos se la repartan como bucaneros?
¿O es que las sentencias no tienen más valor en España que el de un eslogan publicitario? Si es así ¿quién comprará tanta mercadería averiada, envuelta con las hojas arrancadas de los Códigos, Civil, Penal, etc.?
Porque si el Tribunal Supremo vuelve a aseverar en dicha sentencia que “no se descalifica la naturaleza mercantil de los contratos suscritos con los inversores y las sociedades con quienes contrataron la adquisición de los valores postales que constituían el objeto de los contratos” o “esas operaciones no encajan en las propias del mercado de valores porque los sellos no tienen esa condición ni las sociedades que con ellos comerciaban eran entidades de inversión colectiva sino individual y, que además tenían un neto carácter de contrato mercantil”, ¿qué hace falta, pues, para restituir en su ser, derecho y actividad a ambas empresas e indemnizarlas a ellas y a sus cuatrocientos mil clientes por los daños y sufrimientos causados por los políticos de un Gobierno que hoy han demostrado ser lo que muchos vimos hace tiempo: analfabetos, sectarios pseudosocialistas, antiespañoles y ralea de cochabanza? Pero ¿se van a ir de rositas?
Por Pedro Conde. Periodista, político y sindicalista