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Esta compañía está muerta. Yo no la maté. No me culpen. Estaba muerta cuando llegué aquí. Es  demasiado tarde para orar. Porque incluso si las oraciones fueran contestadas, y ocurriera un milagro, y  el yen hizo esto, y el dólar hizo eso, y la infraestructura hizo lo otro, todavía estaríamos muertos. ¿Saben por qué? Fibra óptica. Nuevas tecnologías. Obsolescencia. Estamos muertos. No estamos en bancarrota.  ¿Y saben cuál es la forma más segura de quebrar? Teniendo una cuota cada vez mayor de un mercado  cada vez menor. Fracaso garantizado. Lento pero seguro. Saben, en algún momento debe haber habido  docenas de compañías haciendo látigos. Y apuesto a que la última compañía fue la que hizo el mejor  látigo de diligencias que hayas visto. ¿Le hubiera gustado ser accionista de esa compañía? Invertiste en  un negocio y este negocio está muerto. Tengan la inteligencia, tengan la decencia de firmar el certificado  de defunción, recoger el seguro, e invertir en algo con un futuro. 


"Ah, pero no podemos", dice la plegaria. "No podemos porque tenemos responsabilidad, responsabilidad  con nuestros empleados, con nuestra comunidad. ¿Qué les pasará?" Tengo dos palabras para eso: ¿Qué importa? ¿Ocuparse de ellos? ¿por qué? No se preocupaban por ti. Te chuparon la sangre. No tienes  ninguna responsabilidad con ellos. Durante los últimos diez años esta compañía les ha costado su  dinero. ¿Esta comunidad alguna vez dijo: "Sabemos que los tiempos son difíciles. Bajaremos los  impuestos, reduciremos el agua y el alcantarillado"?. Piénsenlo: Están pagando el doble de lo que  pagaban hace diez años. Y nuestros devotos empleados, que no han recibido ningún aumento durante los  últimos tres años, están ganando el doble de lo que hicieron hace diez años; y nuestras acciones ganan una sexta parte de lo que era hace diez años. 

¿A quién le importa? Se lo diré: A mí. No soy su mejor amigo. Soy su único amigo. ¿Que no hago nada?  Les hago ganar dinero. Y no olvidemos que esa es la única razón por la que alguno de ustedes se  convirtió en accionista en primer lugar. ¡Quieren ganar dinero! ¡No importa si fabrican alambre y cable,  pollo frito o cultivan mandarinas! ¡Quieren ganar dinero! Soy el único amigo que tienen. Yo les hago  ganar dinero. Tomen el dinero. Inviertan en otro lugar. Tal vez, tal vez tengan suerte y allí se use de  forma productiva. Y si lo es, crearán nuevos empleos y proporcionarán un servicio para la economía y,  Dios no lo quiera, incluso ganarán unos cuantos dólares por ustedes mismos. Y si alguien pregunta,  díganle que les gusta invertir. 


Discurso final de Larry El Liquidador Garfield 
Con el dinero de los demás- Warner Bros. 1991- Danny de Vito, Gregory Peck 
Creo que fue Seth Klarman al primero a quien leí hablar sobre esta película hace ya muchos  años y no fue hasta hace un par de años que pude conseguirla y verla en casa. Y sí, la disfruté.  En primer lugar es una comedia de 1991 pero que aún tiene el aire y el ambiente de las películas  sobre Wall Street de los años 80 y, dado que aquella década es muy cercana a mi corazón pues  coincidió con mi juventud, me hace mirarla con un extra de complicidad y de cariño, quizás  incluso de nostalgia. Ciertamente en aquellos años yo no conocía aún el mundo del value  investing y, desde luego, para mí Buffett era un completo desconocido, pero ello no supone que  no recuerde el ambiente en que se movían las finanzas en aquellos años. 


Eran los años aún de la Guerra Fría y Ronald Reagan era uno de los grandes presidentes  americanos que había devuelto el ánimo a una nación que se había visto postrada en la década  anterior y se dolía de la pujanza del Japón. Años en los que, en Wall Street, dominaban los  yuppies al estilo de Gordon Gekko y su célebre defensa de la codicia y su consejo famoso “y si 
quieres un amigo, te compras un perro… o millonario, o nada”. Años que aquí en España, la  beautiful people que pululaba alrededor del socialismo entre aristócratas y nuevos ricachones  que se hacían ricos mediante pelotazos y donde los jóvenes nos veíamos asombrados ante la  figura del resplandeciente Gordon Gekko español: Mario Conde. En esos años se mueve esta  película, entre empresas que arrastran aún viejos lastres y modos de gestionarse y los  fulgurantes, ambiciosos y descarnados tiburones, donde el dinero era la medida de todas las  cosas y no el Hombre. 


Y en esta película encontramos el enfrentamiento entre ambos modos de ver las empresas y de  ver el capitalismo… y es una lucha que, envuelta en la parte de comedia que ronda al personaje  de Danny de Vito y a la joven y atractiva abogada, muestra ambos puntos de vista y, cuando  parece que todo ha terminado a favor de uno de ellos, nos ofrece la victoria moral del otro  bando. Os voy a destripar el final de la trama, pero me lo perdonaréis pues no hay otra forma de  explicar esta película y el mensaje que subyace. Insisto en que la parte de comedia es deliciosa y  divertidísima, la típica lucha de sexos donde ambos contendientes conocen sus armas y las usan  en plenitud de alegría y desenfado. 


Pero no es la parte de comedia la que nos interesa. Hablando con un amigo, Ezra, le comentaba  que la película muestra los dos puntos de vista perfectamente y que la lógica de ambos y su  razonamiento está tratada con toda dignidad y respeto. Tenemos al protagonista principal, Larry  Garfield- El Liquidador-, un gestor de un hedge fund o similar con capacidad para invertir en  empresas infravaloradas por el mercado y, mediante su activismo, promover cambios en la  gestión e incluso la liquidación parcial o total de una empresa determinada.

En este caso, New  England Wire&Cable, una empresa con dos filiales rentables que están financiando a la matriz  que está pasando por horas bajas en el mercado. Garfield- de Vito- una vez que ha adquirido en  mercado un paquete significativo de acciones acude a la empresa, vieja y destartalada, para  entrevistarse con la dirección, en concreto con el accionista mayoritario Gregory Peck, hijo del  fundador, trabajador, honrado, decente, firme, respetuoso y comprometido con sus empleados,  su comunidad y su nación. 


Y cuando Garfield, tras una escena que es digna de figurar en cualquier análisis de una  compañía tipo net-net (de hecho, yo hice algo por el estilo en su día sobre las acciones de  ArcelorMittal), les exige que cierren la matriz que está perdiendo dinero y se queden con las dos  filiales. Usando palabras de Graham que reconoceréis de su primer artículo para FORBES en  Junio de 1932, la empresa vale más muerta que viva. Liquidada que en funcionamiento. Peck,  obviamente, no quiere oír hablar de la cuestión y considera un ataque que un tiburón le diga qué  debe hacer y en concreto que debe cerrar la empresa en la que tantos años y tantas personas han  encontrado su forma de vida y ha sido tan útil al país en el pasado. Y, apegado a su sentido del  honor, no quiere oír hablar de traslados o protecciones de las acciones para evitar la OPA  confiando en sus empleados y en sus accionistas. 


Y, tras momentos y escenas realmente divertidas, románticas y geniales, llegamos al momento  culminante de la película: la votación en junta general de accionistas respecto a la OPA lanzada  por Garfield. Y allí Peck habla primero y su discurso se basa en su honor personal, en el  esfuerzo de sus empleados a lo largo de los años para producir bienes tangibles para el país, en  su compromiso con la comunidad y los empleados, en que la situación de la empresa es pasajera  y que el activo real de la empresa sigue disponible y que, si esperan y confían en él, la empresa  valdrá aún mucho más de lo que la OPA ofrece. Y tras él, habla Garfield… cuyo discurso os he  incluido en la cita inicial casi al completo. 


¿Tiene razón Garfield en su discurso? Si… lo que dice es lógico y razonable; de hecho gana la  votación y se hace con la empresa. ¿Es eso todo lo que debemos esperar, lo que debemos pedir,  lo que podemos exigir del capitalismo? ¿Es la aspiración de “hacer dinero” la única que 
debemos tener o, aún más, la mejor a la que podemos optar? Sé que en este sentido os  encontraréis con múltiples puntos de vista y con cosas que parecen más sencillas de lo que son.  De hecho un acierto de la película es haber elegido a Gregory Peck como defensor del modo de  hacer las cosas o, mejor dicho, defensor de la visión antropológica tradicional que era tan  común en los años 50-60 del siglo pasado. Si en vez de a Peck hubieran seleccionado otro actor  menos “respetable” o con menor dignidad, la partida hubiera quedado ganada de antemano por  la postura, humorística y cínica pero estrictamente lógica y cruda, de de Vito. Con Peck, las  complicidades quedan repartidas e igualadas. 


Y es de esta diferencia en la cosmovisión donde quiero centrarme, pues es la parte importante  de la película, ya que de ella se originan fuertes consecuencias que, en extenso, he descrito en  mi último- por ahora- y tercer libro (Value Investing: Austria vs Salamanca- Ed. EOLAS, 2019).  Y esas consecuencias tienen su efecto sobre millones de personas.  


Curiosamente en Buffett encontramos ambos paradigmas. El Buffett estilo Danny de Vito-Larry  Garfield, sólo interesado en la lógica de los números en que una empresa sólo merece la pena  por la rentabilidad que obtengamos de sus acciones independientemente de todo lo demás, lo  tenemos en el caso Dempster Mills una empresa en la que Buffett invirtió cual Garfield y, pese a  obtener unas jugosas plusvalías para su partnership mediante la remodelación, reestructuración, despidos y venta de activos, le terminó creando una mala fama y un malestar personal que no  quiso volver a sufrir en la vida.

La empresa finalmente fue adquirida por inversores privados  con financiación del propio pueblo de Beatrice, Nebraska y actualmente sigue viva como  Dempsters LLC. Sí… el Buffett de 1961-63 sin ser tan cínico como el Garfield de 1991 y  mucho menos yuppie, veía que lo lógico era liquidar una empresa centenaria simplemente  porque en bolsa cotizaba por un valor muy inferior al que mostraban sus libros. Y él, y sus  inversores se supone, sólo veían la posibilidad de generar el beneficio liquidando la empresa… a costa de todo lo demás. 


Pero Buffett no era un yuppie ni era un tiburón financiero ni una persona a quien sólo le interese  el dinero por el dinero. Buffett aprendió de la experiencia y se encontró que, sin pretenderlo,  había causado malestar y dolor a mucha gente. Y no quiso volver a pasar por lo mismo. Años  más tarde, con Berkshire Hathaway su comportamiento fue muy diferente. La empresa seguía  estando en un negocio de poquísimo futuro y negativa rentabilidad, pero se deshizo de ella  causando el menor daño posible a los empleados y comunidad posible. 

No invirtió en ella más  que lo estrictamente necesario para el funcionamiento, pero admitiendo que la empresa no  saldría adelante como empresa textil, jubilando con sus pagas legalmente establecidas a los  empleados, vendiendo activos a quienes estaban dispuestos a hacerse cargo de ellos y de invertir  en esas plantas y usando el capital líquido para adquirir otras empresas, éstas sí, rentables. El  proceso de ajuste, como digo, se hizo mirando el bienestar de las comunidades y empleados, no  sólo la fría y calculadora eficiencia cuantitativa. 


Tanto ha cambiado Buffett al convertirse más en empresario que en “sólo inversor” que en  múltiples ocasiones ha comentado que no venderá una de sus empresas dentro de Berkshire solo  porque esté teniendo una rentabilidad menor de la esperada o, incluso como ha sucedido con  Dexter Shoe, con pérdidas.

 El caso de Dexter Shoe es significativo: considerado por Buffett  como un gran y enorme error que se va incrementando pues pagó con acciones de Berkshire  Hathaway y, como empresa ha colapsado, sigue estando dentro de la matriz dentro de la  división H.H. Brown Shoes de Berkshire Hathaway. No la ha vendido. Ha tenido cuidado de los  empleados y comunidades donde trabajan.  


When low-cost competition drove shoe production to Asia, our once-prosperous Dexter  operation folded, putting 1,600 employees in a small Maine town out of work. Many were  past the point in life at which they could learn another trade. We lost our entire investment,
which we could afford, but many workers lost a livelihood they could not replace. The same  scenario unfolded in slow-motion at our original New England textile operation, which struggled for 20 years before expiring. Many older workers at our New Bedford plant, as a  
poignant example, spoke Portuguese and knew little, if any, English. They had no Plan B. The answer in such disruptions is not the restraining or outlawing of actions that increase  productivity. Americans would not be living nearly as well as we do if we had mandated  that 11 million people should forever be employed in farming. The solution, rather, is a  variety of safety nets aimed at providing a decent life for those who are willing to work but  find their specific talents judged of small value because of market forces. (I personally  favor a reformed and expanded Earned Income Tax Credit that would try to make sure  America works for those willing to work.) The price of achieving ever-increasing prosperity  for the great majority of Americans should not be penury for the unfortunate. 
Berkshire Hathaway Letter to Shareholders 2015 


Poco “Liquidador” vemos aquí, en el Buffett que aprendió. Buffett se ha transformado en  Gregory Peck, abandonando la visión de los negocios y de la inversión de Danny de Vito.  
Larry, El Liquidador, se hizo con el triunfo en la OPA y parece que la visión de las inversiones,  las empresas y las personas le termina dando la razón. Pero no.

Finalmente, en lo que será  básicamente la última escena, la atractiva abogada le comenta que, finalmente, la empresa ha  conseguido un nuevo y gran contrato para producir cables y alambres… la empresa, como decía  Gregory Peck, realmente valía mucho más viva y los accionistas que vendieron a Garfield en la  OPA sólo obtuvieron un dinero a corto plazo, pero se perdieron el potencial de la empresa si  hubieran otorgado su confianza en aquel que tenía, como se dice hoy en día de manera pedante,  skin in the game (como si no pudiéramos o nos diera vergüenza usar nuestro español- no hace  falta que nos lo prohíba el gobierno, ya hacemos nosotros solitos bastante el idiota); Peck se  jugaba la piel, venía haciéndolo desde hacia décadas y no sólo miraba por el beneficio a corto  plazo sino también tenía en cuenta que una empresa ha de ser algo más que sólo generar  beneficios.

 Hay mucha gente involucrada en la consecución de dichos beneficios, no sólo los  accionistas que, generalmente, sólo aportan capital; también los empleados, la sociedad en  general tienen que ver en el éxito de una empresa.  


Peck lo sabia, de Vito pasaba de ello… Buffett lo aprendió y lo aprendió bien. Elegid vuestra  visión del Hombre y seguid la senda correcta, como empresarios y como inversores. 

Un fuerte abrazo a todos 
Miguel de Juan Fernández 
ARGOS- VALUE FUND

  1. en respuesta a Bender
    #4
    22/12/20 00:30
    Buenas noches Bender.... siendo del 91 yo no la consideraría como cine clásico... pero te entiendo (y al menos está Gregory Peck). Hay muchas en relación a las finanzas o inversión: En Qué bello es vivir, tienes la escena relativa al crash del 29, por ejemplo. En mi primer libro- El lemming que salió raro- había muchas referencias a películas, algunas ciertamente de temática inversión/finanzas... en otras sólo alguna escena que me servía para hablar de finanzas e inversión. 
    Un abrazo y feliz Navidad
  2. #3
    22/12/20 00:26
    Bueno, una sorpresa inesperada... como gran aficcionado al cine clásico, con asignatura pendiente las pelis de finanzas, una prometedora joyita más que degustaré en las navidades confinadas...
    gracias.
  3. en respuesta a Alejperez
    #2
    17/12/20 16:33
    Hola Ajelperez: Cierto que la última escena parece traída como un añadido, pues la película podría haber terminado a la conclusión de la OPA; pero es una comedia, algo necesitaban incluir para que el chico y la chica pudieran tener un final feliz. En ese sentido sí es un final de 7º de caballería, como dices.
    Pero, desde mi punto de vista no le merma profundidad a la película, de hecho funciona como una moraleja: a corto plazo los accionistas que vendieron en la OPA realizan una plusvalía (o reducen pérdidas)... sin embargo, la empresa valía mucho más de lo que pensaba el simple book value. Ahí es donde se ven los dos estilos de calcular el valor, si prefieres. Gregory Peck tenía razón, quizás porque era "empresario" y Danny de Vito sólo actuaba como "inversor" deep value. Parecido fue lo ocurrido en Dempster Mills y Buffett. Depmster siguió viva y sigue viva, ahora como empresa privada Dempsters LLC- desconozco su rentabilidad en todos esos años desde que Buffett se deshizo de ella- pero siguió dando empleo y riqueza a su comunidad, no sólo ofreciendo productos de valor para sus clientes. Y esta parte me importa mucho cuando estamos en un mundo en el que parece que sólo ha de primar- o sólo debe ser importante- la visión de "El Liquidador".
    Una gran película de inversiones, sin duda.
  4. #1
    17/12/20 16:18
    Es una de mis películas favoritas.., sobre todo la escena en que el Liquidador echa la bronca a sus abogados por lograr que él no pudiera temporalmente comprar la empresa y esperaba que USA se hiciera comunista, porque lo primero que harían los comunistas es fusilar a todos los abogados... :) .

    https://www.youtube.com/watch?v=SA2rDn1I-jM

    Respecto a la última escena, creo que es de lo peor de la película, en la que de repente llegan los japoneses a salvar la empresa con un contrato de airbags y resulta que los empleados van a comprarla.., casi como cooperativa.... ¿Ya no hay problema de costes, de impuestos? 

    Es dar una salida "Disney" de final feliz, el 7º de Caballería, supongo que para dejar buen sabor... pero le quita "credibilidad".

    Pero bueno, es una opinión, por lo demás, de mis películas favoritas inversiones...



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