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Una mirada value al mundo de la inversión

Navegando en medio de la tormenta

Hace treinta años nadie habría podido prever la enorme expansión de la Guerra de Vietnam, los controles de precios y salarios, dos choques petrolíferos, la dimisión de un presidente, la disolución de la Unión Soviética, 508 puntos de caída en un solo día en el Dow Jones o las letras del Tesoro fluctuando entre 2.8% y 17.4%.

Pero, sorpresa, ninguno de estos tremendos eventos hicieron la más mínima mella en los principios de inversión de Ben Graham. Ni resultaron ilógicas las compras negociadas de buenas empresas a precios razonables. Imaginen el coste para nosotros entonces si hubiéramos dejado que el miedo a lo desconocido nos hubiera retrasado o alterado la inversión del capital. De hecho normalmente hemos hecho nuestras mejores compras cuando las aprensiones acerca de algún mega evento estaban en máximos. El miedo es el enemigo del seguidor de modas y el amigo del inversor fundamentalista.

Es seguro que otros grandes eventos ocurrirán en los próximos 30 años. No intentaremos ni predecirlos ni beneficiarnos de ellos. Si podemos identificar empresas parecidas a aquellas que hemos comprado en el pasado, las sorpresas externas tendrán poco efecto sobre nuestros resultados a largo plazo.

Warren E. Buffett

Letter to Berkshire Hathaway shareholders (1994)

 

Es habitual, y más en estos tiempos en que el Hombre se ha alejado de las Verdades eternas, que los sucesos que rompen, por lo imprevisto o por la profundidad de sus efectos, el habitual día a día, que se tienda a volver su mirada hacia quien sea que pueda ofrecerle una guía, un camino, un claro más allá de la tormenta… solemos decir que sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Pues ahora truena… y a modo.

Estamos, como indica el título de este encuentro en las ondas, navegando en medio de la tormenta y se asemeja más a la confluencia de varios huracanes soplando sobre nuestro navío más que a una simple brisa más o menos fuerte. Y en medio del Océano da igual, cuando arrecia la tormenta, si nuestro navío es un trasatlántico como el Titanic, una simple barquita como la que llevó a Shackleton desde Isla Elefante a Georgia del Sur una vez que el Endurance había quedado muerto en el hielo antártico o un buque robusto como fue el Erebus y su buque hermano, el Terror. No es el tamaño en sí del navío lo que importa, sino más bien la capacidad del capitán y líder y la confianza y resistencia de sus tripulantes.

El Titanic fue un navío poderoso, pero la inconsciencia del capitán y la soberbia de los constructores le llevaron al fracaso… y a la leyenda. Algo así fue la historia del Long-Term Capital Management. El Endurance fue un navío preparado y ágil, pero quedó atrapado en el hielo y fue una pequeña barca salvavidas (James Caird) la que, con la guía del capitán Frank Worsley, consiguieron salir de Isla Elefante y atravesando 1.300 km de Océano pleno de tormentas alcanzó la isla ballenera de Georgia del Sur. Fue el Erebus un navío diseñado para otro tipo de aventura, pero robusto y fiable en aguas jamás exploradas en ambos polos terrestres… sin embargo, fue la pericia y prudencia del capitán Sir James Clark Ross quien logró volver de ambos polos con relativo éxito y seguridad para sus tripulantes… y sin embargo, fue el capitán Frank Crozier (junto al superior Sir John Franklin) quienes terminaron con el Erebus en el fondo del océano ártico. No es el navío… o no sólo. Se precisa algo más.

Por eso, en estos momentos de tormenta no sólo sobre la economía y los mercados sino, más importante, sobre nuestra propia forma de vida, es cuando merece poner la vista en aquellos que puedan ofrecernos una guía firme, un asidero robusto donde asirnos y reafirmar nuestras decisiones. De ahí la cita inicial que os he puesto de Buffett pues él ha vivido más situaciones de crisis y siempre puede recordarnos lo fundamental que debemos tener en cuenta en momentos en los que no se ve nada más a nuestro alrededor que caos.

Desde que el Hombre existe hemos atravesado múltiples crisis y muchas han sido mucho más terribles que la que ahora estamos sufriendo. La más terrible que yo conozca ocurrió hace unos 50-60.000 años cuando en toda la Tierra sólo quedaron 50.000 personas, de las que todos somos descendientes. Y desde entonces muchas más… algunas por pandemias más terribles que ésta, como la Peste Negra que asoló Europa en el final del medievo; otras por guerras como la Segunda Guerra Mundial donde a las muertes directas del conflicto bélico hay que sumar el Holocausto. Se nos recuerda una y otra vez que el virus de la gripe causa más muertes en el año que el COVID-19… supongo que será el tratar de consolarse mirando las cifras y ver que “no son tantos”.

No creo que ésa sea la mejor opción ni el mejor consuelo. Si el COVID-19 no hubiera existido se habrían salvado miles de vidas en el mundo, por lo que no es comparable el pensar que “mueren menos que de otra forma”… a la otra forma ya estamos acostumbrados, ésta ha aparecido de repente (sea por conspiración de logias gnósticas o para aprovechar los desplomes y comprar empresas los chinos o cualquier otra idea conspiranoica que se os plantee). Por lo mismo podemos pensar en si la actuación del gobierno hubiera sido más contundente desde mucho antes, al menos cuando vimos la situación de nuestra vecina Italia.

En una situación como ésta, en la Carta de Marzo del Argos, hablando sobre los sucesos de Febrero, indicaba a los argonautas que esta situación de crisis del coronavirus podía ser más preocupante de lo que estaba escuchando en general… pues aunque la crisis sanitaria en sí, con ser la peor por el hecho del fallecimiento de personas, fuera a ser pasajera en el corto plazo (vemos que China ha logrado controlarlo en unos cuatro meses), el panorama a nivel económico que se me planteaba era completamente desolador. Y quería que los argonautas fueran conscientes de ello.

El ver que la “fábrica del mundo” que es China había tenido que parar, por fuerza debía provocar efectos económicos reales muy potentes. Si quien fabrica deja de hacerlo… a ver quien puede sustituirla en el cortísimo plazo. Pero la cosa no quedaba aquí… al expandirse el virus a nivel mundial, la cadena de valor de la economía global se veía afectada como estamos viendo… y no sirve que China empiece a volver a las fábricas (habrá que ver el ritmo, dudo que sea al cien por cien)… porque ahora es el resto del mundo el que está en cuarentena. Ya no es la fábrica del mundo la que ha parado, ahora es el resto del mundo quien está dejando de comprar (salvo los productos básicos de consumo, obviamente…¡en especial el papel higiénico!). ¿Quién va a producir a su capacidad, cuando los que tienen que comprar para consumir o producir no pueden hacerlo porque deben estar en sus casas?

Era ilógico pensar otra cosa. El problema como inversor no es si saldremos de ésta. Claro que sí… ahí no tengo ninguna duda (y como creyente en un Dios que es amor y que no nos deja de su mano, menos duda aún). Pero como inversores- o en mi caso como asesor de un fondo de inversión en el que 181 argonautas han confiado su patrimonio- la decisión a tomar se veía complicada por la enorme incertidumbre respecto al ritmo del contagio del virus, a las medidas y velocidad con que se implantaran para contenerlo y las medidas que pudieran tomarse a nivel estatal y financiero- bancos centrales- para suavizar los efectos en la economía… no tanto pensando en que eviten el daño- eso es soñar- sino que permitan mantenerse a las empresas vivas el mayor tiempo posible mientras dure la crisis (el padre Juan de Mariana compararía esta situación a una guerra o cerco donde él veía aceptable y razonable, por excepcional, el saltarse las reglas generales que deben regir las relaciones económicas).

Ese sostenimiento, mediante liquidez (que no debería costar nada a quien la pida e incluso creo que debiera ser a fondo perdido), a las empresas han empezado los bancos centrales a hacer algo. En primer lugar- y esto lo aprendieron de la crisis de 2008- inyectando dinero y garantizando el papel comercial, el descuento de letras para entendernos, el mercado de repos… eso es básico y la Fed ha comenzado a hacerlo. Pero supongo que aún seguirá habiendo más medidas según se siga viendo cómo el parón de la economía mundial tiene efectos cada vez más graves hasta que se consiga reiniciar el ritmo “normal”. Ahora ya no es sólo la fábrica mundial, ahora es el consumo mundial.

Pero entremos en la parte pura de invertir. ¿Qué hacer? En mi caso, como saben bien los argonautas, teníamos alrededor del 27% en liquidez antes de las caídas- aunque estábamos en negativo en el año… entre otros motivos porque tenemos una cartera muy concentrada- pero ni siquiera eso sirve de mucho cuando tienes caídas diarias del 5-7% o incluso alguna superior al -10% diario. En esas situaciones todo se va para abajo a una velocidad descomunal… no es el Crash de 1987 cuando el mercado cayó un -22% en el día, pero se le parece.

La duda principal que surge es, ¿compro ahora o espero? El problema es que nunca sabes cuando va a parar… entre otras cosas porque el mercado no cae veinte días seguidos sin parar, se desploma todo un -50% y a partir de ahí empieza a subir a mayor o menor ritmo. No… el mercado no es así de clemente. Le gusta torturar poco a poco, hacer que los incautos caigan en la trampa (no es que el “mercado” piense… somos los inversores los que cambiamos de idea de un día a otro), por lo que se vuelve más complicado. Por ello, vas comprando poco a poco según vas viendo precios atractivos y, en mi caso, por prudencia lo que he ido haciendo- avisando antes a los argonautas- es ir reestructurando la cartera; deshaciéndome de empresas, unas con pérdidas, otras con ganancias, para incrementar la liquidez (hemos llegado al 38% tras diferentes operaciones) y tener colchón tanto para reducir el golpe como para aprovechar… pues cada vez los precios son más irracionales.

Ese puede ser el resumen de la actuación… pero se quedaría coja sin lo que considero la parte más importante en una situación como ésta: el contacto directo y continuo con los argonautas. Siempre les digo, medio en broma y totalmente en serio, que son “reyes, príncipes y héroes”, y que procuro tratarles así… como iguales a mí en el manejo de la nave… yo guío el timón e indico hacia donde navegamos y cuándo hay que desplegar velas, ellos manejan los remos, jarcias y achican el agua. En la Carta de Lanzamiento del Argos lo explicaba en el inicio… la dignidad es la misma. Y el Argos- no es publicidad, es un hecho- es así.

He estado pasándoles comentarios de whatsapp de forma continuada (algunos los habéis leído vosotros, Luigi y Andrei), informándoles de lo que se nos venía encima, de lo que estábamos haciendo, de lo que representaba de oportunidad para el futuro, de los riesgos del corto plazo y lo vertiginoso del abismo de ver caídas brutales día tras día… no sólo no se ha ido ninguno- seguimos siendo 181- sino que además han entrado alguno más en su posición. Pocos han sido los que me han escrito preguntándome alguna cosa, la mayoría han estado tranquilos agradeciéndome los comentarios o informándome que estaban incrementando posición- cada uno a su ritmo y capacidad, desde luego- y con los que he estado hablando con algo más de detalle ha sido más en relación a si no es mejor esperar para comprar después que ir haciéndolo ahora… dudas normales que se han resuelto.

Esa transparencia continua en la que, por iniciativa propia, he estado informándoles de lo que estoy haciendo con su dinero (y con el mío, que también soy argonauta) creo que es básica… en especial por haber ido por delante, por no haber esperado a que las cosas estén feas y el mundo desplomándose a su alrededor para ir avisándoles… como diría Buffett, he procurado darles la información que me hubiera gustado que me dieran si estuviéramos en puestos cambiados. Y así seguimos. Algún día hay más comentarios o reflexiones, en otros menos… pero lo importante es que sepan que estamos en el mismo barco, que estoy “con” ellos… al igual que Cristo tras resucitar fue caminando al lado de aquellos discípulos camino de Emaús, debemos aprender de su ejemplo y caminar al lado de nuestros inversores.

Cuando Buffett cerró su partnership les dio el nombre de un par de amigos a aquellos de sus clientes que no quisieran continuar con él en la nueva etapa en Berkshire Hathaway; como él dijo, “no podía saber cuál de ellos lo haría mejor, pero sabía que todos eran buenos pastores del capital de los inversores”. Seamos el buen pastor.

Gracias a la generosidad tanto de ValueSchool como de AlfaPositivo os adjunto el enlace por si alguien quiere ver la charla que mantuve con ellos este Lunes 23 de Marzo de 2020, espero que os resulte de interés

 

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Autor del blog
  • Miguel de Juan

    Tras trabajar en diversas entidades de banca privada -Morgan Stanley, Citibank, Banif y Barclays Gestion de Patrimonios- en Noviembre de 2007, coincidiendo con la última carta a los inversores que conforman el libro "El lemming que salio raro", decido abandonar la banca privada y dedicarme al asesoramiento de un único vehículo: el fondo Argos Capital FI.

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