Homo Sapiens vs Homo Inversorus

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El miedo se apodera del mercado

El pasado 21 de enero el miedo barrió los mercados. Desde muy temprano las sensaciones fueron muy negativas, pues los parqués asiáticos registraban profundos recortes (el Nikkei se dejaba un 3,86%, el índice chino Hang Seng un 5,49% y la bolsa de Bombay un 7,41%) e imprimían a la sesión una clara tendencia bajista que las bolsas europeas no podían resistir. El Euro Stoxx 50 se dejaba un 7,31%; el Dax, un 7,16%; el Cac, un 6,83% y el Footsie 100, un 5,48%. La bolsa española seguía la estela de sus homólogas europeas y se hundía un 7,54%, la mayor pérdida del Íbex 35 desde que se constituyó el índice. Es decir, se vendía todo y a cualquier precio. Curiosamente, el mercado norteamericano no sufrió ninguna caída pues esa jornada era festiva en Estados Unidos al celebrarse el día de Martin Luther King.

A la hora de buscar explicaciones de la debacle se apuntaba que el temor a que la desaceleración de la economía norteamericana se convirtiera en recesión había ido minando la confianza de los mercados, dejándolos en una situación de gran fragilidad. También, se señalaba que el plan de rescate presentado el viernes anterior al desplome por la administración Bush no había gustado a los analistas, pues parecía escaso y tardío. Sin embargo, parecían razones de poca enjundia para tamaño maremoto. Además, ese lunes no se había publicado ninguna noticia ni dato lo suficientemente relevante como para generar ese sentimiento tan negativo.

La Teoría de los Mercados Eficientes no explica lo sucedido

Eugene Fama

Una caída de esta magnitud pone en entredicho la Teoría de los Mercados Eficientes, una línea del pensamiento económico que intenta explicar la formación del precio de las acciones. De acuerdo con ella los mercados son eficientes desde un punto de vista de la información, ya que los inversores se comportan racionalmente y reaccionan a cualquier nueva noticia ajustando rápidamente los precios de las acciones que se ven afectadas por esa nueva información.

Este planteamiento fue desarrollado por el profesor Eugene Fama, de la Universidad de Chicago, en su trabajo ”Mercados de Capitales Eficientes” publicado en 1970. Además, a esta corriente de pensamiento se sumó en 1973 un libro de gran éxito en las listas de los más vendidos en EEUU titulado “Un paseo aleatorio por Wall Street”, de Burton Malkiel, profesor de finanzas de la Universidad de Princeton. En él se remachaba el concepto de que la información llega al mercado de forma aleatoria, por lo que los cambios de los precios son también aleatorios e independientes unos de otros.

Si analizamos lo que ocurrió el 21 de enero en los parqués bursátiles de todo el mundo veremos que la Teoría de los Mercados eficientes no alcanza a explicar la totalidad de lo sucedido. Sí que podría explicar con solvencia que la información negativa que llegó ese día al mercado afectara a un número determinado de valores, pero no a todos a la vez y con similar intensidad. De hecho, aunque Fama en su trabajo fuera un entusiasta defensor de la eficiencia de los mercados también detectó ciertas anomalías en la consistencia de los resultados, como cuando se estudian series de precios en momentos de gran volatilidad. Sin embargo, esta matización la hizo con la intención de subrayar cuan pequeñas eran las desviaciones.

¿Qué pasó el 21 de enero de 2008? El triunfo de las emociones

Por todo ello, si se intenta comprender qué pasó verdaderamente ese nefasto 21 de enero hay que primero fijarse en los mecanismos con los que se opera en el mercado, como los programas de disparo automático de órdenes cuando se tocan ciertos niveles. Así, la rotura de soportes clave lanzó una avalancha de órdenes stop loss que alimentaron la velocidad de caída.

En segundo lugar, la explicación mejora todavía más si añadimos a la ecuación las peculiaridades del comportamiento humano. En este punto llegamos a las Finanzas del Comportamiento, Behavioral Finance, es decir, finanzas desde una perspectiva social más amplia en la que se incluiría la psicología y la sociología. Un campo de investigación alternativo y prometedor.

En 1981 el profesor Robert Schiller, de la Universidad de Yale, desafió la teoría de los mercados eficientes, la visión dominante en los círculos académicos y publicó un artículo en la American Economic Review titulado “¿Se mueven demasiado los precios de las acciones para estar justificado por los sucesivos cambios en los dividendos?”.

Schiller argumentó que en un mercado bursátil racional los inversores ajustarían el precio de las acciones según las expectativas de recibir futuros dividendos, descontados a un valor presente. Su investigación se centró en analizar la actuación del mercado bursátil norteamericano desde la década de los 20, para lo que consideró los tipos de futuros dividendos esperados y las tasas de descuento que podría justificar la amplia variación de precios experimentada en los mercados de acciones. Schiller concluyó que la volatilidad del mercado bursátil era mayor que la que pudiera explicarse plausiblemente por cualquier visión racional del futuro.

La escuela de las Finanzas del Comportamiento, que ya contaba con un buen número de adeptos, ganó una buena dosis de credibilidad en octubre de 1987 cuando se produjo el crack bursátil, en una situación similar a la registrada el lunes 21 de enero. El trabajo de Schiller incluye una investigación de campo en la que se preguntaba a los inversores y a los agentes de bolsa qué era lo que les motivaba a llevar a cabo operaciones. Los resultados le llevaron a establecer una hipótesis muy llamativa: sus decisiones de compra y venta están motivadas por emociones, en lugar de por cálculos racionales.
Behavioral Finance
Cuando los inversores y los agentes bursátiles negocian corren el riesgo de caer en trampas psicológicas, pues es muy difícil abstraerse del entorno y muy sencillo que el cerebro se bloquee por el pánico. Un efecto significativo es el de “comportamiento de rebaño” dentro de un mercado. Una vez un individuo se integra en un grupo, cede parte de su autonomía decisoria a la manada. Dentro del colectivo su comportamiento y sus respuestas serán perfectamente racionales, aunque la decisión del grupo sea absolutamente irracional. La avaricia del grupo llevará a la generación de burbujas y el temor a cracks.

Por ejemplo, a las 12:57 del 21 de enero el Mercado Español de Futuros vivió un minuto de locura pues el IBEX 35 pasó de los 12.800 a los 11.325 puntos con sólo 38 contratos a la venta. Una caída que no se había visto ni con el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York. Claramente, las órdenes de venta habían arrasado el mercado y se vendía a la desesperada.

El negocio bursátil se basa en dos principios muy sencillos: comprar barato y vender caro, o vender caro y comprar barato. Sin embargo, hay un contrincante que está esperando un error mínimo del inversor para condenarlo al fracaso, y ese rival es él mismo. Como cita el trader Ignacio Sebastián de Erice en su libro “La bolsa y la vidael verdadero enemigo “eres tú mismo y cómo vas a reaccionar frente a las pérdidas y las ganancias”. Según Sebastián de Erice la negociación en el mercado supone una lucha o juego psicológico con uno mismo, que consiste en encontrar el equilibrio entre “el miedo a perder y la avaricia de querer seguir ganando”. Una idea a la que también se apunta Martin Weber, de la Universidad de Mannhein, quien señala que a los inversores les cuesta mucho reconocer que se han equivocado y no venden acciones en las que acumulan pérdidas por mera cabezonería. Es decir, su planteamiento inicial era ir a corto plazo, pero en cuanto se entra en números rojos el accionista cambia de parecer y se convierte en inversor a largo plazo.

El campo de las finanzas del comportamiento ha deparado también algunos descubrimientos cuanto menos divertidos. Por ejemplo, los profesores Alex Edmans, de Wharton School, Diego García, de Kenan-Flager Business School, Ǿyvind Norli, de Norwegian School of Management, estudian las reacciones del mercado a súbitos cambios en el humor de los inversores. Para ello analizaron los resultados en torneos internacionales de fútbol utilizando una muestra de 39 países. Sus conclusiones, publicadas en agosto de 2007 en The Journal of Finance, fueron que las derrotas en los partidos de fútbol, y consecuentemente las eliminaciones en competiciones internacionales, tienen un efecto significativamente negativo en el mercado bursátil nacional. De hecho, según sus cálculos una derrota del equipo nacional de fútbol hace que el índice bursátil nacional caiga unos 38 puntos básicos de media. No así las victorias.

Para terminar, apuntar lo que dice el periodista norteamericano Jason Zweig, “por favor, en cuestiones de sexo y de dinero, ponga en marcha su cerebro”. En su libro “Su dinero y su cerebro” Zweig explica que la inversión es un campo de trabajo en el que mucha gente lista termina por sentirse idiota. Pero, por favor, no se sientan tontos.

El legendario inversor André Kostolany, quién falleció en 1999 en Paris a los 93 años y se enriqueció operando en el mercado alemán, sostenía que sólo un 10% de la reacción de la bolsa se basa en datos. El resto es psicología. Su consejo más repetido era: «Compre títulos, acciones de empresas, tómese unas pastillas para dormir durante 20 ó 30 años y cuando uno despierte, voilà!, será millonario». Así de sencillo y así de difícil.
  1. #3
    Anonimo
    01/06/08 02:05

    Perdón, veo que los hiperenlaces no son acogidos en los comentarios como yo esperaba, además el hiperenlace al interview (en inglés) es el siguiente:

    http://www.dfaus.com/library/reprints/interview_fama_tanous/

    Saludos
    Valentin

  2. #2
    Anonimo
    31/05/08 18:04

    Sobre la Hipótesis eficiente de mercado
    No pretendo valorar ni debatir la “Hipótesis Eficiente de Mercado”, sino tan solo exponer una Anotación que me parece importante:
    Estaríamos cometiendo un tremendo error si creyésemos que la hipótesis eficiente de mercado implica un comportamiento racional de los inversores.
    La hipótesis eficiente de mercado permite la sobrerreacción e infrarreaación a las noticias, siempre que las reacciones de los inversores sean lo suficientemente aleatorias que no permita (o sea posible) obtener un beneficio que supere al del mercado.
    Igualmente, las burbujas y los Crash son compatibles con la hipótesis eficiente de mercado siempre que esta conducta no sea predecible.
    Aprovecho la ocasión para ofreceros este enlace:
    http://es.wikipedia.org/wiki/Hip%C3%B3tesis_de_eficiencia_de_los_mercados
    que es un interview (que forma parte de mi hemeroteca) realizado en Febrero de 1997 por Peter Tanous a Eugene Fama muy bien llevado por Peter, respondiendo Fama a preguntas muy interesantes.

    Hace años que no he vuelto a leer las obras de Kostolany, pero creo recordar que decía:
    «Compre BUENOS títulos, .... ».
    Y matizo lo de “buenos”, porque entiendo que para los inversores no solo es importante, sino seguramente relevante.

    Un saludo, gracias por compartir con nosotros tus conocimientos y experiencias y bienvenido a Rankia.

    Valentin

  3. #1
    Anonimo
    30/05/08 03:20

    Enhorabuena por el artículo. Sencillamente muy bueno y muy trabajado
    De verdad, enhorabuena!

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