Los chinos ya comen chuletón

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China e India y la demanda de alimentos

Es cierto, la renta per capita en China ha subido y la nueva clase media que emerge quiere comer como en Occidente. Pero, no sólo China empieza a cambiar sus hábitos alimenticios, India sigue el mismo camino. No es la primera vez que sucede que cuando un país aumenta su riqueza sus ciudadanos cambian su dieta. Por ejemplo, en España se desprecian las sobras de pollo como cuellos, patas y alas, ricas en proteínas y consumidas con fruición por nuestros abuelos, mientras que actualmente hay una elevada demanda sobre la pechuga, un producto típicamente consumido por sociedades preocupadas por no atiborrarse de grasas que pueden producir infartos. Además, la fruta ha perdido el primer puesto como postre en nuestras mesas frente a la oferta de derivados lácteos como yogures, natillas, etc... El problema es que cuando España se incorporó a un tipo de consumo “occidental” tan sólo sentó a la mesa a algo menos de 40 millones de nuevos comensales. China e India aportarán el 40% de la población mundial.

Ahora piensen en el sueño de Wen Jiabao, el primer ministro chino de “dar de beber medio litro de leche diario a todos los chinos, especialmente a los niños” y empezarán a comprender cómo la suma de millones de gestos individuales ha cambiado el mercado lácteo mundial. Según la FAO, la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas, China consumía 9,5 litros de leche por persona y año en 1997, mientras que en 2006 el consumo ya había subido hasta los 32 litros. En cifras, China se bebe ya el 30% de la leche producida en el mundo y recibe importaciones principalmente de Europa, donde curiosamente las cuotas de producción estaban limitadas por Bruselas hasta 2015, aunque en marzo de este año se ha adoptado un cupo adicional del 2% para la campaña 2008 - 09 . Así, los productores de leche europeos que habían tenido que vivir en un mercado de enorme oferta y precios históricamente bajos donde las grandes superficies imponían su ley, asisten por fin al encarecimiento de sus productos.

La demanda de alimentos y los biocombustibles

El incremento del consumo de proteínas por parte de China e India, algo menor en su caso debido a su mayor cultura vegetariana, y a la mayor demanda de leche en China conduce a un “efecto domino” sobre toda la cadena alimentaria y sobre el precio de los cereales. En primer lugar, para satisfacer la demanda la cabaña bovina se expande, pues de momento no hay sustitutos de las vacas para fabricar leche. En segundo lugar, esos nuevos animales han de alimentarse. Si tomamos el caso español y lo extrapolamos a otros mercados comprenderemos el impacto que las nuevas cabezas de ganado tienen en las cosechas mundiales de cereales. Según los datos del Ministerio de Agricultura español una vaca puede producir unos 5.100 litros de leche al año, 7.000 litros si es de la variedad frisona, para lo que ha de zamparse 24,5 kilos de maíz, remolacha, alfalfa y otros piensos. Las de carne tan sólo 9 kilos de paja y piensos. De hecho, para obtener un kilo de entrecot se necesita ese mismo ratio, 9 kilos de piensos. Mientras, para obtener un kilo de carne de pollo se precisan sólo 3 kilos de piensos.

Esta super demanda de cereales ha coincidido en el preciso momento en el que el primer mundo ha apostado por los cereales para producir biocombustibles y liberarse de su dependencia energética del crudo. Curiosamente, la imagen de los productores y promotores de biocombustibles ha sufrido un deterioro acelerado en este 2008. De ser los salvadores del medio ambiente y una alternativa energética real, prácticamente han pasado a ser considerados unos criminales contra la humanidad por dedicar los alimentos de primera necesidad a sus procesos industriales. En esta línea, el relator especial de la ONU, Jean Ziegler, declaró el 28 de abril de este año que la producción de biofueles era “un crimen contra la humanidad”. Sin embargo, los productores de bicoarburantes se defienden. Javier Salgado Leira, presidente de Abengoa Energía, explica que “somos víctimas de un ataque formidable alentado por intereses vinculados al crudo y a la alimentación”. En su opinión, el incremento de la demanda de bioetanol tiene un impacto muy limitado en la escalada de precios, “entre un 5 y un 10% según la FAO”.

Consecuencias del aumento de la demanda de alimentos

Por unas causas o por otras el precio de los alimentos básicos sube. Según la FAO en el último año el precio del trigo se ha encarecido un 130%, el del arroz un 74%, la soja un 87% y el maíz un 53%. Esta escalada ha provocado revueltas en Haití, donde el primer ministro dimitió, y en Camerún, donde hubo 24 muertos. Además, en Filipinas se promulgó una ley que castigaba con la cadena perpetua a aquellos que acapararán arroz. Esta última puede parecer una medida exagerada, pero no lo es. Josette Sheridan, directora del programa de alimentos de la ONU explica que “la subida del precio de los alimentos para la clase media supone renunciar al seguro médico. Para aquellos que viven con dos dólares por día significa dejar de comer carne y sacar a los niños de la escuela. Para los que viven con un dólar al día, significa renunciar a la carne y las verduras y comer sólo cereales. Y para los que sólo tienen 50 céntavos por días, es un total desastre”. Si unen estos datos a la idea de que 1.000 millones de personas en el mundo viven con un dólar al día y 1.500 millones viven con una renta diaria de entre 1 y 2 dólares entenderán al drama que nos enfrentamos. Además, anoten otro punto. El hambre ataca en el corto plazo, pero viene siempre con una prima hermana que golpea en el largo plazo: la malnutrición.

Ante este escenario la ONU anunció el 29 de abril la creación de un grupo especial para atajar la crisis. También, su secretario, Ban Ki-moon, lanzó un llamamiento urgente a la comunidad internacional para obtener 2.500 millones de dólares para frenar lo que definió como “un desafío sin precedentes”, pues hay que entender que los alimentos son caros y van a seguir siéndolo. De hecho, la crisis tiene similitudes con la del crudo en los años 70. Hasta esa década el petróleo era una mercadería abundante con un precio bajo. No obstante, el embargo de crudo que practicaron los países árabes para castigar a Occidente por su apoyo a Israel en la guerra del Yom Kipur llevó el precio del crudo a una espiral inflacionista y erradicó el calificativo “barato” del sustantivo “petróleo”.

Ciertamente, el corto plazo es dramático, pero, en el largo plazo, y si la crisis se gestiona bien desde los organismos internacionales, se abre una oportunidad única de salir de la penuria para 450 millones de pequeños agricultores que viven en el tercer mundo. Los altos precios de sus productos podrían reducir su pobreza y ayudarles a afrontar los problemas que les acucian. En primer lugar, precisan tecnología para incrementar su tecnificación en irrigación, labranza y mejora de semillas. En segundo lugar, se necesita una concentración parcelaria para favorecer la mecanización. Según The Economist, en China y Bangladesh la media de la explotación agraria es de 0,5 hectáreas, mientras que en Etiopía y en Malawi es de 0,8 hectáreas. También, se ha de ser consciente que la subida del precio del petróleo ahoga a los pequeños agricultores y merma su productividad, pues los fertilizantes y el diesel para sus tractores se encarecen. De hecho, los camellos utilizados para tareas agrícolas en el Oeste de la India han multiplicado por 5 su precio ya valen unos 600 euros.

Pero, se puede y se debe de ser positivo. Si los productos agrícolas eran baratos, los incentivos para investigar eran bajos. Si los alimentos son caros, los incentivos para investigar y desarrollar nuevos métodos y nuevas semillas se multiplican. El caso del petróleo también nos enseña algo aquí. Si en los 90 extraer un petróleo a 25$ por debajo de una columna de agua de 500 metros en el mar era una quimera, hoy en día extraer un petróleo a 125$ por debajo de una columna de 2 kilómetros ya es técnicamente posible, pues la rentabilidad agudiza el ingenio. Lo mismo puede suceder en la agricultura.

Norman Borlaug: Siempre hay un camino

Norman BorlaugPara concluir, una pequeña historia. A principios de los años 50 el profesor norteamericano Norman Borlaug trabajaba como investigador agrícola en México con el objetivo de mejorar el rendimiento de las variedades locales del trigo, un alimento básico. Borlaug buscaba incrementar el rendimiento de las plantas y se dio cuenta que si incrementaba los fertilizantes las plantas crecían vigorosamente, pero se doblaban por el excesivo peso. Por ello, cruzó variedades mexicanas con especies enanas japonesas. Así obtuvo una planta que permitía el desarrollo de tallos más cortos y fuertes, con lo que concentraba toda su energía en la producción y el llenado de sus granos. De este modo nació una variedad superproductiva conocida como ”trigo enano”, que fue adoptada en México y en muchas otras partes del mundo, especialmente en India y Pakistán. Al descubrimiento se le atribuye la salvación de millones de personas de una muerte cierta por hambrunas. Por estos méritos Borlaug recibió el premio nobel de la paz en 1970. Así pues seamos positivos. Pensemos de verdad en solucionar los problemas del mundo. Si hay voluntad, siempre hay un camino.
  1. #2
    27/06/08 15:40

    Creo que la subida tiene un fuerte componente especulativo, al igual que en el crudo. Los grandes fondos de inversión han cambiado su enfoque y consideran las materias primas como activos de inversión. De hecho, la posición abaierta se ha disparado en los mercados de derivados, al igual que la parte del mercado manejada por los "non commercial" (agentes que no tienen una posición en el mercado físico) frente a los "commercial" (los operadores que sí tienen una posición en el físico.

    Saludos cordiales.

  2. #1
    26/06/08 15:04

    Muy interesante... crees que todavia la agricultura y las materias primas tienen mucho recorrido al alza? O la subida no es 100% por fundamentales y tiene gran componente especulativo?

    Un saludo,

    Dani

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