La austeridad os hará dignos de Alemania. Si vivís para contarlo

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¿Cómo consiguió Alemania imponer su visión?

A principios de 2009 el G20 optó por programas de estímulo de corte Keynesiano para salir de la recesión que llegaba. Tan sólo 18 meses después, la ortodoxia alemana se imponía, volvía la austeridad fiscal y el renacido Keynesianismo desaparecía. ¿Cómo consiguió Alemania imponer su visión? Esta es la historia de ese giro.

Antes del estallido de la crisis financiera, el aparente consenso entre economistas académicos era anti keynesiano, tal y como afirman Farrell y Quiggin. Sin embargo, dentro de la academia había profesionales “infiltrados” en puestos de prestigio que todavía apostaban por estas soluciones. Por ello, cuando a principios de 2008 la crisis emergió, el supuesto consenso se resquebrajó.

 

Strauss-Kahn

Concretamente, la primera bandera Keynesiana la izó el 27 de enero de 2008 Dominique Strauss-Kahn, Director del FMI, quien declaró en Davos que con una política monetaria no se superaría la crisis que se avecinaba. Por ello, declaró que “una nueva política fiscal es hoy probablemente el método preciso para responder a la crisis”. Larry Summer, antiguo Secretario del Tesoro, detectó el movimiento y sorprendido declaró que “Ésta es la primera vez en 25 años que el Director del FMI ha recomendado un incremento en los déficits fiscales”. Este discurso de Strauss-Khan no era de extrañar, ya que el economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, era un keynesiano pragmático.

A partir de aquí el debate se intensificó. Así, en el otoño de 2008 economistas importantes como Paul Krugman y Barry Eichengreen abogaban en los medios de comunicación por una agresiva y coordinada política fiscal, unos planteamientos que comenzaban a ganar tracción en el mundo académico y que se filtraban a los “policy makers”. De hecho, el 15 de noviembre de 2008 Dominique Strauss Kahn propuso un programa de estímulo fiscal global al G-20, sugiriendo que un estímulo del 2% del PIB mundial era necesario para mantener el crecimiento.

Por supuesto, este retorno keynesiano tuvo su réplica. Así, Barro y Redlick defendieron los argumentos habituales basados en que las políticas de estímulo no sirven si los individuos racionales anticipan el futuro, con lo que se elimina el “efecto multiplicador” del gasto. Incluso, otros anti keynesianos como Eugene Fama y John H. Cochrane continuaron en esta senda. No obstante, esta réplica llegaba tarde, ya que se dio principalmente en el segundo semestre de 2009, cuando las naciones del G20 ya habían adoptado la vuelta al gasto público. También, se registró alguna sonora deserción de las filas “anti-Keynesianas”, como Martin Feldinstein, quien a finales de 2008 apoyó el gasto público como vía para la recuperación económica en un trabajo muy comentado.

Esta nueva perspectiva tuvo su efecto sobre el Banco Central Europeo. Según  Farrell y Quiggin, los funcionarios del BCE no estaban convencidos de las bondades de la vía Keynesiana, pero se abstuvieron de expresar sus dudas en público y de oponerse al consenso (o marco institucional) que estaba emergiendo. Igualmente, consideran que gracias a que economistas prominentes cambiaron su posición y el consenso (el marco institucional) se fue consolidando, los políticos comenzaron a visualizar la crisis como una crisis de demanda. Por ejemplo, en noviembre de 2008 el Reino Unido anunció un paquete de estímulos por un montante de 20.000 millones de libras esterlinas, justificando esta intervención con argumentos Keynesianos.

En el caso norteamericano cabe recordar que la elección fue ganada por Obama en noviembre de 2008, pero hasta el 21 de enero de 2009 no juró su cargo. Pese a ello, la nueva administración Obama estaba convencida desde el principio de la necesidad de aplicar un programa de estímulos, por lo que la única discusión era la de saber cuan grande iba a ser ese esquema.

Pese a que la ola pro-Keynesiana seguía creciendo había un grupo que se mantenía escéptico sobre esta vía, concretamente los “policy makers” alemanes. Además, independientemente de su color político, pues había coincidencia entre los conservadores de la CDU y los socialistas demócratas de la SPD. De este modo, cuando la crisis financiera llegó en 2008 el consenso en Alemania entre académicos y políticos era el de oposición a una política fiscal activa. Una posición reforzada por la situación económica alemana, que no parecía muy afectada, ya que se sostenía por las importaciones de países emergentes. Así, los alemanes entendían que la crisis era un elemento externo a ellos, causada por países con una legislación laxa, como la estadounidense, por lo que merecían sentir las consecuencias de lo que habían creado. No obstante, los apremios sobre Alemania para que apoyara medidas de estímulo en 2008 fueron creciendo y a final de año la Comisión Europea solicitó a Alemania que se comprometiera a gastar el 1% del PIB.

La posición política alemana era de fuerte oposición a estas iniciativas, tal y como expone Newman 2010. Incluso, en la reunión de Niza de Septiembre de 2008 de los ministros de finanzas de la UE, Peer Steinbrück, el representante alemán dejó clara la posición teutona “Pienso que no hay necesidad de un paquete de estímulos europeo. Cada país es responsable de sí mismo”. A lo que añadió, “no tiene sentido quemar dinero”. Finalmente, la presión internacional dio fruto y la diplomacia alemana apoyó la propuesta de la Comisión. Mientras, en Alemania la perspectiva de los economistas estaba cambiando muy rápidamente. Según Farrell y Quiggin en la política alemana, los economistas tienen un papel inusualmente prominente e independiente, especialmente a través del “Consejo de Economistas Expertos”, el Sachsverständigenrat, formado en 1963 para que los economistas más importantes del país pudieran proveer a los políticos de consejo económico. Este grupo no pertenece formalmente al Gobierno, no está relacionado con ningún partido político y disfruta de completa independencia. Está compuesto por 5 economistas de reconocido prestigio nombrados para un mandato de 5 años. En línea con sus atribuciones el Consejo recoge datos, a través de un staff técnico, y publica anualmente, a mitad de noviembre, un informe sobre la situación económica y los problemas más acuciantes del país.

Desde principios de los 70 el Consejo ha sido abiertamente anti-Keyenesiano y al principio de la crisis se mostró partidario de mantener la disciplina fiscal. Sin embargo, tras vehementes discusiones en 2008 el propio consejo publicó una declaración en la que justificaba la necesidad de un mayor programa de estímulo, lo que significó un muy importante giro.

Por supuesto, esta nueva postura  motivó las criticas entre economistas y políticos. El economista alemán Homburg se preguntó “¿cómo pueden tantos economistas cambiar diametralmente de posición? ¿se han vuelto todos locos?”. También, el líder parlamentario del SPD condenó al Consejo de Expertos Económicos y los definió como “incompetentes” y productores de “aire caliente”, al mismo tiempo que propuso la abolición del consejo.

Angela Merkel¿Cómo respondió Ángela Merkel a este cambio?

Con un revelador discurso. El que pronunció en diciembre de 2008 en la convención de su partido, la CDU. En él opuso al nuevo consenso de la academia germana un elemento que, en su opinión, no puede fallar: el buen juicio de una ama de casa alemana. Merkel argumentó que si se le pregunta a una ama de casa de Stuttgart por qué la crisis había explotado “Ella nos proveerá con una corta, simple y enteramente correcta pieza de sabiduría vital: que no podemos vivir por encima de nuestros medios”.  Merkel se preguntó cómo responder a la crisis y dijo “Deberíamos poner menos fe en esos auto-proclamados expertos y, en su lugar, seguir un principio: el principio del sentido común”. Un “principio” que dejaba fuera el estímulo fiscal en el corto plazo. 

 

Sin embargo, el consenso internacional se estaba fraguando y Alemania no quería quedar excluida. Por ello, Merkel moderó su posición y aceptó que tenía una “responsabilidad” por lo que en la cumbre europea de enero de 2009 apoyó el acuerdo sobre un programa de estímulo de 200.000 millones de euros. Además, a finales de enero Alemania anunció un segundo plan de estímulo de 50.000 millones de euros. Para financiarlo, el gobierno alemán anunció en marzo una colocación de deuda no vista desde la Segunda Guerra Mundial: 346.000 millones de euros.

Este rebrote keynesiano vivió entonces sus mejores meses. Pero, a mitad de 2010, economistas Keynesianos como Brad DeLong lamentaban que la guerra por los estímulos se hubiera perdido y que la idea de la austeridad fiscal  volviera. Se había parado el impacto de la crisis y la economía estadounidense estaba fuera del peligro de una nueva Gran Recesión, aunque, la tasa de desempleo no cedía. Por ello, la percepción que emergía era que los estímulos fiscales no estaban llevando a la economía a la senda de la recuperación, sino al estancamiento. En palabras de DeLong, “hay una gran diferencia entre decir que la economía está consiguiendo mejorar" y que la economía "ya no está empeorando rápidamente". Conjuntamente, la crisis financiera comenzada en los EEUU había mutado en Europa en una crisis de deuda soberana, lo que modificó definitivamente el enfoque. La falta de solvencia de Grecia había sido el detonante, pero a su caso se sumaron los rescates de Irlanda y Portugal.

Por ello, en el ambiente académico el consenso pro-keynesiano empezó a agrietarse. Alberto Alesina, un profesor italiano que trabaja en la Universidad de Harvard, argumentó con fuerza a finales de 2009 que se debía de terminar con el estímulo fiscal y sugirió una inmediata reducción de estos programas. Su conclusión era que la historia mostraba que la reducción fiscal podía mejorar las perspectivas de crecimiento de un país al mejorar la confianza de los inversores. El debate siguió abriéndose pues economistas con tendencias más progresistas como Jeffrey Sachs y figuras respetadas como Kenneth Rogoff comenzaron a hacer un llamamiento a la reducción de los programas de estímulo.

En ese escenario irrumpió el BCE que, de acuerdo con Farrell y Quiggin, optó por advertir de que se debían de reducir los programas de estímulo fiscal en la UE y que los países miembro debían de volver a los patrones “normales” de gasto, así como a los requerimientos del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, lo que le sirvió para reforzar su autoridad. De ahí a que los funcionarios de la Comisión Europea declararan su amor a la rectitud fiscal de los estados miembro sólo quedaba un paso. Una posición que le daba una considerable tranquilidad a Alemania. De hecho, el propio Jean Claude Trichet, Presidente del Banco Central Europeo, publicó una columna en el Financial Times en la que se quejaba de lo desafortunado que era el sobre-simplificado mensaje que se daba a todas las economías industriales bajo el lema de “estimular, activar, gastar”. Trichet especificaba aún más sus ideas al afirmar “Hay muy pocas dudas de que la necesidad de aplicar una estrategia de consolidación fiscal es válida ahora para todos los países”.

De hecho, dentro de este marco de pensamiento, los problemas de Grecia eran el perfecto ejemplo de los riesgos de una política fiscal derrochadora. Así, los argumentos germanos se veían reforzados con el argumento de que los mercados castigarían brutalmente a aquellos países que no optaran por la austeridad fiscal. Era una idea potente, la de que los mercados “quieren austeridad fiscal” y fue bien aprovechada por el nuevo Gobierno Conservador/Liberal británico para introducir una fuerte batería de recortes en el gasto estatal, aunque aparentemente Gran Bretaña no tenía problemas para conseguir financiarse exteriormente.

Finalmente, la consagración de este nuevo enfoque se produjo nuevamente en la cumbre del G20  de Junio de 2010. Pese a que los EEUU querían persistir en su política de gasto hasta que el mundo mostrara claras señales de recuperación, la posición germana, derrotada en enero de 2009, se impuso ahora. En el comunicado final de la cumbre se decía “Los países con serios desafíos fiscales necesitan acelerar el ritmo de consolidación… Damos la bienvenida a los recientes anuncios de algunos países de reducir sus déficits en 2010 y fortalecer sus marcos fiscales” 

Desde aquel verano la situación económica en los países periféricos de Europa se ha ido deteriorando. Los gobiernos en Grecia, Italia, Portugal, España e Irlanda cambiaron de presidentes y de ministros, los cuales optaron por la austeridad y los recortes, sin éxito aparente, pues las economías no crecen. Incluyendo la del Reino Unido, que en abril de 2012 anunció formalmente su entrada en la Recesión. Por ello, en abril de 2012 economistas como Krugman señalaron que “El cuento de Hadas ha muerto”. Es decir, el planteamiento que defendía que si una economía en recesión hacía el esfuerzo de ser austera y ajustaba sus presupuestos conseguiría con ello ganar la confianza de los inversores y de los ciudadanos, tras lo cual se retornaría al crecimiento, había fracasado. En palabras del autor, los ajustes sólo habían traído más recesión y mayor desempleo. Como decía Krugman, “el hada de la confianza no había sido vista en ninguna parte”. Ni en el Reino Unido, donde el giro a la austeridad de 2010 se recibió con gritos de “hosanna” a ambos lados del Atlántico.

Por ello, la victoria del candidato socialista Holande en Francia en mayo de 2012, con un programa que aboga abiertamente por la recuperación de políticas europeas de crecimiento, antes que por la austeridad puede significar un nuevo cambio en el marco político institucional. Es decir, una vuelta al abandonado Keynes ¿Hasta cuando? El escenario económico lo dirá.

Felipe Sánchez Coll 
Economista


 
  1. #5
    17/05/12 19:42

    Si le preguntan al ama de casa lo de la austeridad, gobernará el país como si fuera una casa. Es como pilotear un avión pensando que es un automóvil, si se te acaba el combustible no te quedarás quieto en el aire... para el ama de casa no será problema el combustible, porque así te bajas del avión.

    ¿Por qué el gobierno no funciona como si fuese una familia o una empresa?
    https://www.rankia.com/blog/comstar/1237321-por-que-gobierno-no-funciona-como-si-fuese-familia-empresa

  2. #4
    17/05/12 16:32

    Una reflexión... ¿cual sería la Prima de Riesgo de un país con superavit (aunque fuese pequeño), es decir, que NO necesita pedir más dinero, y por lo tanto puede no intentar colocar deuda si los precios de mercado no le convencen?

    ... sería nula, seguramente se convertiría en el nuevo país de referencia respecto al cual medir la prima de riesgo, pues ese comportamiento no es muy habitual entre los despilfarradores gobernantes.

  3. #3
    17/05/12 16:13

    ¿Austeridad?
    ¿donde?

    Austeridad sería, no ya gastar MENOS de lo que se INGRESA, cosa que aún no ha conseguido ninguno de los PIIGS, sino GASTAR MUCHO MENOS de lo que se ingresa.

    Austero es ganar X y gastarse X/2 o X/3. ESO es AUSTERIDAD

    Lo que hemos vivido hasta ahora no es Austeridad, sino EXCUSAS de los políticos que han visto como el sector privado ha sido austero hasta el extremo (pues no le ha quedado otra), pero ahora que les toca a ellos son incapaces de acabar con el déficit y parte de su "ahorro" consiste en esquilmarnos aún más y poner en riesgo el ya lento pago de la gran deuda privada con tal de no hacer ellos los deberes que les toca hacer.

  4. #2
    17/05/12 06:56

    Dominique Strauss-Kahn no era un keynesiano, era un banquero que quería prestar dinero, para endeudar países y luego imponerles condiciones. Keynesianismo no es despilfarrar el dinero, es usarlo para crear más consumidores, convertir un pobre en un cliente. Los detalles del planteamiento se muestran en este post:

    Capitalismo y socialismo, ¿son lo mismo?
    https://www.rankia.com/blog/comstar/1256517-capitalismo-socialismo-son-mismo

  5. #1
    17/05/12 00:53

    A pesar de los multiples recortes de gasto público que han realizado durante los ultimos años los gobiernos de Grecia, Portugal, España e Italia, estos continuan teniendo fuertes y continuados déficits públicos. Si esto no es aplicar politicas keynesianas, que venga Dios y lo vea.

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