La semana pasada comenzó en EEUU, en la Corte de Florida, el juicio contra Raoul  Weil, el director ejecutivo de la división de wealth management del banco suizo UBS, por el asunto de la revelación de secreto bancario por el que el propio banco asentó cargos negociando acuerdo de no persecución (non prosecution agreement) por importe de 780 MM dólares de multa en 2009 y hubo de revelar datos de 250 cuentas e información sobre más de 4000 clientes de la entidad.

El asunto no tendría mayor trascendencia si no fuera porque se trata del primer banquero privado suizo que se enfrenta al Department of Justice (DoJ) estadounidense, defendiéndose de los cargos por evasión fiscal y ocultación fraudulenta de datos al IRS (Internal Revenue Service, la Hacienda norteamericana).

Su abogado, Aaron Marcu de Freshfields Bruckhaus, decía en enero que estaban deseando presentar el caso en el tribunal, y que confiaba en que su cliente resultase absuelto.

El interés del procedimiento se centra por tanto, en ver cómo se defenderá el banquero contra los cargos que se le presentan. Aunque fuentes oficiales afirman que el acuerdo podría llevarse a cabo incluso momentos antes de la celebración del juicio, cosa que no se descarta, lo cierto es que los corrillos financieros globales ya están especulando con el resultado del pleito, y sobre la línea de defensa que seguirá ante el tribunal que le juzgue.

Sin embargo, el abogado de Birkenfeld (el whistleblower de UBS que reveló el fraude fiscal a las autoridades de EEUU en 2007), Stephen Kohn, quien encabeza también la división de Washington del National Whistleblowers Center; insinúa que Weil puede estar cocinando lo que ellos llaman “sweetheart deal”, que se traduciría aquí por ganga; un acuerdo tan beneficioso que no se puede rechazar. Este tipo de acuerdo libraría a Weil del proceso y mantendría selladas multitud de cuentas aun por revelar, y la responsabilidad de más banqueros.

Por otro lado, como refiere Kohn, Weil sabe “dónde están los esqueletos”; tiene información privilegiada que podría poner en problemas a autoridades y oficiales en EEUU; problemas relacionados con indulgencias en el control fiscal.

Desde Suiza se pone de manifiesto el carácter de héroe que envuelve al imputado desde que se ha hecho público que pretende defenderse de los cargos que se le imputan, por los que fue detenido en Italia, en una equivocación que cometió al salir de Suiza, país con el que no hay extradición acordada con EEUU.

Son varias las posibilidades de defensa que se le ofrecen. La primera que se baraja es la de echar las culpas para arriba; decir que no sabía lo que se cocía en otras partes del banco; dado que no era el director ejecutivo de la compañía, tan solo de la división de wealth management, la idea de la defensa se basaría en elevar el dominio del hecho penal a instancias superiores con capacidad decisoria ulterior a la de su cargo por aquel entonces. Esto dependerá mucho del organigrama interno del banco, de la definición concreta de cada puesto de trabajo y responsabilidades, y de la credulidad de quienes le juzguen haciendo pasar por falto de competencias en la planificación de estrategias de optimización fiscal de patrimonios y carteras encomendadas por el banco para su gestión y custodia. Pero parece que esta coartada se le pone difícil por cuanto Levy, el fiscal al cargo, anunciaba hoy mismo y así lo publicaba Forbes, que Martin Liechti, director de cross-border banking en UBS, será el principal testigo de cargo contra Weil.

Otra posibilidad que se le abre es la de negar la mayor, y declararse inocente por los cargos que se le imputan defendiéndose de los mismos agarrándose a la falta de prueba de la defraudación fiscal, más allá de la obligación de declarar cuentas en extranjero impuesta por FATCA, y de ello no se puede concluir que ayudase a evadir, pues desconocía la intención de los clientes presuntos evasores. Pero esto no hay quien se lo crea.

Y la última vía de escape que podría usar es la de enfrentarse con todas las de la ley a los cargos por secreto bancario, alegando la inexistencia de dicho delito en Suiza, la extralimitación territorial de las leyes fiscales norteamericanas que se le aplican (como FATCA y FBAR, sin precedentes en el sistema legal supranacional), para concluir con la confrontación de bienes jurídicos protegidos entre el deber de contribuir a la Hacienda EEU; y el secreto bancario y empresarial como fundamento último de la confianza entre inversor y gestor de carteras, que tiene deberes fiduciarios para con aquél; los cuales se ponen en la picota en virtud de un supuesto deber de contribuir ante el fisco norteamericano. Pero para esto hay que ser muy valiente.

Un área propicia para la defensa puede ser los llamados Qualified intermediary QI agreements, que por aquél entonces, en 2001, pactaron el IRS y UBS por el que, en respeto al secreto bancario suizo, se revelaría información del tenedor bajo su consentimiento. Si no se daba este consentimiento, el banco debía, y así se supone que lo hizo, retener anónimamente (y aquí está el juego de la defensa) el 30% de todo beneficio o rendimiento de dichas cuentas.

La defensa hasta ahora ha tirado por la tangente diciendo que él no sabía nada, que era cosa de subordinados. El gobierno americano sabe que detrás de este buen hombre se esconden nombres de fortunas tan importantes que resonarían con toda su fuerza en los EEUU de hacerse públicos.

De momento el asunto ya ha dejado sus primeras perlas en forma de mórbidas declaraciones; los testigos se suceden contando los trapos sucios del negocio, como por ejemplo, dicen que los clientes “suizos” contaban con privilegios como no ser llamados ni enviados los datos bancarios, se cuenta que los banqueros visitaban a clientes en EEUU con visados de turista y tarjetas de crédito sin logo.

No se sabe qué ocurrirá, si al final claudicará y firmará acuerdo admitiendo cargos, o si se decidirá a defenderse y cuál medio elegirá en tal caso. Lo cierto hasta el momento es que se ha convertido en el paladín de la defensa de la banca privada suiza, quien ya le aclama como vencedor de una lucha encarnizada que viene librándose desde hace años por el control de los centros financieros off-shore y del negocio fiduciario internacional.

Seguiremos de cerca este interesante proceso.

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