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Blog Análisis de mercados y productos financieros
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Estrategias de inversión y tecnología para la resiliencia climática

Tras los grandes incendios forestales sufridos este verano no solo en España, sino en otros países de Europa del sur como Francia, Portugal o incluso Grecia, nuevamente se nos viene a la mente la idea de un calentamiento global con veranos cada vez más calurosos, que generan un entorno propicio para propagar esas llamas que se mostraban desafiantes ante las descargas masivas de agua de los equipos de extinción. 

Y no podemos olvidar que la primera gran ola de calor irrumpió a partir del 18 de junio, una fecha extraordinariamente temprana para episodios de tal magnitud, debido a una gran masa de aire cálido estacionaria que dejó anomalías térmicas de hasta +7 °C a +15 °C sobre la media en Europa occidental. 

Mientras tanto, en el norte se batieron récords históricos de temperaturas máximas y de noches tropicales/ecuatoriales, en regiones como el Cantábrico y el norte peninsular (como los >43 °C registrados en Cantabria, o múltiples días consecutivos por encima de los 40 °C en el aeropuerto de Bilbao). 

Bajo la superficie marina, también se registraron fenómenos de anomalías térmicas. Las aguas del Mediterráneo occidental y del Atlántico costero próximo a la Península, alcanzaron temperaturas muy superiores a los promedios climatológicos normales. Esta acumulación de energía térmica no solo altera los ecosistemas marinos, sino que alimenta la humedad nocturna, impidiendo que las zonas costeras refresquen durante la noche. 


¿Un destino olvidado por los inversores? 

 
Después del boom de la inversión sostenible de años atrás, el sector entró en una fase de mayor madurez, escrutinio regulatorio y pragmatismo. 

Esa metamorfosis experimentada por el sector de las inversiones sostenibles se debió en gran parte al endurecimiento en la aplicación del reglamento SFDR (Sustainable Finance Disclosure Regulation) en Europa. Muchos fondos de inversión que antes presumían de sostenibilidad, se tuvieron que reclasificar para evitar acusaciones de greenwashing.  

Por otro lado, durante las fases de subidas lideradas por el sector energético tradicional o la defensa, algunos fondos ASG (factores Ambientales, Sociales y de buena Gobernanza) puros se vieron penalizados al no tener esas industrias en cartera. En cambio, los fondos ASG focalizados en tecnología, eficiencia energética y transición ecológica mantienen valoraciones sólidas a medio y largo plazo. 

Por lo tanto, podríamos decir que se ha pasado de la "moralidad" a la "gestión del riesgo". Y para gestionar el riesgo, nada mejor que aplicar medidas de prevención, a fin de evitar posteriores siniestros: “Más vale prevenir, que curar”. 

En el caso de los incendios forestales que azotaron gran parte de la península, lo que recomiendan los expertos no son más medios para la extinción, sino mayores inversiones y medidas de prevención para evitar que esos incendios se produzcan o se vuelvan ingobernables. 
En este nuevo paradigma, la prevención ya no consiste únicamente en limpiar montes durante el invierno, sino en desplegar una auténtica infraestructura tecnológica y ecológica de vanguardia. Hablamos de canalizar capital hacia sensores IoT y redes de monitorización satelital para la detección temprana de focos, inteligencia artificial aplicada a la predicción del comportamiento del fuego, y la digitalización de la gestión forestal. Asimismo, abarca soluciones de eficiencia energética y gestión hídrica inteligente que optimicen el uso de recursos escasos, junto con proyectos de transición ecológica orientados a la restauración de ecosistemas y la valorización de la biomasa residual para reducir el combustible natural de los bosques.


 
Esta transformación no es una simple recomendación académica; sino que se ha convertido en la tendencia dominante que los marcos regulatorios y los ciudadanos exigirán cada vez con mayor firmeza a las administraciones públicas. Los gobiernos ya no podrán limitar su respuesta a ampliar flotas de hidroaviones cada verano, sino que se verán obligados a destinar partidas presupuestarias estructurales a la mitigación y adaptación climática. Y es precisamente en esta intersección —donde la exigencia política y la necesidad social se cruzan con la innovación tecnológica— donde surgen las oportunidades de inversión más sólidas y con mayor visibilidad a largo plazo. 

Para el inversor que busca posicionarse en este cambio de modelo, existen vehículos financieros que capturan de forma directa este flujo de capital. 


Invirtiendo en los factores ASG eficientemente 

 
Sensibilizado por los desastres naturales acontecidos a lo largo de este verano, y teniendo en cuenta la evolución hacia el nuevo enfoque en la inversión ASG, esta semana me propuse buscar un vehículo que combinara de forma pragmática la tecnología, eficiencia energética y transición ecológica, a fin de realizar una inversión en sostenibilidad de forma eficiente y rentable. 

Y si de optimizar la rentabilidad se trata, un excelente punto de partida es el Supermercado de Fondos de EBN Banco, cuya principal ventaja competitiva radica en comercializar clases limpias (las clases sin comisiones de retrocesión) de una amplia gama de fondos de internacionales. Esto permite reducir los costes totales (TER) del producto y maximizar el rendimiento neto para el inversor. 

Fue a través del buscador de fondos de inversión de EBN, donde tuve la oportunidad de dar con el Nordea 1 Global Climate and Environment Fund; un fondo que invierte en empresas que aportan soluciones a problemas medioambientales y climáticos, principalmente en tres grandes áreas: 

  • Eficiencia de recursos 
  • Protección medioambiental 
  • Energías renovables

Además, invierte globalmente y al menos el 75% del patrimonio está en renta variable. 

Este fondo cuya fecha de lanzamiento fue el 13 de marzo de 2008, impulsa la transición hacia una economía verde invirtiendo en empresas cotizadas, que ofrecen soluciones significativas para afrontar retos climáticos y medioambientales urgentes. El fondo se compromete a invertir en todo momento, al menos el 85% en inversiones sostenibles. A su vez, integra criterios ASG en el proceso de inversión, y el compromiso es clave para animar a las empresas a mejorar sus prácticas y su agenda climática de descarbonización. La exposición a empresas involucradas en actividades relacionadas con combustibles fósiles está restringida mediante la Política de Combustibles Fósiles de Nordea, alineada con el Acuerdo de París. 

En cuanto al riesgo, el fondo presenta una desviación estándar del 14,42% anual, y una beta de 1,10. Y su nivel de riesgo es un 4 en la escala del 1 al 7, donde 7 es el mayor nivel de riesgo.


 
El índice de referencia (benchmark) para valorar la gestión del fondo, es el MSCI World Index (Net Return); cuya evolución junto a la del fondo puedes observar en la siguiente gráfica:


 
Las rentabilidades alcanzadas por el fondo a finales de julio de 2026, puedes verlas en el siguiente cuadro:


 
Como ves, un buen vehículo de inversión para combinar rentabilidad con inversión sostenible. 

Si deseas invertir en este fondo a través del Supermercado de Fondos de Inversión de EBN Banco, los datos de identificación y sus condiciones son las que se detallo a continuación:


 
La cartera del fondo está compuesta por las siguientes principales posiciones:


 
Dicha cartera está diversificada globalmente, tal como lo refleja el mapa global de inversiones:


 
Así que ya sabes; si deseas contratar la clase más barata de este fondo, o si solo deseas ampliar información, puedes hacerlo a través del siguiente enlace: 

Además, si piensas que estás pagando de más por tus fondos, EBN ha habilitado una promoción vigente hasta el 15 de septiembre de 2026 para nuevos clientes que sean personas físicas titulares de fondos de inversión. Analizan tu cartera sin coste ni compromiso, y si hay margen de mejora vía clases limpias, te lo dicen; si no, te ofrecen una reducción personalizada en custodia. 

Por mi parte, he decidido apostar por este fondo y poner así mi granito de arena en la lucha contra el aumento de las temperaturas, o por lo menos, evitar que vuelva a ponerse de moda la canción de aquel verano de 2022, y terminar como ya lo decía su estribillo: Achicharraíto. 

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