El Foro de Davos (Foro Económico Mundial organizado anualmente en la ciudad de Davos) de este 2026 ha dado mucho de qué hablar. Desde las grandilocuencias de Donald Trump en su discurso, hasta las gafas al estilo aviador de Emmanuel Macron, el Foro probablemente ha sido el que mayor expectación ha generado desde su creación. Y no es para menos, dado que sobre la mesa había muchos temas candentes a escala internacional, que pueden marcar el destino de nuestro planeta.
Sin duda alguna, este Foro tuvo un carácter más geopolítico que económico. Es lo que pasa cuando la política se entromete en los asuntos de la economía…
De forma muy resumida se podría decir que el protagonismo absoluto lo sigue teniendo la Inteligencia Artificial (IA), aunque en esta ocasión el tono se fue rebajando con respecto a 2024-2025. Menos euforia sobre la IA, y más discusión sobre el retorno real del capital.
La IA deja de ser promesa abstracta y pasa a examen financiero real.
Por otro lado, se percibió un Davos con menos “Greenwashing” y más pragmatismo energético, al presentarse un discurso más realista sobre la transición energética. En esta ocasión se habló más abiertamente sobre:
Seguridad energética
Nuclear
Gas como energía de transición
Coste político de una transición mal gestionada
A su vez, se palpó menos fe en la globalización “automática” dado que si bien no se espera que ésta se revierta, sí se ve que se está fragmentando. Ya se habla más de regionalización, Friend shoring, o bloques económicos; lo que hace que lamentablemente una menor integración del mundo ya se esté normalizando o dando por hecha. Davos sigue siendo Davos, pero ya no suena optimista por defecto.
Fue muy comentada por los asistentes y periodistas, la percepción de un menor ambiente de “club social”, más discursos defensivos que visionarios, y una clara sensación de fin de ciclo en varias narrativas anteriores.
Una Europa sorprendentemente más segura de sí misma
A pesar de la presión ejercida por Estados Unidos dentro y fuera de Davos, Europa se mantuvo con un tono más cohesionado de lo habitual. Quizás era necesario algo de presión sobre la UE para que ésta despertase, enseñase los dientes, e intensificase su defensa del modelo europeo emitiendo claros mensajes sobre autonomía estratégica, defensa y cadenas de suministro. Como hecho destacable, se podría mencionar el anuncio por parte de Ursula von der Leyen sobre los avances muy relevantes en el acuerdo comercial UE – India; uno de los más ambiciosos hasta la fecha.
Europa no llegó a Davos para justificarse, sino para poner límites y marcar posición.
Probablemente esa determinación de los líderes europeos fue la que hizo que Donald Trump suavizara sus amenazas; hecho que se vio reflejado con una subida en las Bolsas, especialmente en el EuroStoxx50.
Más allá del Foro de Davos y la tregua arancelaria
Como ya es sabido, las decisiones que se adoptan desde la Casa Blanca son muy cambiantes, y los mercados financieros no terminan de acostumbrarse a ello. De hecho, cuando el presidente de Estados Unidos amenazó con imponer aranceles comerciales a aquellos países que enviaron tropas de reconocimiento a Groenlandia, el índice VIX de volatilidad (también conocido como el “índice del miedo”, o “índice de la codicia”) alcanzó su pico más alto en lo que va de año.
El anuncio de Donald Trump en el Foro de Davos, de que no aplicaría los temidos aranceles a los países involucrados en el envío de tropas de reconocimiento a la isla ártica, sonaron como música para los oídos de unos líderes europeos que si bien se mantienen descreídos de la continuidad de las decisiones que suele tomar inquilino de la Casa Blanca, por lo menos el anuncio les da un respiro para replantear la estrategia.
Y por lo visto, no solo los líderes europeos se mantienen descreídos del carácter definitivo de las decisiones que adopta Donald Trump, sino también los inversores, que a pesar de la tregua arancelaria por parte de EE.UU., la estrategia de “Vender América” consistente en deshacerse de todo tipo de activos estadounidenses, sigue en pie.
Invertir en una economía previsible
Dentro de la poca previsibilidad que ofrecen los mercados financieros estos últimos años, el mercado europeo se presenta mucho más previsible debido a la estabilidad política del conjunto de la UE, y con sectores económicos que aún mantienen alto potencial de crecimiento como podrían ser:
Industrial
Energético
Financiero
Consumo cíclico
Estos sectores están registrando revisiones al alza en márgenes y beneficios, sin que el mercado haya incorporado aún todo su potencial. Asimismo, sería recomendable prestar especial atención a compañías de tamaño medio e incluso pequeño, tradicionalmente infrarrepresentadas en carteras, pero que podrían beneficiarse de la reorganización de cadenas de suministro y del renovado impulso económico del continente. Estas empresas suelen mantener fundamentos sólidos, balances saneados y valoraciones razonables, lo que las convierte en candidatas idóneas para un enfoque selectivo.
El mensaje es claro: en Europa, la rentabilidad potencial se concentra en compañías infravaloradas con capacidad de crecimiento, situadas en sectores cíclicos y analizadas desde una óptica de valor real más que de narrativas globales. No basta con estar expuesto al mercado; es necesario seleccionar con precisión dónde reside hoy el verdadero atractivo.
Y para ello, nada mejor que hacerlo a través de un vehículo de inversión gestionado de forma activa, para que sean los expertos quienes realicen esa labor de búsqueda y selección de oportunidades.
Teniendo en cuenta el contexto anteriormente descrito, esta semana me he decantado por el siguiente fondo de inversión que te detallo a continuación, dado que se ajusta a la estrategia de invertir en esas compañías infravaloradas pero con capacidad de crecimiento.
NAO Renta Variable Europa FI
Este fondo de inversión de renta variable europea de capitalización flexible se constituyó en noviembre de 2018, y desde entonces invierte como mínimo el 75% de su exposición total en renta variable de emisores/mercados europeos. El resto de la exposición a renta variable se podrá invertir en emisores/mercados de otros países OCDE. Los emisores podrán ser de alta, media o baja capitalización, aplicando técnicas de análisis fundamental para encontrar compañías que se encuentren infravaloradas en el mercado. El resto de la exposición total se invertirá en renta fija pública o privada, con una duración media de entre 0 y 18 meses.
A su vez, la filosofía del fondo consiste en seguir los criterios financieros y extra-financieros de inversión socialmente responsable (ISR)- llamados criterios ASG (Ambientales, Sociales y de Gobierno corporativo)- según su mandato ASG. Y cabe aclarar que la mayoría de la cartera cumple con estos criterios.
Con una beta de 0,74 y una volatilidad del 12,99% el fondo sitúa su nivel de riesgo en un 4, dentro de la escala del 1 al 7.
El fondo presenta diferentes clases, las cuales te detallo en el siguiente cuadro:
Desde NAO ASSET MANAGEMENT, E.S.G. SGIIC, S.A., sociedad gestora del fondo, recomiendan mantener el producto en cartera un mínimo de 4 años.
El índice de referencia que utilizará el fondo para medir su desempeño es el Eurostoxx50 Net Return, aunque éste solo se usa como benchmark, dado que el fondo no replica dicho índice.
Las rentabilidades anuales alcanzadas por este vehículo de inversión durante el último lustro, son las que se exponen en la siguiente tabla:
Como puedes observar, si quitamos el 2022 que fue un mal año para los mercados financieros, las rentabilidades anuales del fondo no bajaron de los dos dígitos. Aunque cabe recordar que las rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras; por lo que siempre será recomendable consultar con tu asesor financiero de confianza antes de tomar cualquier decisión de inversión.
Y en cuanto a la cartera del fondo, ésta estará compuesta por las siguiente principales posiciones:
Pero mediante el siguiente enlace, tendrás acceso a información más detallada acerca de este fondo e incluso a su cumplimiento de los factores ASG: https://www.nao-sam.com/nao-europa-sostenible/
En un mundo donde la incertidumbre parece haberse convertido en la única constante, Europa vuelve a ofrecer algo casi exótico: previsibilidad razonable y oportunidades de negocio. Invertir con criterio, paciencia y gestión activa sigue siendo menos glamuroso que hacer predicciones grandilocuentes o lucir unas gafas Henry Jullien al estilo Macron, pero es lo que marca la diferencia cuando el mercado deja de dejarse arrastrar por el ruido y vuelve a fijarse en los resultados.