Una entrada interesante y muy clarita. Mi comentario no va a variar mucho de la línea de los que me preceden. Únicamente, intentaré aclarar por qué nuestros políticos actúan así (sin ánimo de estar en posesión de la verdad, si piensan ustedes otra cosa, muy bien pudieran estar en lo cierto y ser yo el equivocado). En efecto, ¿por qué se empeñan en recortar y recortar sin cota ni tasa a quienes menos tienen y son menos culpables de la situación actual y por el contrario protegen y financian a quienes provocaron este desafuero (sobre todo, a los bancos)? ¿Por qué se empecinan en políticas "neocon" que han demostrado su falta de idoneidad en ocasiones semejantes?
¿Tan estúpidos son nuestros políticos que siguen obstinados en repetir, uno por uno, todos los errores que condujeron a la Gran Depresión?
A mí se me ha caído la venda de los ojos hace poco tiempo. Sin cuestionar la estulticia de la clase política, difícil de exagerar, se trata de una cuestión de a quién sirven: en teoría, a los ciudadanos, en la práctica al gran capital. Ese es el núcleo del asunto, que durante la Gran Depresión, como ahora, la mayoría de la población sufrió mucho, pero las grandes fortunas se enriquecieron aún más (también como ahora, lean las últimas estadísticas). Y encima, se les sirve en bandeja su objetivo de décadas, acabar con el Estado del Bienestar.
Por eso, si nos fijamos en el origen de la crisis, Bush no tuvo empacho en negar una ayuda de 6000 millones de dólares anuales a ¡¡9 millones!! de niños pobres de su país mientras iniciaba una escalada de inyecciones de capital público a la banca (por cierto, casi a cambio de nada) que a día de hoy representa unas 200 veces esa cifra (para mantener a flote a un puñado de "banksters").
Por eso también, si centramos el foco en España, se proclama que es necesario terminar con la subvención de los 420 euros, reducir prestaciones y salarios a pensionistas y funcionarios, etc. Y ello a pesar del aval estatal concedido a la banca de 100000 millones de euros (que se escribe fácil), la supresión del impuesto de patrimonio y otras lindezas análogas.
Nuestra única esperanza de que esto no sea así, es despertar de la anestesia en que está sumida a la población mundial. Esa es nuestra responsabilidad.
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