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De la crisis a la oportunidad

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Cuando invertí por primera vez no sabía qué era el interés compuesto, hasta que descubrí cómo el dinero que había ido invirtiendo periódicamente iba creciendo.


Mi experiencia como inversor empezó en el año 2005. Nunca había invertido en la bolsa, razón por lo que mi entidad financiera me aconsejó hacerlo en fondos de inversión al ser dirigidos por profesionales y tener menos riesgo. Mis conocimientos en inversiones eran NULOS y por aquel año las bondades de la renta variable eran tentadoras.

Invertí una cantidad que en plena burbuja inmobiliaria poco se podía hacer con ella. Todo parecía ir bien, hasta que llegó el año 2008 y todo cambió. Las ganancias se evaporaron y poco a poco fui entrando en pérdidas. En ese momento todo era negativo, parecía que las empresas no valían nada y el mundo se iba por el desagüe. Sí, y era por allí, por donde creía que se había ido mi dinero, por todos los sitios se escuchaba la palabra ¡¡¡CRISIS!!!

Como he dicho, fui perdiendo poco a poco, hasta que las pérdidas llegaron al 50% y entré en modo PÁNICO. En ese momento vi todo perdido y me arrepentí de haberme metido en esto, pero ya lo había hecho y tenía que afrontarlo.

Recibí una invitación de la gestora del fondo de inversión para ir a su conferencia anual, y decidí asistir para saber algo más de lo que estaba ocurriendo. Nos explicaron las inversiones en las empresas y me llamó la atención la pasión con la que Francisco García Paramés defendía las inversiones y las valoraciones. Comprendí lo que en aquella conferencia se dijo sobre inversión, valoración y el momento que estábamos atravesando. Así que hice un acto de FE y decidí volver a invertir dinero en el fondo.

Comprendí sobre todo la diferencia entre el valor y precio, y como el mercado no distinguía entre empresas que estaban muy endeudadas y las que tenían negocios sanos. Todas caían de la misma manera.

El mejor ejemplo que puso en esa conferencia fue BMW. Recuerdo que dijo que el precio de la acción no valía apenas lo que eran las fábricas y la financiera que tenía. Dijo que la valoración que tenía BMW era de chiste y que muy pocas veces se había encontrado con unas empresas tan infravaloradas. Puso el ejemplo de que cotizaba a dos veces beneficios, es decir era como comprar una vivienda y que los inquilinos te la pagaran en dos años.

También se habló de los márgenes de ganancias, que eran de los más altos del sector. Añadió que el momento era coyuntural, y que, aunque parecía que el mundo se iba a terminar al día siguiente, íbamos a seguir necesitando los servicios que nos ofrecían las empresas en las que estábamos invertidos: automóviles, ascensores, etc. Por último, dijo que, aunque el foco estaba puesto en Estados Unidos y en la Unión Europea, había otros mercados como China, India, etc. que tirarían de ese consumo y pasarían a ser actores a tener en cuenta.

Emociones y estados de ánimo

Tengo que reconocer que no lo pasé muy bien cuando el fondo volvió a caer y yo seguía metiendo dinero.

En ese periodo me informé sobre el mundo de la inversión, y leí un libro del que todo el mundo hablaba, “El inversor inteligente”. Allí vi con claridad que las inversiones en bolsa dependen mucho de las emociones y de los estados de ánimo, así que seguí el método de invertir cantidades periódicamente sin preocuparme sobre mi estado de ánimo ni sobre el de los mercados.

No sabía qué era el interés compuesto hasta que descubrí como funcionaba en el momento que el fondo recuperó el valor inicial, y cómo el dinero que había ido invirtiendo periódicamente iba creciendo. Es muy sencillo de entender: las aportaciones que había estado realizando en los momentos que el fondo estaba más bajo, lo que estaba haciendo y no me estaba dando cuenta, era reducir mi precio medio de compra y por tanto ir mejorando la rentabilidad media de mi cartera en un periodo de tiempo inferior, es decir, que el interés compuesto estaba funcionando. A medida que seguía haciendo aportaciones, el interés compuesto trabajaba y trabaja constantemente no solo sobre lo aportado, sino también sobre lo generado anteriormente.

También comprendí que las inversiones hay que verlas a largo plazo, y que cuando el mercado cae un 30% es mejor momento que cuando sube un 30%. Y, sobre todo, he ido descubriendo lo que significa invertir en valor y que los valores objetivos que Francisco Garcia Paramés defendía en el año 2008 se fueron haciendo realidad con el paso del tiempo.

Del total del dinero que invertí obtuve una rentabilidad cercada al 120%. El momento más bajo en el que compré participaciones fue cuando el valor liquidativo del fondo estaba en 50 Euros, cuando materialicé las ganancias el valor liquidativo estaba en 158 Euros.

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