¿Cómo es el trato en ``las tiendas de dinero´´?
No se lo van a creer
Las tiendas de dinero
Manuel Saco http://www.20minutos.es/nx.asp?noti=9253
Cuando el precio del dinero se confundía con el valor de la usura, cuando el crédito hipotecario rozaba el 20%, no hace de esto muchos años, uno se preguntaba cómo un país con todo el ahorro ocioso metido en cuentas bancarias o en el Tesoro Público, que no necesitaba arriesgar la menor inversión pues los réditos estaban asegurados a fin de mes, podía prosperar. Con un dinero tan caro, el solo hecho de solicitar un crédito suponía una aventura y una humillación, y los directores de bancos se comportaban como pequeños tiranos –a éste sí, a éste no, éste no tiene dónde caerse muerto–, y nos mandaban inspectores para comprobar que los avales eran ciertos, que el valor de los inmuebles que pretendíamos adquirir cubría el riesgo, demorándose en trámites que duraban semanas. Cuando al fin nos concedían aquel crédito ridículo que no alcanzaba para pagar ni la mitad de nuestras deudas, el director cobraba ante nosotros la estatura de un dios benefactor. Ayer, como hoy, sólo tenía crédito quien tenía el suficiente dinero como para no necesitar créditos, sin que ahora la llegada del dinero barato haya contribuido a mejorar el humor de la banca. En la economía primitiva de mi infancia, en cambio, la palabra crédito todavía conservaba su significado: venía del verbo latino credere, creer, y uno tenía crédito o no, dependiendo de si creían en él, ya fuera ante un banquero o ante la novia a la que prometíamos falso amor eterno. Porque creer es confiar en lo que no se ve. Mi padre, con ocho hijos y un sueldo miserable, no tenía un duro, pero tenía crédito, de manera que mensualmente, cada día veinticinco, acudía a la Caja de Ahorros para hacer efectivo ‘su’ crédito con el que terminar el mes. Así, año tras año. Pero hoy, las tiendas de dinero que son los bancos se han despersonalizado, los banqueros sólo conocen por sus nombres a los ricos en euros, y siguen infundiendo en el resto de los clientes la desagradable sensación de pedigüeños. Cuando voy a El Corte Inglés, por ejemplo, me venden lo que les pida con una sonrisa. ¿Sería mucho pedir un trato parecido en los bancos cuando les hago el inmenso favor de entrar a comprarles su mierda de dinero?
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Dice Manuel Saco que los banqueros siguen infundiendo en el cliente la desagradable sensación de pedigüeño cuando va a comprar dinero, a pedir un crédito. ¿Estáis de acuerdo? ¿Cómo es el trato en ``las tiendas de dinero´´?
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