Aprendamos Ingeniería Financiera¡¡¡
Www.negocios.com
La Gaceta de los Negocios
UBS ayudó a Parmalat en su turbia financiación
La afición de Parmalat a los planes laberínticos parece ilimitada. UBS ideó uno especialmente intrincado.
Editado por Hugo Dixon
Explicado en pocas palabras, el plan de UBS permitía a Parmalat pedir créditos a intereses bajos en un momento en el que tenía dificultades para captar recursos en los mercados de capitales. Pero, para avalarse a sí mismo en esta atractiva operación, el grupo italiano asumía un riesgo doble: en caso de quiebra, ésta sería espectacular. Mientras, UBS se cubría las espaldas de forma extremadamente astuta. Estaba a cubierto del 100% de las contingencias. El banco suizo incluso podía sacar provecho del desastre, siempre que su transacción estuviera realmente blindada en el terreno legal. Muy listo, el UBS. El problema es que su beneficio se producía a costa de las pérdidas crecientes de otros acreedores.
Estudiemos la trayectoria del dinero con más detalle. El pasado mes de julio, el banco suizo prestó a Parmalat 420 millones de euros. El grupo italiano sólo se quedó con 130. Los restantes 290 millones de euros los invirtió en la filial de las Islas Caimán de Totta e Açores, el banco portugués. Lo hacía así para aprovechar una oscura ventaja fiscal que los inversores obtienen si ponen el dinero en empresas portuguesas de ciertos paraísos fiscales.
Hasta ahora, todo normal. Pero Parmalat también se comprometió a pagar los 290 millones de euros que había invertido en Totta si quebraba. Aquí es donde entra en juego el doble riesgo.
¿Por qué Parmalat aceptó esta insensatez, aparte, por supuesto, de porque habitualmente hacía este tipo de cosas? La respuesta es que no tenía otra opción si quería el dinero. Totta había suscrito su propio acuerdo paralelo con UBS y en él prometía entregar al banco suizo los 290 millones de euros si Parmalat quebraba. Totta necesitaba que el grupo lácteo pagara esos 290 millones de euros para que le saliera bien su acuerdo con UBS.
UBS se había cubierto bien la espalda. Pero había hecho algo más. Porque, en el caso de que Parmalat se hundiese, no sólo recuperaría los 290 millones de Totta: Parmalat todavía le debería el efectivo. Incluso ahora que los bonos de Parmalat cotizan en torno a 20 céntimos, esa cantidad supone unos 60 millones de euros.
¿Y qué pasa con los restantes 130 millones de euros? ¿No corría UBS peligro por esa cantidad? En su mayor parte, no. También se había cubierto comprando protección crediticia en el mercado para la casi totalidad de ese dinero.
Lo comido por lo servido
UBS afirma que más o menos se ha quedado igual. Fundamentalmente, porque no cubrió toda su exposición y porque algunos de los seguros que compró eran muy caros. Pero aún podría sacar beneficio de la operación.
Puede que UBS haya sido muy listo. Pero la operación plantea la cuestión de si es justo saltarse la cola de los acreedores a base de perjudicar a otros.
Es cierto que la transacción tuvo lugar pocos meses antes de que los problemas del grupo realmente empezaran a multiplicarse. Pero se produjo después de que la empresa fuera obligada a lanzar una emisión pública de bonos en la primavera, debido a la inquietud que despertaban sus finanzas.
UBS asegura que llevó a cabo la debida diligencia, pero que no encontró nada que "suscitase preocupación alguna sobre la situación financiera de Parmalat". Según un portavoz de UBS, "Parmalat se presentó a sí misma como una empresa financieramente saneada que pretendía obtener los tipos de financiación más competitivos. Para esas empresas, las estructuras de este tipo no son inusuales ni inapropiadas".
El banco suizo espera que estos argumentos resulten válidos. Porque, aunque ha sido listo, no ha previsto todas las contingencias. La legislación italiana capacita al administrador especial de Parmalat, Enrico Bondi, para revocar las transacciones hechas en los dos años anteriores a la quiebra. No está claro si va hacer uso de e