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Felipe Sanchez Coll

Profesor de la FEBF y de la Florida Universitaria.

Las recientes caídas suponen una oportunidad de entrada. Entrevista con Felipe Sánchez Coll

Entrevista con Felipe Sánchez Coll, asesor de inversiones en Renta4 Banco, profesor de la Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros y de la Florida Universitaria. En la entrevista Felipe nos dirá cómo ven el mercado actualmente teniendo en cuenta la situación macroeconómica en la que estamos. Nos dará algunos consejos para orientarnos en qué tipo de análisis elegir a la hora de invertir en bolsa y destaca la importancia de conocerse a uno mismo antes de realizar inversiones. 
 

Entrevista a Felipe Sánchez Coll

 

1. Tu visión de la situación actual del mercado

Como siempre, el mercado habla y hay que escuchar lo que dice. Actualmente, sigue pesando la debilidad económica mostrada por los últimos datos en economías como Alemania o Japón, e incluso China. No descartamos que los descensos puedan prolongarse algo más en un entorno donde la incertidumbre sobre la evolución económica de la Eurozona podría seguir pesando a corto plazo. No obstante, seguimos manteniendo la idea de que las recientes caídas suponen una oportunidad de entrada, y que se pueden ir realizando compras de forma escalonada, teniendo en cuenta que el recorte actual es ya cercano al 10% (similar en magnitud al que se produjo en la primera quincena de agosto). A nivel empresarial, la apreciación del dólar y otras divisas frente al Euro, así como unas condiciones de financiación cada vez más favorables, servirán de apoyos para la recuperación de los resultados empresariales europeos.
 
 

2. Dada tu experiencia como asesor de inversiones, ¿Qué consejos darías a alguien que quiere empezar en bolsa?   Leer más

De lobitos de Wall Street y de aprendices

Hay que reconocerlo de entrada, “El Lobo de Wall Street” (2014) con Leonardo di Caprio se ha convertido en la película de moda entre propios y ajenos del sector financiero. Por ejemplo, la reacción que provocó entre mis alumnos del Master Financiero y Bursátil y aspirantes a abrirse paso en el mundo de los mercados fue de moderada decepción (“no se explica nada de técnicas financieras”) y de cierta sorpresa por determinados comportamientos (“es una película que roza la pornografía”). Mientras, entre los compañeros de mi banco de inversión las opiniones iban desde el enfado al hastío (“otra vez sacando al broker de una sociedad de valores que es un timador y, además, un depravado”). Una idea que, según ellos, Hollywood repite machaconamente en la gran mayoría de sus películas. Por su parte, todos aquellos ajenos al sector financiero con los que he hablado se lo han pasado entre estupenda y moderadamente bien viéndola y no cesaban de rememorar escenas y momentos del film. Lógico, la historia se narra con un abundante despliegue de contenido sexual, gráficos desnudos, un masivo uso de drogas y un lenguaje plagado de insultos. Efectistas elementos que siempre cautivan la atención y dejan una huella duradera en la retina del espectador.   Leer más

La debacle de las “cajas” estadounidenses

La crisis de las Savings & Loans, S&Ls, de los 80 y los 90 se llevó por delante a 747 entidades financieras, de las 3.234 que había en EEUU. Su valor en libros era 402.000 millones de dólares y el coste inicial para el estado fue de 160.000 millones de dólares, aunque luego se estima que alcanzó los  341.000 milllones. Estas S&Ls, a las que podríamos asimilar a las “cajas” o “cooperativas” de crédito en España, eran entidades que por el lado del pasivo aceptaban depósitos de los ahorradores y que  por el lado del activo se caracterizaban por ofrecer hipotecas, créditos para el consumo y personales a miembros de su entidad o “cooperativa”.

Su mejor época de negocio fueron las dos décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En aquellos años, la vuelta al hogar de millones de soldados estadounidenses deseosos de volver a recuperar sus vidas pasadas condujo a un importante incremento en las nuevas familias que se constituían. Por supuesto, esas nuevas familias tuvieron hijos, el famoso “baby boom”, lo que llevó a la construcción masiva de nuevas áreas urbanas por todo el país para acomodar a una naciente clase media. Ese nuevo impulso constructor necesitó un fuelle financiero, el cual fue provisto por las S&Ls. Algo que encajaba perfectamente con un deseo institucional, ya que las sucesivas administraciones estadounidenses siempre estuvieron de acuerdo en que se ofrecieran hipotecas asequibles a la población estadounidense, con el objetivo de que esas nuevas cohortes de ciudadanos pudieran hacer realidad su sueño de poseer una vivienda.   Leer más

Ideas útiles para acabar con el “Demasiado grande para caer” de los bancos

Como escribíamos en el último número de este boletín, existe una percepción en el mercado de que el estado siempre acudirá al rescate de las grandes entidades financieras. Sencillamente, porque habitualmente las autoridades consideran que una eventual caída generaría un “tsunami sistémico” de costes tan elevados que siempre sería preferible el rescate a la liquidación. Por ello, se entiende que esa actitud genera un “seguro de riesgo” efectivo  para el equipo directivo del banco ante sucesos inesperados, (Noss y Sowerbutts, 2012) . Esta “garantía implícita” en los bancos más grandes representa una transferencia de recursos de un grupo de agentes, el gobierno y, en última instancia, los contribuyentes, al sector financiero.

Tras el estallido de la crisis, las posiciones ante el subsidio implícito del que parece gozan estas entidades, así como el riesgo sistémico que generan, han motivado distintas fórmulas académicas para terminar con él. Estas propuestas irían desde obligar a las entidades financieras a tener una deuda “híbrida” que cubrieras las pérdidas, a imponer a estas empresas financieras seguros o impuestos de corte “pigouviano” con los que hacer frente a la hipotética aparición de externalidades negativas.   Leer más

El tamaño sí importa (si eres un banco)

Como describen Noss y Sowerbutts (2012) una amenaza creíble de quiebra e insolvencia debería de ser una parte integral del funcionamiento del mercado de cualquier tipo de industria, incluyendo al sector bancario. Sin embargo, la crisis y las soluciones adoptadas tras la crisis financiera de 2007 han mostrado que este proceso no se aplica necesariamente a todos los bancos. De hecho, como Bernanke (2010)  expone muchas de las vulnerabilidades que se han amplificado por la crisis están conectadas con el problema de las entidades denominadas “demasiado grandes para caer” a las cuales los gobiernos han apoyado decidida y firmemente con cantidades de dinero sin precedentes. La explicación de este sostén público radica, en palabras de Bernanke, en que los gobiernos reconocen “que las consecuencias para la totalidad de la economía al permitir una quiebra desordenada superaría los costes de evitar esa caída”. Simplemente, porque como expone Volcker (2010)  con su caída “impediría, de un modo irreparable, el funcionamiento del mercado y dañaría aún más a una economía en recesión”. Por tanto, en una entidad bancaria  “demasiado grande o demasiado importante para caer” habrá una esperanza entre los agentes del mercado de que el gobierno hará lo que sea necesario para rescatar a esa institución de la quiebra ordinaria (Powell, 2013) . 
 
De algún modo, esa percepción de que el estado siempre acudirá al rescate crea un “seguro de riesgo” efectivo (Noss y Sowerbutts, 2012) para el equipo directivo del banco ante eventos inesperados. Esta “garantía implícita” en los bancos más grandes representa una transferencia de recursos de un grupo de agentes, el gobierno y, en última instancia, los contribuyentes, al sector financiero. La distribución de los beneficios depende de la estructura competitiva subyacente de la industria bancaria, la escasez de sus recursos y la precisa naturaleza del cambio en los incentivos que el subsidio induce (Varian, 1992) . Pero, parece probable que los acreedores bancarios, los clientes, los trabajadores, la directiva y los accionistas, todos ellos se benefician de alguna manera, como señalan Noss y Sowerbutts (2012). Estos autores exponen que esta “garantía implícita” causa 3 tipos de distorsión en el mercado.
 
En primer lugar, los bancos que se benefician de ese tipo de “subsidio” virtual tienen una ventaja competitiva sobre aquellos que no la tienen. La percepción que tienen los acreedores, los tenedores de deuda, por ejemplo, de que el gobierno siempre intervendrá para protegerlos del riesgo de caída, reduce la compensación que demandarán para asumir el riesgo de estar invertidos en el banco, lo que reducirá los costes de financiación de dicha entidad financiera. De este modo, se permitiría que los “bancos con garantías” se expandieran a costa de los “bancos sin garantías”, Freixas y Rochet (2008) .
 
En segundo lugar, ese subsidio implícito puede incrementar el incentivo del banco a asumir riesgos, dado que la estrategia de estas entidades es la de maximizar sus beneficios. Así, la garantía implícita reduce la disciplina de mercado porque los inversores no valoran correctamente los riesgos que el banco asume, Alessandri y Haldane (2009) . Por ejemplo, un mayor ratio de apalancamiento se traduciría en una mayor actividad y un incremento de los ingresos que se privatizarían a favor de accionistas (vía dividendos), tenedores de deuda (vía pago de cupones) y equipo directivo (vía bonus). Todo ello a costa de que el banco asumiera un mayor volumen de préstamos con un capital menor con el que hacer frente a una hipotética escalada de la tasa de morosidad. De este modo, en caso de posible quiebra se entiende que el rescate gubernamental se activaría, con lo que las pérdidas se socializarían. Es por ello que se puede desarrollar un círculo nada virtuoso, cuando la existencia de una garantía implícita anima a los bancos a asumir más riesgos, elevando la probabilidad y los costes de resolver una posible quiebra bancaria. Así, el coste resultante para la sociedad de una crisis financiera, incluyendo la reducción en el PIB, podría exceder sobradamente el subsidio implícito.
 
Tercero, la garantía implícita de los bancos resulta en un aumento del tamaño del sector financiero en su conjunto. Esto detrae recursos de otros sectores, tanto económicos como humanos, conforme más servicios financieros se producen y consumen. Esto puede generar un problema en el largo plazo, ya que al impedir una asignación diferente de recursos otros sectores no alcanzarán una mayor desarrollo, por lo que en el caso de una crisis financiera, el impacto económico y social será mayor.
 
Por todo ello, y para evitar que los ciudadanos sigan pagando los rescates la única solución que se me antoja viable es una legislación muy clara al respecto y mucha firmeza para aplicarla por parte de los poderes públicos cuando llegue la hora, porque, no lo duden, llegará. Si estas dos condiciones se dan, el mercado y las entidades bancarias deberían de asumir  real y completamente que en caso de ser necesario una gran entidad bancaria puede ser dejada caer. Un evento al que seguiría un proceso de resolución ordenada de la empresa. Todo ello, sin imponer costes indebidos a los contribuyentes, porque recuerden que en el caso concreto de España el FROB da por perdidos ya 36.000 millones de euros del rescate a la banca. Es decir, en mi opinión, el rescate debería ser totalmente interno (bail in) y no externo (bail out). Lo cual nos lleva a la conclusión final a la que llegó Alan Greenspan, ex Presidente de la Reserva Federal, los bancos no pueden ser regulados por sí mismos. Lo ha de hacer el sector público.
 
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En el supermercado de las noticias financieras, ¿hay alguien fiable?

En 1880, el periodista Charles Dow dejó la ciudad de Providence y su trabajo de reportero en el Providence Evening Press para marcharse a Nueva York. Su sueño era trabajar allí donde se generaban las noticias económicas y ese lugar era, y lo sigue siendo, Nueva York. El joven de 29 años encontró trabajo en el Kiernan Wall Street Financial News Bureau, una empresa que proveía un servicio de noticias financieras a sus clientes, principalmente bancos y brokers de bolsa, las cuales entregaba en mano con la ayuda de un servicio de mensajería. Pasado un tiempo, el propietario de la compañía, John Kiernan, le pidió que buscara a otro reportero para la empresa y Dow llamó a Edward Davis Jones, un antiguo compañero del Providence Evening Press. NYSE a principios del SXXJones había abandonado la Universidad de Brown, pero era un tipo talentoso que podía interpretar con facilidad un informe financiero. Además, Dow y Jones estaban unidos por una idea que atraía a ambos: informar sobre Wall Street sin sesgo y con independencia. Ciertamente, en aquellos días no faltaban los casos en los que alguna compañía sobornaba a algún periodista para que escribiera alguna información favorable. No obstante, Dow y Jones se mantuvieron firmes.

Posteriormente, en 1882 los dos jóvenes y Charles Bergstresser, otro compañero de la redacción de Kiernan, decidieron comenzar con su propia agencia, la Dow, Jones & Company. La sede de la empresa se situó en un bajo al lado del edificio de la Bolsa de Nueva York y su resumen de la tarde de 2 páginas de noticias financieras consiguió rápidamente 1.000 suscriptores. De hecho, una de las claves del éxito estuvo en la creación en 1887 del índice Dow Jones industrial average (DJIA), formado por las mayores 12 empresas industriales de EEUU, una herramienta que permitía conocer rápidamente la evolución del sentimiento del mercado bursátil.

 

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Mr Dj Boom y la seguridad de los depósitos en España

Seguramente, no fue su intención, pero cuando Jerone Dijsselbloen, Presidente del Eurogrupo, compareció el pasado 27 de marzo ante la prensa para dar cuenta del acuerdo alcanzado entre las autoridades europeas y Chipre consiguió una notoriedad que no quería. La razón fue que Djsselbloen, también ministro de finanzas holandés, anunció que la solución lograda, con quitas para los depósitos, podría ser el patrón a aplicar a futuros rescates en la eurozona. Con esas sencillas palabras consiguió hundir las bolsas en esa jornada, lo que le reportó el estatus de “estrella mediática” europea y el sarcástico apodo de Mr Dj Boom, una abreviada asimilación de su apellido.

Jeroen Dijsselbloem

Tal vez se le pueda intentar disculpar aduciendo que había descansado poco, ya que el pacto se había cerrado de madrugada. Pero, el fracaso comunicativo de Dijsselbloen fue mayor si cabe si se le compara con el objetivo que tenía que conseguir, que era  “vender” un éxito cierto. Si lo piensan bien el acuerdo alcanzado evitaba la salida del euro de los chipriotas, a la vez que contenía y reducía la percepción de que el riesgo sistémico creciera en la eurozona.
 
Entonces, ¿qué salió mal y por qué las plazas financieras reaccionaron con caídas?
Pues porque se entendía que el Eurogrupo había sentado un peligroso precedente, al permitir que los depositantes asumieran, una parte de la carga del rescate.  De algún modo, a partir de ese momento se asumía que los depositantes ya no eran “intocables”, lo que rompía un sagrado principio (el de “yo soy un modesto ahorrador y no un inversor”) y les abocaba a considerar y calibrar el “riesgo entidad bancaria” y el “riesgo país”.  En suma, como escribió el economista Paul Krugman, fue como si hubieran puesto un cartel de neón en los bancos del Sur de Europa diciendo, “saquen su dinero de aquí”.
 
Por supuesto, los desafortunados comentarios de Dijsselbloen fueron matizados en un comunicado posterior del Eurogrupo, al igual que el sentido de las decisiones tomadas fue mejor explicado, atendiendo a lo especial de Chipre. Un país con unos rasgos muy particulares que difícilmente hacían trasladable a otro país su solución. Ciertamente, las necesidades de recapitalización del sector bancario de esta nación se situaban en el 60% del PIB del país, claramente por encima del 40% que necesitó Irlanda, del 27% que precisó Grecia, o del 6,5% de España. Además, con una deuda pública sobre PIB del 86%, si se le hubiera sumado ese 60% el endeudamiento público habría llegado al 145%, un nivel insoportable para el erario público y de difícil retorno para el país. Igualmente, la alternativa de una quita era muy complicada, ya que los mayores tenedores de deuda pública chipriota eran los bancos del país, lo que todavía habría dañado más al sector.
 
Del mismo modo, hay que señalar las dos características propias del sector bancario chipriota que hace que el rescate tenga que recaer sobre los depositantes. Primero, el monto total de los depósitos bancarios se eleva a 72.000 millones de euros, frente a un PIB nacional de 18.000 millones. Mientras que en el caso español, el total de los depósitos suman 1,48 billones de euros, cuando nuestro PIB es de alrededor de 1 billón de euros. Segundo, la mayoría de los depósitos chipriotas son de residentes, con lo que o bien, los chipriotas son unas increíbles “máquinas de ahorrar”, respecto a los españoles, o es que era muy fácil, pongamos para un ciudadano ruso, convertirse en residente chipriota. Tercero, la financiación del sistema bancario chipriota se basaba en ese ingente flujo de depósitos que les llegaba de sus “residentes” y en la financiación interbancaria. Sumados ambos conceptos eran ya el 95% de los pasivos chipriotas, con lo que no había otro tipo de deudores, bonistas o preferentistas, sobre los que descargar la quita. 
 
Por tanto, ¿son los españoles ahora más inseguros que en febrero? Ciertamente no. Tras la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008, el gobierno irlandés sintió el vértigo del momento y decidió garantizar por ley el 100% de los depósitos. Algo difícil de creer, pues en la práctica suponía un montante que podía ir entre los 400.000 y 500.000 millones de euros, es decir, más de 2 veces el PIB del país. Sin embargo, otros países como Alemania y Dinamarca le siguieron. De este modo se llegó a la aprobación de una directiva europea que fijaba la garantía de los depósitos en 100.000€, pues si no se podía entender que algunos depositantes europeos estuvieran más protegidos en algunos países que en otros. Posteriormente, con el Real Decreto Ley de mayo de 2010 trasponía esa normativa al marco legal español por lo que el Fondo de Garantía de Depósitos subía de 20.000€ a 100.000€. Ésta es la situación legal en España, por lo que no hay que llamarse a engaño, el 100% de los depósitos nacionales no ha estado, ni está garantizado al 100%. Aunque, nos da mucha tranquilidad saber que el rescate bancario que ha llegado a Chipre, ya le llegó a España y que aquí se respetaron íntegramente los depósitos, con lo que vamos varios pasos por delante del peor escenario posible.
 
Dicho esto, la última cuestión sería, ¿siguen siendo atractivos son los depósitos actualmente como productos de inversión? Me da la sensación de que cada vez menos. ¿Por qué? En primer lugar, la fiscalidad ha empeorado notablemente. Desde el 1 de enero de 2012 la tributación ha subido. Actualmente, para las rentas de capital que van de 0 a 6.000€ se tributa al 21%, entre 6.000,01€ y 24.000€ se tributará al 25%, y para más de 24.000€ un espectacular 27%. En este punto tan sólo señalar que esta escala difícilmente se reducirá por las necesidades de control del déficit del estado. Anteriormente, las rentas hasta 6.000€ tributaban al 19% y a partir de ahí al 21%. En segundo lugar, la rentabilidad ha caído como consecuencias de las directrices del Banco de España que quiere proteger los resultados de los bancos (tanto nacionalizados como no nacionalizados). Antes de Navidad, el supervisor llamó a las principales entidades financieras del país y les "recomendó” que a partir de principios del 2013 abandonaran la guerra de depósitos. En concreto, fijó el tope del 1,75% para los depósitos a un año, del 2,25% para los de dos y del 2,75% para los de tres. 
 
Por tanto, y como conclusión, un par de ideas. La primera, es que las condiciones actuales en España están invitando al ahorrador español a abandonar paulatinamente los depósitos y pasarse a otros productos como la renta variable o los fondos de inversión
 
Así que, si me permiten un consejo, hablen con su asesor de inversiones y comiencen a otear el mercado. La segunda, que el activo libre de riesgo, ese concepto que nos explicaban en la Universidad, no existe, porque no hay garante universal para todos los depósitos europeos. Y si, por ejemplo,  alguien argumenta “Siempre nos quedará Luxemburgo” uno de los lugares del mundo más reputados financieramente, consideren lo siguiente, los activos alojados en su sistema financiero son 21,7 veces su PIB. Así que, ya me dirán si el gobierno luxemburgués o el mismísimo Gran Duque de Luxemburgo, Enrique, son capaces de ser garantes de todo eso. 
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Plutócratas y todos los demás

“Déjame que te diga algo sobre los ricos. Ellos son diferentes a tí y a mí”

Francis Scott Fitzgerald.

 
Ser rico ya no es lo que era. Sencillamente, porque en la última década hay una categoría superior: los súper ricos. En el nuevo libro de la periodista económica Chrystia Freeland, “Los Plutócratas: El ascenso de los nuevos globales súper ricos y la caída de de todos los demás” , se describe con detalle como en EEUU se ha ido abriendo la brecha que separa los ricos y los pobres. Pero, lo que hoy en día significa ser verdaderamente rico es algo que comienza a escaparse de una escala “entendible y asumible”. 
 
En su libro Freeland cita un ejemplo que utilizaba Robert Reich, Secretario de Trabajo en la Administración Clinton, para ilustrar el caso. En 2005 la fortuna de Bill Gates, creador de Microsoft, era de 46.500 millones de dólares, mientras que la del inversor Warren Buffet era de  44.000 millones de dólares. En ese mismo año, la riqueza combinada de los 120 millones de estadounidenses de rentas más bajas, el 40% de la población, sumaban un total de 95.000 millones de dólares. Es decir, sólo 2 personas tenían tanto como 120 millones
 
Freeland expone que la brecha realmente importante no es la que se da entre el 1% de la población y el restante 99%; si no, entre los ricos que ocupan la cumbre, el 0,1% de la población, y todos los demás. En esta “cima” poblacional se sitúan los grandes oligarcas, muchos de los cuales han amasado fortunas colosales. Un hecho que les proporciona un sentimiento de triunfo y de merecida victoria en un mundo de competencia asesina. De este modo, Freeland los define como una clase transglobal de exitosos empresarios, los cuales a menudo sienten que tienen más en común entre ellos, independientemente de si sean rusos, chinos o indios, que con sus propios compatriotas.
 
Como escribe el premio nobel de economía Joseph Stiglitz en su libro “El precio de la desigualdad”, el 1% de los estadounidenses controla el 40% de la riqueza del país. Una élite que disfruta de la mejor sanidad, ecuación y beneficios del dinero, pero no son capaces de darse cuenta de que “su destino está ligado con el otro 99%” de la población.
 
¿Es todo esto una exageración? Bueno, Citigroup parece que se lo toma muy en serio. El 16 de octubre de 2005 el equipo de Estrategia sobre Activos publicó un informe titulado “Plutonomía: Comprando lujo, explicando los desequilibrios globales”. En él los analistas de Citigroup argumentaban que el mundo se había dividido en dos bloques: los plutócratas y el resto. En ese escenario Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá eran las plutonomías claves. En ellas, los ricos absorben un pedazo desproporcionado de la economía y tienen  un impacto masivo en las cifras agregadas, tales como los tipos de remuneración del ahorro, déficits por cuenta corriente, niveles de consumo, etc…. Así, no hay un “consumidor estándar”, ya que están los super ricos y los demás. Este informe fue seguido por otro el 5 de marzo de 2006 titulado “Revisitando la Plutonomía: Los ricos se hacen más ricos”. En él continuaban defendiendo que los ricos probablemente se iban a enriquecer más aún en los próximos años. Básicamente, porque eran los que más se habían beneficiado del incremento de la productividad en los Estados Unidos. Por ello, había que seguir apostando por las acciones de empresas que vendieran servicios a las élites, como bancos de inversión (Julius Baer) o lujo (LVHM). En la parte opuesta, también se podía apostar por las empresas que ofrecieran grandes descuentos y que vendieran a todos los demás, especialmente a los de menores rentas. Según Freeland, el Índice Citigroup Hourglass, formado por acciones de empresas que cumplen el perfil antes descrito subió un 56,5% desde que se lanzó, el 10 de diciembre de 2009, hasta el 1 de septiembre de 2011, mientras que el DJIA sólo subió un 11% en el mismo período.
 
Sin embargo, ¿son malos los plutócratas per se? ¿por qué la gente no puede ganar enormes sumas por su talento? El problema radica en que la acumulación de dinero en pocas manos posibilita el ejercer influencia sobre los partidos políticos que, una vez en el poder, van a poder legislar. Prácticamente, en todo el mundo se permite  la financiación de las organizaciones políticos vía donaciones de particulares, corporaciones o grupos de presión. Ello sienta las bases de un sistema clientelar en el que los mayores contribuyentes son recompensados legislativamente de acuerdo a sus intereses. Un efecto mucho más acusado en aquellos países en los que un mismo grupo controla las instituciones políticas y económicas. Por ejemplo, según Freeland los más ricos miembros del Partido Comunista chino han amasado más riquezas que todos los miembros combinados de las instituciones del Gobierno estadounidense, incluyendo al presidente, su gabinete, los jueces del tribunal Supremo y las dos cámaras de representantes.
 
¿Qué resultado tienen las plutocracias? En términos generales, las consecuencias de la polaridad y de la desigualdad de las rentas son evidentes: altas tasas de delincuencia, baja cobertura sanitaria, pobres estándares en la educación pública, menor esperanza de vida, una dificultosa cohesión social y una menguante tasa de participación electoral. En suma, una democracia, si la hay, desacreditada y debilitada.  A juicio de Stiglitz, de todos los costes que la élite del 1% impone a la sociedad norteamericana el mayor es la erosión de su sentido de la identidad, en la que la igualdad de oportunidades es fundamental. Estados Unidos  siempre se ha enorgullecido de ser considerada una sociedad justa, donde todos tienen la misma oportunidad de ir hacia delante. No obstante, Stiglitz opina que las estadísticas sugieren otra cosa: las oportunidades de que un ciudadano pobre, o de la clase media, de su país llegue a la cumbre son mucho más bajas que en muchos otros países de Europa.  
 
Para concluir, los libros de Freeland y Stiglitz vuelven a demostrar que los mercados, por sí solos, no son el mejor mecanismo para redistribuir los recursos en una sociedad. Simplemente, porque en lugar de promover una verdadera competencia entre muchos agentes, su tendencia es la de dar ventaja a los “jugadores” internacionales más grandes frente al resto. Gracias a ello, pueden acumular ingentes riquezas e influir sobre las políticas de los gobiernos. Por ello, el papel del estado proporcionando una adecuada regulación y supervisión es esencial. ¿Tienen arreglo estas situaciones? Sí. La premisa básica es la actuar con total transparencia, manteniendo y apoyando  organismos independientes que puedan evaluar y supervisar la gestión pública. Ello mitigaría y reduciría las posibles connivencias entre políticos y oligarcas. Además, se producirían otros efectos positivos. Como llamativamente demuestra el trabajo de ALT y LASSEN (2006)   aquellos países que ofrecen una mayor transparencia en su gobierno público son los que (sorpresa, sorpresa) tienen una menor deuda pública. La alternativa es que prosperen aquellos que puedan avanzar con sobres o donaciones, mientras que el otro 99% sólo le queda mirar.
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La insufrible cabezonería de los economistas alemanes

A principios de marzo de este año tuve la oportunidad de hablar con un economista alemán de prestigio, catedrático de economía en una  universidad teutona y miembro durante largos años de un consejo asesor económico del Gobierno Alemán. Por supuesto, el tema de la charla fue la economía española y las soluciones que se podían adoptar para salir de la depresión en que ésta se encuentra sumida. Así, y por si no lo adivinan, ya les digo que la solución de este afamado profesor se resumía en “austeridad y recortes”. Sinceramente, este ideario no me sorprendió, pero lo que sí lo hizo fue su absoluto convencimiento de que ése era el único y verdadero camino. En suma, estaba preparado para sus recetas, pero no para su dogmatismo.

austeridad y recortes
El reconocido economista alemán me explicó que la evidencia empírica de otros países, como Finlandia, Nueva Zelanda y, como no, la propia Alemania le ratificaban en que una buena y saludable “poda” del tamaño y de las prestaciones que ofrece el estado, se hacían necesarias para sacar a España de su atolladero. En este sentido, el gobierno español le parecía un buen alumno, aunque su recomendación era la de seguir profundizando en esa línea.
 
Así, el “dolor” (es enternecedor escuchar estos eufemismos de boca de gente reputada) es necesario y curativo. Si ahora no veíamos los efectos de la medicina era porque todavía no las habíamos dejado surtir efecto. De hecho, estableció un símil entre un paciente que sale de la UVI y el caso español.
“Cuando se entra en el hospital para una intervención de calado, se llega con la sensación de que uno se encuentra bien, aunque no sea así. Tras la operación, uno se encuentra fatal, pero con el tiempo va mejorando, y la recuperación progresa imparablemente”. Además, ese “dolor” haría aprender a la sociedad un concepto bien interesante, “no se puede despilfarrar.”
Con lo que una vez que la sociedad quedara inoculada con esa vacuna, ya no se volvería a contagiar de ese peligroso virus.
 
Si se preguntan si le rebatí, pueden apostar su vida por ello, porque entiendo que de una charla constructiva las dos partes salen siempre enriquecidas. Le expuse que las medidas de austeridad que Alemania aplicó en la primera década de este siglo, así como la reforma laboral (de las que necesitaron varias hasta acertar) sólo se saldó con éxito porque los países de su entorno, como el sur de Europa, tiraban de sus exportaciones, lo que les ayudó en sobremanera. Que el problema de cuadrar el déficit no estaba para mí tanto en el gasto del estado, como en los ingresos, porque en España, se recortaban prestaciones, a la vez que se subían impuestos. Un punto que el profesor, elegantemente reconoció. Con ello el consumo estaba desaparecido en combate y sin él seguiríamos viendo subir el paro, lo que implicaría que el gobierno se vería forzado a continuar incrementando el capítulo de prestaciones. Incluso le recordé que estar dentro de la UE les venía fenomenal a los alemanes, ya que su potencia económica quedaba disimulada en el entorno euro, con lo que su tipo de cambio €/$ era estupendo para ellos, a la vez que profundamente injusto para nuestra competitividad. De hecho, le señalé que fuera del euro su marco alemán tendría un tipo de cambio tan elevado que trituraría la capacidad exportadora de su industria. En ese punto, me dijo, sin rubor, que según un estudio interno que manejaban Alemania era capaz de aguantar un tipo de cambio de 1,8€/$ sin problemas, mientras que Francia empezaba a tener problemas a partir de 1,23€/$. Su secreto era hacer productos con mucho valor añadido que se podían vender internacionalmente, como sus coches Porsche, BMW, etc…, Por lo que siempre se encontraría mercado para el buen producto germano.
 
Al menos, reconoció que Alemania, con el canciller Gerhart Schröder a los mandos, incumplió los principios del Tratado de Maastricht, como ahora lo hace España. Sí señores, según Eurostat en el período 2000 – 2010, Alemania incumplió 14 veces (14 veces!!!) los límites de déficit (3% del PIB) o deuda (60%). Mientras, España lo hizo sólo 4 veces. La historia es como sigue, en 2003 el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, el conjunto de normas que se habían pactado en el seno de la UE para mantener una disciplina fiscal, fue dinamitado. De hecho, los artificieros fueron el canciller alemán, Gerhard Schröder, y el presidente francés Jacques Chirac, quienes presionaron al Consejo de la UE para que no apoyara las recomendaciones de la Comisión que les demandaba a ambos países una mayor reducción del déficit. No obstante, si reconoció este incumplimiento fue para poner a Schröeder de ejemplo de lo que no han de hacer los políticos, aunque a Alemania le fuera sensacional.
tratado de maastrich
Por último, el profesor nos pedía a los españoles paciencia y tiempo, para “¿Cuánto tiempo?”, le pregunté. “Al menos dos legislaturas”, respondió. Entonces, pensé “tanto tiempo, ¿para qué? ¿cuánto tarda uno en reconocer que sus políticas son fallidas?”. Porque la recuperación y las políticas de estímulo no se atisban. Así que,  después de la charla me fui reflexionando con tristeza sobre cuánta caída salarial y cuánta menor capacidad adquisitiva deberían de tragar los españoles hasta que nuevamente fuéramos “competitivos” para Alemania. Una cosa llevó a la otra y me vino a la memoria el Informe sobre Pobreza elaborado por el Ministerio de Trabajo germano sobre el período 1998-2008, en el que reconocía que había regiones del país donde el porcentaje de alemanes que vivían por debajo del umbral de la pobreza se acercaba al 20%.
 
Los días pasaron y el runrún de la conversación con el alemán, que me pareció un hombre muy educado, seguía dentro de mí, pues no sabía como calibrar y encajar todo ese dogmatismo germano. Casualmente, una semana después ví el capítulo final de la primera temporada de “The Newsroom”, una serie que recrea el día a día de una redacción de noticias en una cadena televisiva, y comencé a entender la posición teutona. En ese episodio, el protagonista/presentador Will McAvoy conduce un reportaje en el que  analiza la influencia del Tea Party dentro del Partido Republicano. Para ello identifica los elementos que los definen, entre ellos, su fundamentalismo ideológico, el ver el compromiso o la cooperación como una debilidad, el no alterarse por los hechos, el no detenerse por la aparición de nueva información, un comportamiento tribal, la intolerancia hacia los disidentes y un odio patológico hacia el gobierno. Así, llega a la conclusión de que su extremismo ha conseguido radicalizar el partido, y aunque ellos se definan como republicanos y conservadores, para McAvoy y su equipo son Talibanes Estadounidenses.
 
Entonces recordé como los economistas neoliberales se han adueñado del debate académico y como los economistas germanos no dejan de aconsejar a su gobierno que sigan por esa línea, y que por extensión se aplique al resto de Europa. Como por ejemplo Hans Werner Sinn, el presidente del IFO alemán, que declaró en una entrevista a EL PAÍS que “la única posibilidad es trasladar el modelo alemán a toda la UE” . De improviso, la definición, surgió  en mi cabeza “Talibanes Económicos”. Y me dije “UUUUUFFFFFF….. Aviados vamos”.
 
Ahora es su turno estimado lector, ¿exagero?
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La austeridad os hará dignos de Alemania. Si vivís para contarlo

¿Cómo consiguió Alemania imponer su visión?

A principios de 2009 el G20 optó por programas de estímulo de corte Keynesiano para salir de la recesión que llegaba. Tan sólo 18 meses después, la ortodoxia alemana se imponía, volvía la austeridad fiscal y el renacido Keynesianismo desaparecía. ¿Cómo consiguió Alemania imponer su visión? Esta es la historia de ese giro.

Antes del estallido de la crisis financiera, el aparente consenso entre economistas académicos era anti keynesiano, tal y como afirman Farrell y Quiggin. Sin embargo, dentro de la academia había profesionales “infiltrados” en puestos de prestigio que todavía apostaban por estas soluciones. Por ello, cuando a principios de 2008 la crisis emergió, el supuesto consenso se resquebrajó.

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