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Nota previa:

Este post trata de la conveniencia de una forma muy ligera el aspecto del progreso. Hoy encontramos una suerte de opiniones que reniegan del progreso en función de los supuestos efectos colaterales negativos que trae. Los efectos del progreso siempre son positivos. Lo negativo no es el progreso, sino una serie de medidas que se esconden tras él y que no son inevitables.

 

Este post es una reedición de otro publicado con el mismo nombre el 25 de agosto de 2009. Se han corregido algunos fallos de redacción. Sin embargo, los datos, el análisis y las conclusiones se han de entender referidas a 2009.

 

 

 

Estos días me ha sorprendido la promoción de una conocida marca de cerveza negra que ofrece a sus clientes la posibilidad de entrar en el sorteo de un viaje al espacio. El viaje lo realiza Virgin Galactic.

Lo llamativo de la promoción me lleva a teclear en Google las palabras “viaje espacio virgin”;  obtenemos información, sin mayores problemas, sobre el premio e incluso su valor.

El viaje en cuestión se trata de un vuelo suborbital que tendrá un precio de 200.000 dólares (poco más de 142.000 euros). Lo cual es un precio bastante inferior al importe de un piso en cualquier ciudad española.

Es cuando entonces nos damos cuenta de lo que significa progreso real y lo que significa una burbuja.

No hace muchos años, la posibilidad de viajar al espacio estaba vetada, por los ingentes costes que suponía, incluso a la mayor parte de los estados del mundo. Sin embargo, el progreso permite algo que hace unos pocos años era completamente impensable: “la existencia de viajes comerciales al espacio en los que un elevado número de personas pueden acceder a esta experiencia”.

El progreso es esto exactamente: conseguir productos para que los ciudadanos puedan acceder a nuevas metas.

Podemos poner  otros ejemplos;  Un coche de hace 15 años que tranquilamente consume el triple de combustible que un coche actual. En este caso, comprobamos que el progreso, implica que para hacer los mismos kilómetros, los mismos desplazamientos, estemos usando la mitad de los recursos de los que necesitábamos antaño.

Esto es progreso; y estas actuaciones son las que  han de ser potenciadas, apoyadas y generadas.

Sin embargo ha pasado algo curioso. Se observa muy bien con el ejemplo de la gasolina. Todo el ahorro de recursos que se genera con el progreso de la técnica (todo lo que ahorramos en litros de consumo) no ha servido para que las personas nos beneficiemos; simple y llanamente, ese ahorro ha sido usado por un sistema financiero (completamente globalizado) para, mediante el sistema de la especulación, no sólo absorber estos excedentes, sino que de hecho el procedimiento ha sido de tal magnitud que han empeorado el resultado para la sociedad.

De esta forma se explica que aunque recorrer hoy un kilómetro cuesta menos litros de gasolina o poner la comida en la mesa nos cuesta menos hectáreas de terreno y menos trabajadores el coste para cada persona es significativamente superior (en relación a lo que esta persona puede generar para la mayoría de los casos.) Dicho de otra forma aunque el bien el servicio o la necesidad satisfecha sea más barata (en términos de recursos utilizados) el precio a pagar es sensiblemente superior.

Esto explica que hace 20 años un viaje espacial equivalía a un número casi incalculable de viviendas y que hoy resulta que es más barato viajar al espacio que comprar un apartamento en cualquier área metropolitana de España.


El progreso debe entenderse como el hecho de que cada vez más personas puedan acceder a mejoras;  hemos pasado en España de una situación en la que, hace 20 años, un sueldo pagaba una vivienda y sostenía una familia a una situación en la que dos sueldos no lleguen para pagar una vivienda de forma generalizada. Lo curioso de ahora es que las viviendas (al igual que el kilómetro recorrido) son más baratas en términos de horas de trabajo, y de recursos invertidos.


Todo esto nos lleva inequívocamente a la conclusión de que, existiendo el progreso real en nuestra sociedad, existe una gran desviación en la valoración de los activos y recursos de la economía. De esta forma los precios de los recursos necesarios para sobrevivir están claramente sobrevalorados, el precio del recurso trabajo claramente minusvalorado y ese desequilibrio está afectando al sistema económico de forma dramática; todo ello porque,  entre otras cosas, no se debe olvidar que el fin último de cualquier sistema monetario se encuentra en la valoración de los recursos y productos de una economía. Este rol es una de las claves del desarrollo.

  1. #1
    11/08/15 19:19

    No estoy totalmente de acuerdo con tu tesis.
    No todos los precios han subido, de hecho muchos han bajado, incluso algunos lo han hecho espectacularmente (sobre todo en productos relacionados con la Tecnología).

    Desde mi punto de vista, lo realmente dramático (y paradójico en cierta forma), es que la gran ventaja que nos da el notable AUMENTO DE EFICIENCIA que hemos conseguido en los procesos productivos (en todos los órdenes), lo hemos DESPERDICIADO = DILAPIDADO en gran parte por un aumento desorbitado = obsesivo del CONSUMO.
    Sirva de ejemplo el mismo ejemplo del coche que tú has puesto: efectivamente hemos conseguido que un coche consuma la tercera parte de gasolina que hace unos años, pero ahora hacemos diez veces más de kilómetros (la mayoría de ellos inútiles e innecesarios, naturalmente).

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