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El otro día el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Nuñez Feijoo, apareció relacionada en algunas informaciones en cierta trama de corrupción que todos conocemos. En ese momento, la reacción fue especialmente virulenta, y dijo aquello de quién use su nombre en vano se encontrará en graves problemas judiciales.

Yo creo que no es capaz de entender lo ridículo que suena un presidente autonómico, parafraseando los mandamientos que “presuntamente”, (en estas cosas mejor no pillarse los dedos) Dios le dio a Moises. Sin embargo, nos da una lección muy valiosa.

Cuando hablamos de lo público y lo privado, nos encontramos con una cosa curiosa. Si cualquiera emite una información sobre entidades privadas, resulta que tendrá un efecto demoledor, ya que estas informaciones, si son perjudiciales, supondrán una enérgica reacción, ya que entorpecerá negocios, status o situaciones personales. No hay nada más que recordar que en Agosto se publicó la noticia de que las entidades francesas tenían problemas para financiarse en Dólares. Inmediatamente se presentaron denuncias, se desmintieron todas las informaciones y se amenazó a toda aquella persona de relevancia que pudiese dar una información desfavorable.  Recordemos que en la misma época, la salida de emergencia del Banco Central Europeo consistió precisamente en ofrecer financiación en dólares.

Sin embargo en lo que se refiere a lo público, la realidad es bien distinta, ya que resulta que como cualquier ente de derecho público es de todos, podemos encontrarnos con que no es de nadie, de forma que no hay nadie que defienda con la misma virulencia estos asuntos.

Está claro que hoy en día, existe un campo amplio de mejora tanto en el ámbito privado como en el  público, pero sin embargo, mientras las entidades públicas son criticadas sin ningún problema, las privadas no tienen más que críticas superficiales y generales, incluso aún teniendo en cuenta que estamos en esta situación porque el sector privado ha estado sin control absoluto, (desde luego el sector público tiene la máxima responsabilidad por la inacción durante años), y esto es convenientemente olvidado siempre.

En el caso de las entidades financieras es fácil comprobar este fenómeno. Todos sabemos que los rumores son un elemento que daña a las entidades, (sobre todo cuando tienen algún tipo de fundamento). Mientras las entidades privadas han hecho lo que fuese por negarlos y desmentirlos, respecto a las cajas la situación ha sido completamente distinta y nos hemos tirado años con comentarios en todos lados sin que apareciese ningún cuidador, experto en marketing relacional o consejero presionando a los medios con denuncias multimillonarias.

Lo mismo ocurre con empresas públicas que son escrutadas hasta el límite para encontrar todos los riesgos y amenazas, mientras que para las empresas privadas, todos los análisis son en clave optimismo; en unos casos se rebusca hasta la saciedad para buscar debilidades y amenazas, mientras que el apartado de fortalezas y oportunidades queda siempre para otras entidades.

Y por supuesto el caso de Nuñez Feijoo entra perfectamente en este esquema. En medio de una trama que salpica a un buen número de personas, organismos y partidos políticos, la reacción viene cuando su nombre sale en los periódicos. Independientemente de los hechos, (que se sabrán), la realidad es que Nuñez Feijoo, tan sólo ha saltado para defender a lo que le importa, que no es ninguna de las entidades, ni las personas que tratan de ser honradas en estas entidades, ni absolutamente nadie que no sea él.

Todos estos procesos, al final afectan a la percepción que tenemos de las distintas cosas. Debemos ser conscientes cuando nos firmamos una idea, que esta depende de la realidad pero que también depende de las fuerzas que nos encontramos para crear esta idea. En  unos casos, las fuerzas tratan de pintar una realidad más agradable, y en otros casos exactamente al contrario, por lo que tendremos que tenerlo en cuenta, para tratar de entender la realidad.

De esta forma, tendremos que tener en cuenta que alguien denostado, no será tan malo como lo pintan, mientras que alguien que hace ingentes esfuerzos por mejorar su imagen no será tan bueno como se pretende.

En definitiva se trata de entender que sea el caso que sea, siempre nos encontramos con distorsiones en la percepción de las distintas realidades, de tal forma que tenemos que saber que existen estas distorsiones y tratar de corregirlas para entender una realidad que hace tiempo que está demasiado enmarañada como para sacar conclusiones de forma sencilla.

  1. #3
    18/03/12 08:53

    O sea, que si lo he entendido bien, se trata de que a los gestores de las empresas privadas les preocupa su imagen y a los de las empresas públicas les importa un pito. Que los de las empresas públicas no hacen nada ya que tienen su puesto asegurado, pase lo que pase, mientras el partido político que les enchufó les mantenga en su poltrona, pagada con el esfuerzo de todos los contribuyentes. Su única misión es hacer la pelota.
    Las cajas de ahorros, empresas públicas, lo han hecho mucho peor que los Bancos y han perdido todo nuestro dinero, las televisiones públicas son una máquina de perder pasta, y las tenemos que soportar durante décadas y décadas de pérdidas, enchufismo y pésima administración. Pero luego, esas empresas públicas, son víctimas, ya que no pueden defenderse.
    De los escandalosos sueldos de Aena, otra máquina de perder pasta, nos enteramos cuando quisieron hacer una increíble huelga, pero tú nos aseguras que son las víctimas.
    Pero bueno, hay un montón de empresas públicas que pierden dinero a manos llenas, de las que no nos enteramos, y por eso sus gestores no tienen que hacer nada para convencernos de lo buenos que son. El día que nos enteremos de alguna, pasará a ser víctima ya que no se podrá defender convenientemente, según tu opinión.
    Pues, vale.

  2. #2
    17/03/12 19:43

    ese es el problema, nadie dedica el mas mínimo esfuerzo en corregir distorsiones, y en la mayoría de ocasiones, ni siquiera se es consciente de que tales distorsiones pudieran existir ...

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