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Negocios online: ¿cero inversión?

Hay una clara corriente que, desde hace unos años, ha tratado de vender el medio online como la panacea de todos los problemas empresariales, surgidos, o no, a consecuencia de la crisis económica. La idea de que el mercado tradicional era algo obsoleto que debíamos desechar por esta nueva manera de llegar al cliente ha llenado numerosos artículos relacionados con el mundo de las finanzas.
 
Como algunas de sus muchas ventajas sobre el medio tradicional se ha destacado la posibilidad de llegar a un número ingente de consumidores potenciales las 24 horas del día y, lo mejor de todo, con una inversión prácticamente nula. Adiós a las barreras del espacio y el tiempo, hola a los ingresos con un riesgo de inversión muy bajo.
 

Saber estar en Internet

La verdad es que la idea, sobre el papel, no sólo es buena, sino que además no es del todo falsa. Donde nos hemos equivocado es en la diferencia entre el estar en internet y el saber estar en internet. Montar una tienda, o cualquier otro negocio, requiere una inversión relativamente baja, sobre todo si lo comparamos con el coste de montar un negocio físico. Y es que lo que cuesta no es montar la tienda, es empezar a vender.
 
 
Nos olvidamos que, una vez nuestro portal online está en marcha, el trabajo no ha hecho más que empezar. De la misma manera que el negocio tradicional debe resaltar sobre los competidores que se sitúan en su misma zona geográfica, nuestra página web tiene que destacar y distinguirse del resto; y en Internet la competencia es mucho más grande.
 
Las redes sociales parecieron ser, nuevamente, el remedio para este problema. Y todo el mundo se lanzó a abrir nuevos perfiles en Facebook, Twitter, Pinterest y cualquier otra red que despuntase. Y para la “gestión de contenidos” hablamos con el sobrino de turno, que de esto de Internet controla, y de paso me ahorro unos euros. 
 
El problema es que si antes no funcionaba la técnica, ahora, con los nuevos algoritmos que nos dirigen al denominado “Facebook Zero”, el momento en el que la visibilidad orgánica sea nula, mucho menos.
 

Una mínima inversión en SEO y SEM

Y hablando de algoritmos, aparece en escena el trabajo de SEO y SEM, o como el aparecer en los primeros puestos de Google, el buscador más utilizado, no es cuestión de magia. Es cuestión de conocer al gigante de las búsquedas, y caerle bien. Un trabajo que cuesta y que, aunque muchos negocios aún no quieran aceptarlo, necesitan un pellizco de la inversión total que queramos hacer en nuestro negocio.
 
Al fin y al cabo, el 75% del tráfico se reparte entre las tres o cuatro primeras posiciones. La conversión en compra dependerá de otros muchos factores, pero lo que está claro es que, sin esta primera barrera rota, tu negocio está abocado al fracaso.
 
Es cierto que, como todo, las empresas grandes lo tienen más fácil para hacerse un nombre en el  internet (por otro lado, sus inversiones en este medio también suelen ser altas), pero también hay mercado para los pequeños negocios. El primer paso para el éxito está, sin embargo, en aceptar que, como cualquier negocio, necesita recursos. 
 
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