La mirada limpia

22
Este contenido tiene alrededor de 10 años

LA MIRADA LIMPIA

27-06-11

 

No lo sabemos, pero sólo somos mirada.

Conocer a una persona es difícil, sobre todo si por avatares de la vida ha sido maltratada, zarandeada. Entonces, se cierra, se encierra en sí misma, y son muy pocos los que llegan a traspasar el umbral de su primera defensa. No digamos las últimas.

Pero resulta que esas personas tan difíciles de conocer son las más interesantes, las más complejas, las más valiosas.

Nuestro aspecto (de todos) es engañoso. Da igual cómo se vista uno; que maneras tenga; cómo se comporte y hasta lo que diga. Pero hay algo que uno nunca podrá ocultar a los ojos de alguien sensible e inteligente: la mirada.

Hay miradas de ira. Y miradas de amor. Y miradas de consuelo, de piedad y de compasión. Hay miradas furibundas, pero también las hay sonreídas, que acompañan a ese rictus delicioso y festivo y prometedor y conciliador y encantador que es una sonrisa.

Hay miradas de pena, de dolor, de sufrimiento (por ejemplo, en el dentista. Bueno: las miradas en el dentista son más bien de pánico y de estoico abatimiento. Y encima tienes que pagar una pasta).

Hay miradas alegres y miradas tristes, y hay miradas llenas de esperanza, y otras de cristiana resignación.

Hay miradas de jóvenes, siempre brillantes e impulsivas.

Y miradas de viejos, nada brillantes, un poco apagadas por unas cataratas que a lo mejor todavía no tienen. Pero cómo no van a tener esa mirada apagada, si su vida es una catarata de soledad y enfermedad.

Buscan los viejos la mirada dulce de alguien que les escuche y les atienda. Y son los más próximos los que primero  les abandonan, y ni siquiera les dedican una simple mirada.

Hay miradas de ternura, de emoción, cuando esas lágrimas que los hombres no nos gusta tener (entre otros motivos, porque saben a sal, y nosotros ya no tomamos sal), afloran traviesas de las escondidas profundidades de nuestra alma.

Hay miradas de niños, nuestras favoritas.

El hombre nace, crece, se reproduce y muere. Claro que sí. No hemos descubierto la pólvora, digo yo.

El hombre, da igual su fortuna o su condición, se mantiene honesto y puro siempre que recuerde el niño que fue.

Nosotros, cuando nos levantamos cada mañana queremos ser el niño puro, callado, tímido, obsequiante  que fuimos.

La vida a lo mejor nos ha maleado demasiado.

Nuestra abuela materna, terrateniente y rural, y con una sabiduría ancestral por las cosas del campo que competiría con el mejor personaje de una novela de Miguel Delibes (por ejemplo, el niño de Las ratas, acaso nuestra novela favorita de Delibes) nos decía de jóvenes: Piensa mal, y acertarás. Caramba con la abuela.

Pues no. Ni pensamos mal ni acertaremos. Queremos seguir siendo los niños inocentes que fuimos.

La mirada de un niño es pura en sí misma. No hay malicia en ella, ni envidia, ni celos, ni dinero, ni éxito, ni cultura, ni orgullo, ni soberbia.

No hay nada en la mirada de un niño, más puro candor e inocencia.

Cuando somos adultos, algunos, con todos nuestros defectos y pecados, hemos sabido recuperar esa mirada de niño.

Se llama la mirada limpia, esa mirada que las mujeres, siempre a la defensiva por la depredación que es el hombre, reconocen como una mirada amiga y desinteresada.

Al final,  algunos hombres  sólo queremos tener una mirada limpia. Nada más. Con eso nos conformamos.

Y resulta que algunos, pocos, lo conseguimos.

Eso sí, con un alto coste: el haber sido depredados por otros.

Preferimos una mirada limpia a cualquier otra cosa, aún a costa de que el Mal se enseñoree a veces en nuestras vidas.

Que le den por el culo al Mal.

(Es que nos estábamos poniendo demasiado cursis). 

  1. en respuesta a Borodin
    -
    #22
    10/07/11 00:11

    Bona nit. No t´havia contestat, soc un poc despistat i tinc poc de temps.
    Mai passa res. Si et dones compte tot s´ho fem nosaltres.
    Bueno, continúo en castellano, aunque seas de una ciudad cercana a València. No nos entenderán.
    Somos idiotas, claro, respecto a la ingenuidad.
    Pero si conservamos a ese niño, en la mirada de otro niño de 60 años, la sabremos apreciar. Y amigos seguro...
    Anoche estaba cenando con unos amigos. El que estaba a mi lado me dijo respecto a un comentario de otro "niño" que estaba sentado enfrente. "Este és un xiquet, no és un home". Con una sonrisa de superioridad.
    ¿ Crees que vale la pena contestarle?. Él es un hombre. Ojo. Un macho hispánico.Mi otro amigo, por lo visto no.Lo que no sabe es que es mas niño y mas hombre que él. Ja ja Tiene mucho éxito con las féminas. Se las lleva de calle.
    Pero bueno... Tampoco me voy a basar ahora, en el sexo.
    También pienso que dar amor es mejor que recibir. En ocasiones me doy una torta tremenda, pero... Mai passa res.
    El humor es imprescindible. Para pasarlo bien, porque segregamos hormonas humorísticas...Y la otra persona percibe esas ferhumonas. No importa el sexo. Sino tener olfato...Es el olfato de la amistad.
    Els negocis van mal, fem el que podem.
    Muchas gracias por lo del pié. Me pasé con el deporte.
    Molta salut i gràcies.El mateix et dic.
    Enric

  2. en respuesta a Lectora_eterna
    -
    #21
    03/07/11 23:41

    Hola lectora. Prefiero escritora.
    Te lo dice un pintor.
    Para escribir cuatro cosas... Me paso mucho tiempo.Y tu lo tienes mas fácil.
    Però ací, no passa res. Mai passa res.
    El que me escribas o no en valenciano, no significa nada.
    Los musos salen corriendo por la ventana... Son muy suyos. Unos libertinos... Pero de abandonada y solita, para nada.
    Yo odio la soledad. Es muy cierto. Pero aquí siempre tendrás a un amigo o amiga.
    ¿ Que me dices?. ¿ Cursi?.
    Todos somos el "anillo" que dice Bucay. Todos, sin excepción.
    Te comprendo cómo escritora, que me digas lo de enfrentarte al papel blanco...Yo te diría a un lienzo en blanco. Pero hay que dejarse llevar... No por un papel, o un lienzo... Sino por uno mismo.
    No tengas pudor. No vale la pena. Con una ducha diaria sobra.
    Salutacions.
    Enric

Cookies en rankia.com

Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Configuración de cookies”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra política de cookies.

Aceptar