La mujer enfadada

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LA MUJER ENFADADA

07-08-10

 

Hacía tiempo que no escribíamos una serie de columnas sobre un mismo tema. Pues hoy vamos a comenzar una serie nueva. A la columna de hoy seguirán las siguientes: La mujer desenfadada, La mujer cautiva, La mujer libre y La mujer sola.

Esperamos que no nos metamos con estas columnas en un berenjenal (o en un maizal), es decir, en una espiral machista (o incluso feminista, que nunca se sabe con nuestro caótico discurrir/escribir).

La mujer enfadada es una de las forma más puras del estado de una mujer, sobre todo si se trata de una mujer casada y con hijos, y cree que tiene el derecho exclusivo de posesión de su macho y padre de sus hijos.

La mujer tiende por naturaleza a la monogamia (es una verdad evolutiva incuestionable, aunque últimamente se están espabilando/igualando con los hombres), mientras que el hombre es un simple (y primitivo) semental polígamo, domesticado por los usos y costumbres, la moral judeo cristiana y por la incomodidad y el coste de un divorcio (como dijo alguien, sólo se pueden divorciar los suficientemente ricos, porque si se trata de un hombre normal, se queda literalmente en la calle).

Un hombre casado y con hijos, además de no catar el sexo como es debido y cada vez con menos frecuencia (y cuando lo cata, es de una manera forzada y aburrida: A ver si acabas de una vez, suelen decir ellas), suele hacer casi todo mal, menos trabajar y llevar dinero a casa, que eso mola.

Te casaste, la cagaste, nos decía un buen amigo.

La mujer soltera o sin pareja se suele enfadar menos, porque al menos todavía tiene la expectativa de futuro, la esperanza de que se cumpla su ideal romántico, ideal que nunca se cumple, por cierto. Los hombres nunca somos como nos imaginaron/soñaron las mujeres, y son tan ingenuas que creen que pueden llegar a cambiarnos alguna vez, cuando nuestras preferencias,  inclinaciones y vicios son producto de millones de años de evolución. No nos cambiamos nosotros ni queriendo, nos van a cambiar ellas. Hamos anda.

Hasta la mujer más tonta y materialista (así, que sólo quiere buenas casas, no trabajar nunca, comprarse docenas de  zapatos de Manolo Blahnik  y  tricenas de bolsos de Louis Vuitton ) puede llegar a tener un ideal romántico. En este caso a lo mejor ese ideal romántico no es un hombre, sino un caniche, por ejemplo, que suelen dar menos problemas que los hombres y además no roncan, no beben y no ponen los cuernos. Nunca hemos visto a una mujer satisfecha con un caniche al lado. No le hace falta ninguna sumisa mascota.  La mujer, cuando se cansa y desiste de encontrar el hombre adecuado, se compra un caniche o así. Eso no es un perro de verdad. Eso es una mierda. Que se compre el perro supremo, coño, el labrador. Eso sí que es un perro de verdad. Con un labrador al lado, la mujer enfadada pasaría a pertenecer a una categoría muy superior y más agradable: la mujer desenfadada.

Claro que la mujer sin pareja y sin hijos se enfada menos, porque, da igual la edad que tenga, es una incorregible romántica y piensa que cualquier día de éstos aparecerá su príncipe azul (o verde, que también los hay), y todavía considera que el hombre perfecto existe en algún sitio. Craso (o brutus) error, porque resulta que si hay algo realmente imperfecto y poco evolucionado en este mundo, es un hombre. Si lo sabremos nosotros, que somos hombres y conocemos muy bien nuestra retrasado, cavernario y animal género.

La mujer enfadada, normalmente casada y con hijos, se cabrea por todo, y toma como objeto de su furia y frustración a su pareja. Da igual lo que haga su pareja, pero siempre estará mal hecho.

Si uno llega demasiado tarde a casa, es porque llega demasiado tarde; si llega pronto, porque demasiado pronto; si decide ponerse a dieta y quitarse la barriga cervecera, porque tiene que cocinar algo especial; si decide no beber una temporada, porque entonces uno está menos divertido y brillante en las fiestas y en las cenas y es un hombre más aburrido; si  uno se levanta muy temprano para hacer deporte ( VMP,very morning person), porque uno le despierta; si al final, ya está los mismísimos güevos, uno decide irse a dormir a otro cuarto para que le dejen en paz, porque le abandonamos y no dormimos en la misma cama. En fin.

La mujer enfadada es egoísta, nada de empatía, cabezota, malhumorada, inquisidora, faltona, agresiva verbal. En definitiva, un primor de mujer.

La solución para tratar con una mujer enfadada es ignorarla por completo. Lo malo es que normalmente se suele enfadar todavía más.

Pues vale. Qué cruz. 

  1. en respuesta a Elfester
    -
    #2
    11/08/10 12:02

    Ja, ja. Me alegro que te guste, Elfester.

  2. #1
    10/08/10 23:57

    Me has hecho llorar de risa, porque es así, cómo lo dices...
    Tienes sentido del humor. ¡ Que bien escribes!. Este me gusta muchísimo...
    Bona nit.

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