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Blog Sergio Valverde
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El cuñado que quería invertir 40.000€ y el caos de los tres Excels

Un empresario me llamó un martes por la tarde. Su cuñado quería entrar en el negocio como socio aportando 40.000 euros. Era una gran noticia: llevaban años colaborando de forma informal, la confianza era total y solo faltaba plasmar los números en papel para firmar.

Me pidió que le ayudara a preparar esa información. Lo primero que hice fue solicitarle los datos financieros de la empresa. Me mandó tres archivos Excel:

  • El primero: Su control de facturación mensual.
  • El segundo: Una lista de gastos aproximados.
  • El tercero: Unas proyecciones hechas "a ojo" para enseñarle al cuñado lo que podría ganar.

Los revisé a fondo. Ninguno cuadraba con los otros dos.

Cuando le pregunté por la contabilidad oficial de la empresa —la que lleva su gestor y se presenta a Hacienda—, se hizo el silencio: "Eso lo lleva él. Yo no me meto mucho en ese papeleo".

Ahí empezó el verdadero problema.

Dos versiones de una misma realidad


Llamé al gestor y me descargué los ficheros contables. Al cruzarlos con los Excels, descubrí que contaban historias completamente distintas.

No es que hubiera ninguna irregularidad; el problema es que medían cosas diferentes, un error crítico en la gestión de micropymes:

  • El Excel del empresario se regía por el criterio de caja: anotaba lo que cobraba y gastaba cuando se acordaba o le parecía relevante.
  • La contabilidad oficial seguía el criterio de devengo: registraba cuándo se emitía la factura, no cuándo se cobraba, con el IVA desglosado y gastos amortizables que el empresario ni recordaba.

Para Hacienda, la contabilidad era perfecta. Para entender el negocio y valorar si valía la pena invertir, no servía para nada. Y los Excels tampoco, porque estaban llenos de lagunas y aproximaciones que solo el dueño sabía interpretar.

El cuñado iba a poner 40.000 euros de su bolsillo y, en ese momento, no existía un solo documento que una persona externa pudiera leer y entender de forma objetiva.

Tres semanas para responder a una sola pregunta


Nos costó tres semanas de trabajo tedioso limpiar los datos. No inventamos nada; simplemente nos dedicamos a cruzar la contabilidad oficial con la realidad operativa del negocio.

Surgieron desajustes típicos de una micropyme que funciona a su ritmo: facturas devengadas no cobradas, meses donde el IVA se mezclaba con los ingresos y gastos deducibles que no se habían computado. Nada grave, pero todo junto hacía imposible responder a la pregunta más básica que haría cualquier inversor inteligente: ¿Cuánto gana realmente este negocio?

Al final del proceso, sintetizamos todo en una sola página:

  1. Tres años de resultados reales ordenados en lenguaje analítico pero accesible.
  2. Los márgenes reales por tipo de servicio.
  3. Una proyección honesta del impacto que tendrían esos 40.000 euros en la tesorería y el crecimiento.

La reunión: Transparencia vs. Optimismo


La reunión con el cuñado duró apenas cuarenta minutos. Entró a la sala con la postura defensiva de quien va preparado para desconfiar y salió preguntando cuándo podían ir al notario.

No firmó porque los números fueran espectaculares o prometieran rentabilidades estratosféricas. Firmó porque eran claros. Estaban justificados y cada pregunta técnica tuvo una respuesta numérica concreta. Para alguien que arriesga su propio capital, la certeza vale mucho más que cualquier powerpoint optimista.

La lección que nos deja este caso


La mayoría de los autónomos y pequeños empresarios viven en dos mundos financieros que no se hablan: el Excel del día a día y el balance del gestor. Ambos son necesarios, pero ninguno de los dos, por separado, sirve para gestionar de verdad o para atraer capital.

Mientras el negocio es 100% tuyo, puedes permitirte gobernar en ese caos controlado. Pero en el momento en que necesitas financiación, un socio o un inversor, esa desconexión se convierte en una barrera insalvable. No porque ocultes algo, sino porque la falta de claridad genera la misma desconfianza que el engaño.

Si mañana un inversor o una entidad financiera te pidiera auditar los números de tu empresa, ¿tendrías un documento claro que enseñar o tendrías que pedir tres semanas de margen para ordenar la casa?

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