En Rankia se habla mucho de inversión, pero para un autónomo o una micropyme hay una inversión que suele ser la más rentable: evitar un concurso de acreedores.
Porque cuando una empresa entra en concurso, casi nunca es por un único motivo ni por un “desastre repentino”. Lo normal es que venga de una mezcla de decisiones, tensiones de mercado y, sobre todo, falta de control financiero práctico.
La clave: el concurso es un síntoma, no la enfermedad.
Qué lleva a una empresa a concurso (lo que realmente ocurre en pymes)
1) Insolvencia por tesorería, aunque “el negocio funcione”
La mayoría de pymes no quiebran por falta de ventas. Quiebran porque no pueden pagar a tiempo: proveedores, nóminas, impuestos, alquileres o bancos. Esto pasa cuando la empresa vive con el agua al cuello:
- cobras a 60–90 días y pagas a 30,
- tiras de póliza para el día a día,
- y cualquier imprevisto rompe la cadena.
2) Tipos de interés y deuda: el margen no aguanta
En un entorno de financiación más cara, negocios con margen ajustado lo notan rápido. Si la deuda es elevada o está mal estructurada (mucho corto plazo), sube el coste financiero y el problema deja de ser “gestión” para convertirse en matemática.
3) Pérdida de ventas o dependencia de un par de clientes
Un cliente grande que se va o se retrasa pagando puede desencadenar una crisis. La empresa puede seguir siendo “rentable en teoría”, pero el flujo de cobros se altera y llega el dominó: retrasos, tensiones, impagos.
4) Inflación de costes y precios que no se ajustan
Muchas empresas no trasladan costes a precios por miedo a perder ventas. El resultado es clásico: trabajas más, facturas parecido, pero el beneficio se desinfla. Y sin beneficio recurrente, la caja se agota.
5) Circulante fuera de control (stock y cobros)
En micronegocios el circulante mata en silencio:
- stock que no rota,
- compras “por si acaso”,
- clientes que pagan tarde,
- devoluciones o descuentos no previstos.
Es dinero bloqueado que no ves… hasta que lo necesitas.
6) Falta de información útil (contabilidad ≠ control)
Aquí hay un punto importante: tener gestoría no es lo mismo que tener dirección financiera. La contabilidad te dice lo que pasó. Pero cuando la empresa entra en estrés, necesitas ver:
- qué pasará en 2–8 semanas,
- qué pagos son críticos,
- qué palancas se pueden mover sin romper el negocio.
Sin eso, la dirección se convierte en intuición y urgencias.
Señales típicas (para saber si te estás acercando al borde)
Si te reconoces en varias de estas, conviene parar y revisar:
- pagas “según entra” y vas cambiando prioridades cada semana,
- estás usando aplazamientos de impuestos como financiación habitual,
- el banco te reduce límite o te pone más condiciones,
- el stock sube y no sabes por qué,
- hay ventas, pero cada trimestre estás más justo,
- no puedes responder con seguridad: “¿cuánta caja tendremos dentro de 30 días?”
Qué hacer antes de llegar al concurso: medidas reales y accionables
Aquí no hay magia, hay orden. Las medidas más efectivas en pymes suelen ser:
1) Previsión de tesorería (13 semanas)
Es la herramienta más “anti-susto” que existe. Te obliga a mirar cobros/pagos por semanas y anticipar tensiones antes de que te exploten.
2) Liberar caja del circulante
- reducir stock lento,
- ajustar compras,
- renegociar plazos con proveedores,
- acelerar cobros (incluso con descuentos selectivos si compensa),
- revisar condiciones comerciales.
3) Revisar precios y márgenes con números, no con sensaciones
No se trata de subir por subir, sino de detectar:
- qué líneas ganan dinero,
- cuáles lo destruyen,
- y dónde estás “trabajando gratis”.
4) Ajustar estructura (sin matar el negocio)
Recorte de costes fijos y optimización operativa. Mejor hacerlo a tiempo que hacerlo tarde y mal.
5) Refinanciar antes de que sea refinanciación “por pánico”
Si tienes deuda, se puede:
- pasar corto a largo,
- negociar carencias,
- simplificar garantías,
- pactar calendarios realistas.
La diferencia es el momento: si negocias tarde, te aprietan; si negocias pronto, tienes margen.
6) Usar herramientas legales preconcursales cuando toca
En España existen mecanismos para negociar reestructuración antes de entrar formalmente en concurso (planificación y negociación con acreedores). Pero para que funcionen, la empresa debe llegar con algo esencial: viabilidad y credibilidad.
Y si ya estás en concurso: ¿hay salida?
Depende de si el negocio es viable y de cuánta caja pueda generar. Las salidas típicas, cuando hay margen para ello, suelen ser:
- convenio con acreedores (quitas/esperas),
- venta de unidad productiva (salvar el negocio “sano”),
- continuidad con reestructuración operativa y financiera,
- o, si no hay viabilidad, liquidación ordenada (que a veces es lo más responsable).
¿Dónde encaja un CFO externo en todo esto?
En micropyme y autónomos hay un vacío enorme: no se necesita un “director financiero de plantilla”, pero sí se necesita dirección financiera. Un CFO externo es útil por una razón muy simple: pone el foco en los indicadores que evitan el precipicio. Y normalmente trabaja en tres capas:
- Caja (tesorería, previsión, prioridades, tensiones).
- Márgenes y estructura (qué deja dinero, qué lo quita, y por qué).
- Deuda y negociación (anticipación, calendario, reestructuración).
No sustituye al gestor. Lo complementa: el gestor asegura cumplimiento; el CFO asegura viabilidad y control.
La idea importante
La mayoría de concursos son evitables.
Lo que suele ser inevitable es el concurso cuando se llega tarde, sin números y sin plan. Y si estás en una micropyme, la pregunta no es “¿me va bien o mal?”
La pregunta correcta es:
¿Estoy midiendo lo que necesito para que el negocio siga vivo dentro de 3 meses?
Lo que suele ser inevitable es el concurso cuando se llega tarde, sin números y sin plan. Y si estás en una micropyme, la pregunta no es “¿me va bien o mal?”
La pregunta correcta es:
¿Estoy midiendo lo que necesito para que el negocio siga vivo dentro de 3 meses?
2