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La crisis actual y la década perdida japonesa



El largo estancamiento económico de Japón durante la mayor parte de los años 90 y principios de siglo, puede ofrecer indicaciones útiles sobre la previsible duración de la crisis financiera global o sobre la forma más apropiada de luchar contra ella.

¿Qué ocurrió para que la e
conomía japonesa entrase una fase de estancamiento cercana a la depresión en los años 90?
En 1990 y 1991 estallaron las burbujas bursátil e inmobiliaria que se habían creado en los años 80, como consecuencia de la desregulación financiera (como en la crisis actual) y de una política monetaria muy expansiva. Las razones del estallido fueron unos precios insosteniblemente elevados y el incremento de los tipos de interés desde mediados de 1989, para hacer frente a las presiones inflacionistas. En 1990 el índice Nikkei se redujo un 50% en apenas nueve meses. Los precios del suelo empezaron a caer en 1991 y se redujeron a la mitad en nueve años.

La explosión de la burbuja de activos tuvo dos consecuencias principales. En primer lugar, los bancos se vieron obligados a reducir los préstamos de forma notoria, para mantener el coeficiente de capital y combatir la morosidad, debido a que, el sistema bancario, al igual que en la crisis actual, tenía una gran parte de su capital en propiedad inmobiliaria y acciones, y que, en gran medida, sus prestamos estaban garantizados con esos activos. En segundo lugar, el efecto riqueza dió lugar a un estancamiento del consumo privado y la caída del mismo, provocó tensiones deflacionistas. La grave crisis bancaria se generó como consecuencia del incremento de los préstamos de dudoso cobro y de las pérdidas de las instituciones financieras. Esa crisis, sumada a la cada vez mayor aversión al riesgo por parte de los bancos, desembocó en una muy importante compresión del crédito, pese a las medidas expansivas de las autoridades monetarias. Como es bien conocido, Japón entró en una “trampa de la liquidez”, situación en la que la política monetaria expansiva no tiene eficacia ninguna porque los agentes prefieren tener liquidez a prestar o tomar prestado, sea cual sea el tipo de interés. La crisis bancaria finalmente estalló en 1997.

¿Qué medidas se tomaron?
Las respuestas de política económica se centraron en medidas fiscales y monetarias muy expansivas. Entre 1992 y 1999 se lanzaron nueve programas de estímulo fiscal por valor de 130 billones de yenes (25% del PIB anual), lo que hizo que el saldo presupuestario pasara de +2,9% del PIB en 1990 a -6,8% en 2000. La deuda pública aumentó del 65% del PIB en 1990 al 151% en 2002. En cuanto a la política monetaria, se fueron bajando los tipos de interés hasta alcanzar prácticamente cero en 1999, medida que se mantuvo hasta 2000 y se repitió de nuevo entre 2001 y 2003. A partir de 2001, se aplicó también una política de facilitación cuantitativa (quantitative easing). Pese a esas medidas, los bancos siguieron siendo reacios a prestar.En suma, las políticas expansivas de demanda fueron ineficaces para luchar contra el estancamiento y la deflación, aunque seguramente impidieron una recesión más aguda.

En cuanto a la crisis bancaria de 1997,
se abordó con masivas inyecciones de dinero público, con el mantenimiento de un sistema de empresas y bancos "zombis" para evitar la plena declaración de los préstamos incobrables y con la constitución de varios fondos, parcialmente privados, para adquirir los activos deteriorados de los bancos. Sólo a partir de 2002 el gobierno tomó medidas enérgicas para luchar contra la crisis bancaria: el Plan Takenaka que consistió en una auditoría completa de los bancos (y en obligarles a cancelar los préstamos incobrables), la nacionalización del Resona Bank y la quiebra o fusión de los bancos más débiles. Ese plan consiguió lo que no habían podido hacer las medidas parciales anteriores: reducir el riesgo de quiebras repentinas y desvelar la verdadera situación de los balances bancarios, con lo que se consiguió recuperar la confianza de los inversores en el sistema financiero. Tras la resolución tardía de la crisis bancaria y coincidiendo con un aumento de las exportaciones a EEUU y China, la economía japonesa empezó a mostrar signos de recuperación en 2003.

Enseñanzas para la crisis actual
La crisis actual podría ser bastante larga, a tenor de que una crisis parecida duró 12 años en Japón. En EEUU algunos analistas ya descartan una recuperación rápida, en forma de V, y se inclinan por una evolución de la crisis en forma de U o incluso de L, en la que, en el mejor de los casos, no habría colapso abierto sino un
crecimiento muy bajo, casi depresivo. La experiencia de Japón sugiere que los estímulos fiscal y monetario pueden perfectamente ser insuficientes si no se resuelve la crisis bancaria, esto es, que las políticas expansivas de demanda son condiciones necesarias, pero no suficientes, para la recuperación.


Vía [Real Instituto Elcano]

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