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Cartera Permanente

Para el dinero que no puedes permitirte perder

¿El interés de los bonos de largo plazo no puede bajar del 0%?

Cuando describo los componentes de la Cartera Permanente no pueden faltar nunca las críticas a la utilización de bonos de largo plazo: "Al nivel al que están actualmente los tipos de interés los bonos solo pueden bajar". Esta predicción lleva más de una década repitiéndose, cuando el interés del bono de referencia alemán de 30 años estaba al 4%, y ya vamos por debajo del 1% (para los despistados, cuando los tipos de interés bajan el precio de los bonos sube, y viceversa):

La utilización de este activo en la Cartera Permanente, con un peso del 25%, no es caprichosa, ya que su función es protegernos de (y ganar con) la deflación. Y vaya si funciona, no hay más que ver los resultados del pasado año, en el que las tasas negativas de inflación en Europa impulsaron nuestro bono alemán de 30 años casi un 35%. "Pero al nivel que terminaron los tipos en 2014 este año los bonos ya sí que solo pueden bajar, ¿no?" Pues de momento parece que tampoco, porque el actual bono alemán más largo ha cerrado enero con una revalorización superior al 10%:   Leer más

La Cartera Permanente subió un 13% en 2014

Si en la Nochevieja de 2013 hubieramos estado charlando de inversiones con algún conocido experto en la materia, probablemente nos habría advertido de que los bonos iban a ser una pésima inversión: "Con los tipos de interés actuales la renta fija SOLO puede bajar". Y sin embargo durante 2014 la renta fija subió, subió y no paró de subir. En concreto, para la siguiente Nochevieja nuestro bono alemán de 30 años (ISIN DE0001135481, el más largo en aquellos momentos, aunque ahora hay disponible otro mayor) se habría revalorizado un 34,62%, además de pagarnos un modesto interés del 2,65% (suponiendo su compra al comienzo del año).

Este acierto no tiene nada de extraordinario, la renta fija bien podría haber bajado y puede que lo haga en este 2015, o puede que no. Nada de ello importa si realizamos una diversificación real de activos y siempre contamos con los que podamos necesitar, sea cual sea el estado de la economía. Hay diferentes formas de conseguir este objetivo, pero una de las más sencillas, baratas y efectivas es la Cartera Permanente, según la cual solo necesitamos cuatro componentes repartidos a partes iguales en nuestra cartera: renta variable, oro, bonos y dinero. Y ya está, nada hacer market timing, análisis técnico ni estar al día de las noticias económicas; tan solo comprar tus cuatro activos y asegurarte de vez en cuando de que su peso en la cartera no se ha desviado demasiado del 25% objetivo (y cuando digo de vez en cuando, es que te puedes pasar muchos años sin necesidad de hacer una sola operación). Yo hace años que la utilizo para el grueso de mi patrimonio y os aseguro que desde entonces duermo mejor que nunca, incluso cuando el oro se desplomó en 2013 sabía que los otros activos harían su trabajo.   Leer más

Por qué utilizo la Cartera Permanente, en cuatro gráficos

La Cartera Permanente es una estrategia de inversión pasiva ideada por Harry Browne hace ya más de tres décadas, que durante todo este tiempo ha demostrado ser segura, estable y rentable utilizando una diversificación de activos sencilla pero altamente efectiva. Para su funcionamiento solo se necesitan cuatro componentes que suelen comportarse excepcionalmente bien ante determinados estados de la economía: renta variable para ganar con la prosperidad, oro para ganar con la inflación, bonos de largo plazo para ganar en la depresión y renta fija de corto plazo para soportar las subidas de tipos de interés.

Esta estrategia es tildada de "exótica" por la mayoría de expertos, que no conciben invertir en metales preciosos o bonos de 30 años, y contradice la creencia popular de que con menos de un 50% de renta variable es muy difícil lograr un crecimiento patrimonial por encima de la inflación. Sin embargo, el tiempo ha dado la razón a Harry Browne y se ha demostrado su buen funcionamiento durante décadas ante todo tipo de escenarios económicos.   Leer más

Bonos para ganar en la depresión (YTD +23,5%)

La Cartera Permanente es una estrategia de inversión poco conocida, pero que en las últimas cuatro décadas ha conseguido una rentabilidad similar a la de la inversión pura en renta variable (acciones) con mucha menos volatilidad. Basada en la inversión pasiva, en la diversificación real de activos y en la neutralidad en cuanto a las expectativas sobre el futuro, el secreto de su éxito es contar en todo momento con los activos que podamos necesitar algún día, permitiéndonos proteger siempre nuestros ahorros más preciados mientras crecen de forma sostenida.

Para refrescarte la memoria o conocer más sobre la estrategia, te remito a los anteriores artículos publicados en Rankia:

  1. Cómo invertir en un mundo incierto
  2. Una estrategia simple, segura, estable y rentable
  3. Renta variable para la prosperidad
  4. Oro en la Cartera Permanente

Estos activos que podemos necesitar algún día tienen un comportamiento especialmente bueno en cada uno de los principales estados predominantes de la economía, de forma que sus ganancias normalmente compensan de sobra las pérdidas del resto de activos. Pero lejos de ser una composición compleja, solo necesitamos cuatro activos, que se corresponden con los estados económicos de la prosperidad (renta variable), la inflación (oro), la recesión por escasez de dinero (renta fija de corto plazo) y la deflación/depresión (renta fija de largo plazo).   Leer más

Oro en la Cartera Permanente

El oro es un activo que debería incluirse en la cartera de cualquier inversor, bien sea como "seguro financiero" por si todo lo demás falla o directamente para rebalancear junto al resto de activos, beneficiándonos de su alta volatilidad y descorrelación. En la Cartera Permanente es un componente fundamental y su peso objetivo es del 25% de la misma, al igual que los otros tres componentes que la componen: renta variable, bonos de largo plazo y renta fija de corto plazo. En esta estrategia de inversión, formulada por Harry Browne a finales de los años 70, cada uno de los cuatro componentes es elegido para que tire de la cartera en un estado económico determinado, y en el caso del oro este estado es la inflación.

Muchos inversores descartan el oro sin dudar porque lo consideran un activo especulativo sin valor intrínseco, no genera flujos de caja (no paga dividendos ni intereses) y, en el largo plazo, solo consigue mantener el poder adquisitivo. Lo anterior puede ser o no cierto, pero carece de importancia ante una realidad incontestable: cuando disminuye la confianza en la moneda el precio del oro se dispara. Sí, no se limita a mantener su valor o proteger contra la inflación, si esta se desboca la demanda del oro se desboca igualmente y su precio se multiplica, permitiendo trasvasar esas suculentas ganancias de capital hacia el resto de compontes de la cartera, a la espera de que más adelante lleguen sus días dorados.   Leer más

Renta variable para la prosperidad

Ya explicamos en los anteriores artículos que el mundo es incierto y, por lo tanto, solo podremos asegurarnos el éxito como inversores si siempre estamos preparados para dicha incertidumbre. La mejor forma de hacerlo es utilizar una estrategia que implemente diversificación real de activos, los cuales puedan comportarse bien ante cualquier clima económico, tal y como hace la Cartera Permanente. Esta estrategia ha demostrado en los últimos 40 años seguridad, estabilidad y rentabilidad por encima de la inflación, utilizando únicamente cuatro componentes (renta variable, oro, renta fija de largo plazo y renta fija de corto plazo) que se comportan especialmente bien durante los cuatro estados fundamentales de la economía: prosperidad, inflación, deflación y recesión.

Pero cuidado, porque hay muchos tipos de activos que pueden englobarse dentro de una categoría, como puede ser renta variable o renta fija, y no todos servirán para nuestros propósitos. De hecho, la mayoría no lo harán. En este artículo analizaremos los activos necesarios, o más recomendables, para asegurarnos de sacar toda la rentabilidad posible a la prosperidad (sin que ello nos perjudique más de la cuenta en el resto de estados económicos), y en otros posteriores estudiaremos el resto de componentes de la Cartera Permanente.
 
Qué es la prosperidad
 
La prosperidad es el estado ideal de la economía, todos estamos felices porque las cosas van bien: abunda el empleo, las oportunidades de negocio e inversión, crecen los estándares de vida, tenemos dinero y lo gastamos. Con este panorama, que suele estar acompañado de una inflación controlada y unos tipos de interés estables, el caballo ganador son las acciones y hasta un mono tirando dardos puede formar una cartera de renta variable ganadora. De hecho, lo haría mejor que la media del conjunto de inversores después de pagar las comisiones de sus gestores.
 
En la historia reciente la prosperidad ha sido el clima económico más habitual y probablemente por ello sea con el que más estamos familiarizados, hasta el punto que cualquiera de los otros los consideramos una anomalía temporal, que tarde o temprano nos volverá a llevar a la prosperidad. No es este el momento de profundizar en este sesgo cognitivo y lo desastroso que puede ser para nuestro dinero más valioso apostar todo a la teoría de “stocks for the long run”, así que nos limitaremos a repetir que siempre debemos estar preparados para la prosperidad, pero no más que para el resto de posibles escenarios económicos.
 
En cuanto al resto de activos de la Cartera Permanente, mientras la inflación esté controlada y sin visos de subir el oro se comportará mal. En cambio los intereses de los bonos normalmente nos proporcionarán un aporte extra a la cartera, con una rentabilidad ligeramente superior a la inflación en el caso de la renta fija de largo plazo.
 

Necesitamos comprar todo el mercado

 
Para obtener todo el potencial de la prosperidad con la renta variable necesitamos comprar todo el mercado. No nos sirve una selección arbitraria de acciones que podrían comportarse mal justo cuando más las necesitamos, ni apostar por un sector que creamos superior y luego pueda verse afectado por regulaciones o problemas específicos que solo afecten al mismo. El éxito de nuestra cartera depende de que la parte de renta variable (un 25% de nuestros activos totales) extraiga todos los beneficios del mercado de acciones en su conjunto y la mejor forma de conseguirlo es mediante un fondo indexado que invierta en todas ellas.
 
Es posible que, aunque comprendas que seleccionando acciones individuales no puedes lograr la suficiente diversificación y seguridad de acierto, tengas la tentación de confiar en alguien que sí pueda hacerlo,  alguien que supuestamente haya demostrado tener buen criterio en el pasado obteniendo más rentabilidad que el conjunto del mercado. Es un error. Numerosos estudios demuestran que en el largo plazo la gestión activa ofrece resultados inferiores a la gestión pasiva (fondos indexados) después de costes; y si lo piensas bien es totalmente lógico pues el grueso del mercado lo forman los gestores activos que luchan entre sí por obtener una mayor rentabilidad, ganando unas veces unos y otras otros (y lo que le queda al inversor es el resultado de todo ello después de abonar los costes y comisiones de gestión, es decir la rentabilidad media del mercado menos los costes de intentar batirlo).
 
Esto no quiere decir que no haya gestores que puedan superar las rentabilidades del mercado, pero las probabilidades de que encontremos uno de ellos son muy bajas. Normalmente, cuando nos fijamos en un buen gestor es porque su historial de rentabilidades es muy bueno, pero eso solo significa que, por los motivos que sea, lo hizo bien en el pasado. Y es igual de difícil seleccionar a los gestores ganadores del futuro como a las acciones ganadoras, por muy bien que unos u otras se hayan comportada en el pasado; pero en el caso de los gestores es todavía peor porque sus altas comisiones de gestión se comerán sí o sí una parte de la rentabilidad.
 
Otros requisitos obligatorios y recomendados
 
Por tanto, el requisito principal para la parte de renta variable de la Cartera Permanente es invertir en todo el mercado, mediante un fondo indexado que no realice selección de acciones ni market timming. De hecho, además de asegurarnos de que así obtenemos la rentabilidad de todo el mercado, es la forma más barata de invertir, dado que sus comisiones son muy inferiores a las de los fondos de gestión activa (y las comisiones tienen un efecto devastador en el largo plazo debido al poder del interés compuesto).
 
Con un fondo indexado nos aseguramos también de que la parte de renta variable de la cartera siempre esté invertida al 100% en renta variable. En cambio, los fondos de gestión activa suelen tener parte en cash o renta fija para aumentar o disminuir la exposición a la renta variable según sean las expectativas del gestor sobre lo que va a hacer el mercado, causando que nuestros porcentajes de los 4 activos de la Cartera Permanente no estén balanceados (y puede que no tengamos la cantidad necesaria de renta variable justo cuando más la necesitamos).
 
Por otro lado, dentro de los fondos indexados de gestión pasiva hay diferentes índices replicados, debemos elegir el más amplio posible dentro de la economía en la que queremos invertir, para obtener una mayor diversificación. Por ejemplo dentro de la eurozona (la economía en la que debemos invertir si formamos una Cartera Permanente en euros) hay varios índices, pero entre el EURO STOXX 50 que invierte en 50 acciones distintas o el MSCI EMU que lo hace en cerca de 250, es preferible este último.
 
Además, hay que tener cuidado de no seleccionar un fondo que replique el índice de forma sintética, es decir sin comprar realmente las acciones del índice sino otros valores totalmente distintos, comprometiéndose el emisor a darnos la rentabilidad que obtenga el índice. Esta práctica es habitual en ETFs y supone correr un riesgo innecesario, ya que bajo determinadas circunstancias el emisor podría incumplir sus compromisos y perder nuestra inversión, sin importar lo bien que lo estuvieran haciendo las acciones subyacentes. Por ello, debemos asegurarnos de que la réplica del índice sea física.
 
Con relación a lo anterior, para disminuir todavía más los riesgos de contraparte sería recomendable utilizar al menos un par de fondos, de gestoras distintas y a través de distintos intermediarios. Esto no aumentará ni disminuirá la rentabilidad de la Cartera Permanente, porque aunque usemos varios fondos su rentabilidad será similar, pero nos proporcionará un extra de seguridad.
 
Finalmente, como hemos insistido a lo largo de esta entrada, los fondos indexados cobran una menor comisión que los fondos de gestión activa y ahorrar costes es fundamental para la salud de nuestra cartera. Pero también existen otro tipo de costes, como pueden ser los que cobran los intermediarios (costes de compra-venta y/o custodia) y sobre todo los fiscales, al vender un fondo con ganancias o al cobrar dividendos. Para reducir estos costes, la opción ideal es utilizar fondos de inversión (no ETFs) ya que no suelen llevar asociados costes de intermediarios y, además, podremos traspasarlos sin tributar por las plusvalías. Por otro lado, sean fondos de inversión o ETFs debemos intentar que no paguen dividendos y en su lugar los reinviertan en el propio fondo sin que tengamos que tributar por ellos.
 
Un poco de diversificación geográfica no hace daño
 
Como comentamos en el apartado anterior, hay que comprar el mercado de renta variable de la economía en la que queremos invertir, y esta debe ser la más amplia posible que utilice nuestra divisa (o la divisa en la que queramos formar la Cartera Permanente). Lo habitual es que la divisa elegida sea la que previsiblemente vayamos a utilizar el resto de nuestra vida, es decir la utilizada en nuestro país de residencia, actual y/o futuro. En el caso del euro por tanto compraremos renta fija de corto y largo plazo denominada en euros y la parte de renta variable tiene que estar igualmente denominada en euros (la excepción de la cartera es el oro, ya que por sí mismo puede considerarse una divisa y es imprescindible que se pueda comportar bien en caso de que nuestra moneda se debilite).
 
La ortodoxia de la Cartera Permanente por tanto indica que la renta variable debe cubrir la Eurozona (el conjunto de países, dentro de la Unión Europea, que comparten un mismo mercado y una misma moneda y donde se ejecuta una política monetaria única), o bien los Estados Unidos si nuestra Cartera Permanente se fija en dólares. En otros casos (libras, francos suizos, yenes, etc.) también se puede formar una Cartera Permanente, pero para que la estrategia funcione bien es necesario que sea una economía lo suficientemente diversificada y con un mínimo de seguridad legal y política.
 
Ahora bien, un poco más de diversificación geográfica en la renta variable no nos hará daño y podría proporcionarnos además otras ventajas. Siempre y cuando la mayor parte de las acciones de nuestra Cartera Permanente estén expuestas a nuestra zona económica y denominadas en nuestra divisa, algo de renta variable mundial diversificada (resto de Europa, Norte América, Asia-Pacífico y Emergentes) puede ayudarnos frente a un escenario de inflación local que no mueva lo suficiente el precio del oro, o frente a una deflación prolongada a la japonesa.
 
Sin embargo, si no mantenemos la suficiente renta variable de nuestra zona económica no estaremos lo bastante preparados para la prosperidad y, en general, nuestra Cartera Permanente tendrá una mayor volatilidad.
 
Resumen y fondos recomendados
 
Como el artículo se ha alargado más de la cuenta, vamos a resumir los puntos más importantes a considerar a la hora de seleccionar los fondos necesarios para la parte de Renta Variable de nuestra Cartera Permanente y, después, indicaremos algunas de las opciones más interesantes que tenemos a nuestra disposición.
 
  1. Las acciones incluidas deben tener una exposición mayoritaria a nuestra zona económica y estar denominadas en nuestra divisa.
  2. Debe buscarse la máxima diversificación posible, idealmente cubriendo todo el mercado mediante un fondo indexado amplio (ej: MSCI EMU), sin limitarnos a determinados sectores o tipos de empresas.
  3. La inversión tiene que estar al 100% en renta variable, siempre, sin que rote parte de la cartera a renta fija o efectivo.
  4. La replicación del índice debe ser física, no sintética mediante swaps y otros productos financieros derivados.
  5. Los costes totales del fondo, medidos por su TER o Total Expense Ratio, deben ser los más bajos posibles (<= 0,5%).
  6. Debemos intentar reducir también el resto de costes, especialmente los fiscales, para lo cual daremos preferencia a los fondos de inversión frente a los ETF (por poderse traspasar sin tributar por las plusvalías) y a los fondos de acumulación frente a los de distribución (para evitar la retención fiscal).
Ahora mismo, solo hay dos fondos que cumplan todas estas características y que se puedan contratar de forma sencilla en España, son los siguientes:
 

Pictet-Euroland Index-P EUR (ISIN LU0255980913)   Leer más

Una estrategia simple, segura, estable y rentable

Para invertir con éxito en un mundo incierto no necesitamos complejas estrategias de difícil mantenimiento y ejecución, el famoso principio  Keep It Simple (Stupid!) funciona en casi todos los aspectos de la vida y la inversión no es una excepción. Con solo cuatro activos (renta variable, oro, renta fija de largo plazo y renta fija de corto plazo), la Cartera Permanente consigue una seguridad y estabilidad asombrosas, al tiempo que ha demostrado ser muy rentable, con ganancias anualizadas entre un 4,5% y un 5% por encima de la inflación.

 

Contar siempre con los activos que podamos necesitar

La clave del éxito de la Cartera Permanente es contar siempre con los activos que podamos necesitar algún día. Una vez formada, debemos dejarla funcionar sola y olvidarnos de ella 364 días al año (365 si es bisiesto), confiando en que su seguridad nos protegerá ante cualquier amenaza. Si nuestra cartera no puede proporcionarnos esa confianza, no es una cartera segura.   Leer más

Cómo invertir en un mundo incierto

Es fácil creer que el futuro se desarrollará de cierta manera con una alta probabilidad, que los mercados subirán o caerán en el corto o medio plazo, que la inflación o los tipos de interés aumentarán o disminuirán, que la economía europea o norteamericana mejorará o empeorará en los próximos años… pero el futuro invariablemente contradice nuestras expectativas de una u otra forma.
 
La cruda realidad es que las predicciones rara vez se cumplen, los sistemas de trading nunca producen los resultados anunciados y los analistas, gestores y gurús de la inversión con abultados historiales de acierto pierden su toque justo cuando empezamos a actuar según su criterio. Muchas veces la predicción puede ser incluso correcta en términos generales, pero el evento más inesperado o  insignificante puede hacer fracasar nuestras inversiones, por muy concienzudos y lógicos que pudieran ser los análisis.
 
Una y otra vez fallamos al invertir basándonos en expectativas que no se cumplen, o que lo hacen de forma diferente o en un momento distinto al previsto, y aún así volvemos a repetir el error cada vez que creemos haber encontrado una predicción segura. Pero la certeza no existe en el mundo real, inversores, analistas y economistas disfrutan discutiendo de las fuerzas que inevitablemente conducirán a uno u otro resultado. Hablan sobre fundamentales, análisis técnico, movimientos cíclicos, decisiones políticas, etc. pero todo eso no es más que charlatanería, rara vez nos resulta útil para obtener ganancias consistentes.
 

Estrategia de inversión para un mundo incierto

 
¿Por qué seguimos manteniendo la fe en encontrar la forma de invertir con éxito anticipándonos al mercado, cuando la única realidad es que el futuro es impredecible? No existe ninguna forma de eliminar la incertidumbre, así que sólo podemos asegurar el éxito si la aceptamos y dejamos que forme parte de nuestra estrategia inversora.
 
Esta estrategia debe basarse en el hecho de que vivimos en un mundo incierto y el futuro es impredecible, por lo tanto debe poder funcionar bien con cualquier clima económico que nos toque vivir. Además no tiene que requerir predicciones de ningún tipo, la estrategia no debe modificarse sea cual sea el estado en el que creemos que está la economía o estará en el corto, medio o largo plazo. Solo podremos alcanzar la seguridad financiera con una estrategia permanente, que nos permita ocupar nuestro tiempo y nuestra mente en lo que realmente puede hacer crecer nuestra riqueza de forma considerable (nuestro trabajo), o bien en vivir la vida sin preocuparnos constantemente por el devenir de nuestro patrimonio.
 
La pregunta del millón es, ¿qué productos de inversión pueden cumplir esos objetivos? Ningún producto por sí solo puede hacerlo, pero la adecuada combinación de ellos sí. Así que el primer paso para poner en marcha la estrategia es crear una cartera balanceada y permanente, que incluya diversificación real. Para los inversores en renta variable diversificación suele significar comprar una veintena de acciones, o añadir a su cartera unas pocas acciones defensivas, algo de renta fija o, en el mejor de los casos, invertir en todo el mercado mediante fondos indexados. Pero esto es poco más que una parodia de lo que significa diversificar, ya que el éxito de la cartera dependerá únicamente de la prosperidad económica y dará muy poca o nada de protección frente a otros posibles escenarios.
 
 

Diversificación real con la Cartera Permanente

 

Diversificación real significa ir más allá de los productos de inversión tradicionales para cubrir cualquier cosa que nos depare el futuro y, además, que la cartera esté compuesta de tal forma que permita obtener ganancias y crecimiento, sin que las pérdidas de unos productos anulen las ganancias de los otros. No se trata de comprar un poco de esto y otro de lo otro, sino de elegir los productos adecuados para cada clima económico. La clave es seleccionar para cada parte de la cartera un producto muy volátil, que cuando gane lo haga mucho y compense de sobra las pérdidas de los otros. Con el paquete adecuado, en lugar de anularse mutuamente las ganancias lo que se anulará serán las volatilidades individuales, dando lugar a unas ganancias sostenidas y estables.   Leer más

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