En ocasiones suelo preguntarme si la tecnología sigue estando al servicio de la sociedad, o si, con el nivel de desarrollo alcanzado, ya es la sociedad la que ha pasado a estar al servicio de la tecnología.
Hasta principios de 2019, año en que ya contábamos con el iPhone 11 Pro o el Samsung Galaxy Note 10+ y se estrenaba la tecnología 5G, me seguía negando a utilizar un smartphone, ya que no quería sentirme obligado a tener que adoptar la moda de la telefonía “inteligente” y estar enganchado al móvil todo el día. Estaba muy a gusto con mi teléfono celular con tapita, que hasta me resultaba mucho más elegante.
No obstante, sabía que la tecnología estaba ahí, a mi servicio por si la necesitaba.
Pero llegó el momento de tener que hacer un Bizum, y aunque lo intentaba hacer desde la web del banco, el código de seguridad solo lo recibía en la App de la entidad, que no podía descargar en mi elegante teléfono celular.
Mi entorno ya quería comunicarse conmigo de forma instantánea y gratuita, y yo les seguía obligando a enviarme los sms de pago; por lo que dejé de recibir tantos mensajes.
La llegada del alquiler de vehículos compartidos me resultó muy útil para desplazarme por la ciudad, pero evidentemente ese servicio no estaba diseñado para mi elegante teléfono móvil.
Después de un impedimento tras otro, finalmente fui yo quien tuvo que ponerse a disposición de la tecnología, y dar de baja a mi querido teléfono con tapita.
Pero esa no fue la única ocasión en que la tecnología me ganó el pulso.
Con la llegada de la crisis sanitaria en 2020, somos conscientes que el mundo vivió un antes y un después de la pandemia. Entre otros cambios, visitar un restaurante ya requería no solo tener un smartphone, sino contar con la aplicación para leer el nuevo formato de la carta de menú mediante código QR, y así evitar contacto con la carta física del menú y posibles contagios. Por suerte, si insistías, finalmente te traían la carta física que aún tenían por ahí guardada.
Debo reconocer que desde que adquirí mi primer smartphone tuve acceso a innumerables servicios, de los cuales algunos ya existían aunque cambiaron su método de acceso, y otros que se crearon al calor de los teléfonos inteligentes.
Pero por “desgracia”, soy de aquellas personas a las que les duran mucho tiempo las cosas, y las conservan en buen estado durante años… ¿Y eso es una desgracia?
Definitivamente sí, porque mientras pasa el tiempo, los modelos de teléfonos cambian y las Apps se actualizan; hasta que llegó un día en que la nueva versión de la App de mi banco ya no era compatible con el modelo de mi teléfono móvil, y al no poder actualizarla, simplemente quedé sin acceso a la banca online desde mi móvil.
Y eso no fue todo, dado que en mi trabajo cambiaron las medidas de seguridad para poder conectarse en remoto (fuera de la oficina), y la App que necesitaba para poder identificarme, tampoco era compatible con el modelo de mi teléfono móvil. ¿Solución? Comprar otro teléfono, a pesar de que el mío aún estaba impecable… ¡Otra vez poniéndome a disposición de la tecnología!
Y a pesar de tener ya un nuevo modelo de smartphone, hasta hace unos días seguía negándome a bajar la aplicación para leer los códigos QR de las cartas de menú de los restaurantes; pero en mi gimnasio al que hasta ahora accedía introduciendo la huella digital en un dispositivo, decidieron cambiar esta semana la forma de acceso, y ahora solo se puede acceder mediante código QR. Caso contrario, te quedas afuera.
Nuevamente la fuerza de la tecnología vuelve a ganarme el pulso, y es la que me marca el paso imponiéndome sus tendencias: me gusten o no me gusten.
La tecnología ha llegado para quedarse
A lo largo de la historia, la calidad de vida de nuestra sociedad ha ido progresando gracias a los avances tecnológicos, cuya aceleración se produjo a partir de la década de los 90, con la llegada de Internet y el desarrollo de las telecomunicaciones que nos facilitan la vida y mejoran nuestra productividad.
Unos avances que la sociedad tarda cada vez menos en adoptar, tal como se puede observar en la siguiente gráfica:
Datos: Sina
Es indudable que estamos frente a un movimiento tecnológico imparable y que evoluciona a pasos agigantados, independientemente de la tecnología de turno; que hoy puede ser la robótica, o la Inteligencia Artificial, y mañana vaya uno a saber cuál.
Esta evolución constante no solo transforma nuestra forma de vivir y trabajar, sino también abre oportunidades únicas para quienes buscan invertir sus ahorros a largo plazo. Apostar por la tecnología no es una moda pasajera, sino una decisión estratégica: mientras la sociedad mantenga sus ansias de progreso, la innovación seguirá siendo el motor del desarrollo.
Y para aquellos inversores que aún dudan sobre la sostenibilidad de este sector, conviene tener presente que apostar por la tecnología es apostar por el avance de la humanidad.
Pero el sector de la tecnología es demasiado amplio para intentar invertir en él, ya que abarca varios subsectores y miles de empresas que lo conforman, apostadas a lo largo de la geografía mundial.
Por lo tanto, para acotar ese universo de empresas y optimizar la inversión, lo recomendable será hacerlo a través de algún vehículo de inversión especializado en este sector.
CT (Lux) Global Technology
El vehículo de inversión que seleccioné esta semana para optimizar la inversión en el sector de tecnología es el CT (Lux) Global Technology, debido al buen desempeño que ha tenido a lo largo de su historia, independientemente de las diferentes tecnologías de moda que han aparecido desde su constitución, allá por marzo de 2010.
Este fondo de renta variable global, invierte en compañías tecnológicas y relacionadas con la tecnología que exhiben potencial para generar rentabilidades sólidas y sostenibles, y tiene como objetivo lograr la revalorización del capital a largo plazo y batir al índice MSCI World Information Technology 10/40, mediante la inversión en una cartera concentrada de compañías globales tecnológicas o relacionadas con ese sector. En consonancia con su estrategia de gestión activa que consiste en mantener un reducido número de inversiones, las posiciones de la cartera podrían diferir sustancialmente de las del índice, por lo que también dispone de flexibilidad para invertir en compañías no incluidas en el índice de referencia.
El equipo de gestión está liderado por Paul Wick, gestor de fondos de inversión de Threadneedle Management Luxembourg S.A., quien es el que más tiempo lleva especializándose en el sector tecnológico estadounidense en la sociedad gestora.
Con cuatro estrellas Morningstar, el fondo presenta las siguientes medidas de riesgo:
A su vez, mantiene un nivel de riesgo 5 en la escala del 1 al 7.
Pero independientemente de su nivel de riesgo, el fondo está diseñado para inversores que buscan un crecimiento del capital y puedan invertir su dinero durante al menos 5 años; lo que hace que las fluctuaciones en los precios de las participaciones se diluyan a lo largo del tiempo.
De este fondo existen varias clases, las cuales te detallo a continuación:
La evolución del valor liquidativo del fondo durante la última década, se puede observar en la siguiente gráfica:
Y las rentabilidades anuales generadas han sido las que se presentan en la siguiente tabla:
Con rentabilidades tan elevadas, cabe preguntarse en qué invierte el fondo; por lo que aquí te detallo las principales posiciones que contenía la cartera al 31 de agosto de 2025:
Y como habrás podido comprobar, la tecnología avanza nos guste o no… y al final nos obliga a actualizar el móvil, la vida y hasta la paciencia. ¡Pero tampoco todo es malo! Gracias a que un QR rebelde casi me deja fuera del gimnasio, me vi forzado a instalar una app lectora de códigos. Y claro, ahora que ya sé usarla, me he quedado sin excusa para pedir la carta en papel… ¡Una molestia menos para el camarero!
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