Digno de una superproducción de Hollywood al estilo Misión Imposible, en una trama que incluye algún espía infiltrado, superagentes y comandos especiales, nuestro año 2026 comienza con la captura y detención por la fuerza del mandatario Nicolás Maduro en Venezuela y su extradición a Estados Unidos. Y por lo visto, el año promete más acontecimientos de este estilo; con grandes despliegues y la puesta en escena del ejército americano en distintos puntos del planeta si se cumplen las amenazas del aspirante a Premio Nobel de la Paz…
Visto lo sucedido, no se me ocurre una frase más oportuna que la de aquel conocido refrán que dice “Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”, para describir la actual situación que atraviesan los líderes de Colombia, México o incluso Groenlandia.
Por lo visto, este 2026 nos tocará vivir un mundo en pie de guerra, con conflictos geopolíticos a las puertas, y mayor rivalidad entre países y bloques económicos. Otro año que promete más desglobalización.
Y se materialicen o no los posibles conflictos armados, lo que sí se espera es que la industria de defensa siga brindando alegrías a los inversores; un dato a tener en cuenta.
Evolución del índice MSCI World Aerospace and Defense durante los últimos 15 años Bien es sabido que los mercados bursátiles corren más deprisa que la economía real, y eso se ha visto reflejado estos días en las cotizaciones del sector petrolero (no así en los precios del petróleo) tras la caída del líder chavista. Pero ese repunte en las valoraciones de la industria petrolera duró igual que un suspiro, ya que inmediatamente se supo que el petróleo venezolano no seduce a las petroleras americanas tanto como a su presidente Donald Trump.
Los principales motivos por los cuales el petróleo venezolano no despierta el entusiasmo esperado en la industria petrolera americana, son las inversiones mil millonarias que habría que realizar para poner a punto una ruinosa industria petrolera como es la venezolana, amortizables solo a largo plazo. Pero con el historial de nacionalizaciones y expropiaciones que tiene aquel país, y la inseguridad jurídica que sigue generando, pocos son los que se animan a realizar una apuesta a largo plazo y más aun teniendo en cuenta los bajos precios a los que cotiza el barril de crudo. ¿Habrá sido entonces un error de cálculo por parte de la Casa Blanca? El tiempo lo dirá…
Refugio para capitales que buscan certidumbre
Ante un escenario incierto como el que se presenta, lo cierto es que activos refugio como el oro suelen ofrecer expectativas de revalorización debido al incremento de su demanda por parte de los inversores.
Menos cierto es el panorama para la renta fija, que aunque también suele actuar en muchos casos como activo refugio, ésta dependerá de factores como la inflación.
Por lo pronto, se podría decir que el Banco Central Europeo da por “misión cumplida” su batalla contra la inflación, y por lo tanto no se esperan bajadas de tipos en la eurozona a lo largo de 2026.
Aun así, el hecho de que no se anticipen recortes de tipos para la zona euro no implica que la renta fija europea carezca de atractivo. Al contrario. Tras años de tipos cero o negativos, los niveles actuales de rentabilidad permiten volver a construir carteras con una fuente de ingresos razonable, especialmente en deuda pública y crédito con grado de inversión. Eso sí, la mayoría de las entidades gestoras coinciden en que el entorno exige prudencia, selectividad y una gestión activa, ya que los diferenciales de crédito se encuentran ajustados y cualquier deterioro macroeconómico podría provocar episodios de volatilidad.
En este contexto, parece sensato priorizar emisores de alta calidad, vencimientos medios y una diversificación adecuada, evitando duraciones excesivas especialmente en los tramos largos de la curva, donde la sensibilidad a los tipos es mayor. La renta fija europea recupera así su papel como activo defensivo y generador de rentas, más orientado a la estabilidad que a la búsqueda agresiva de rentabilidad.
Distinto es el escenario al otro lado del Atlántico.
En Estados Unidos, la evolución de la inflación y la política monetaria de la Reserva Federal abren la puerta a un ciclo de tipos diferente, con mayores probabilidades de ajustes a la baja si la desaceleración económica se consolida. Este factor convierte a la renta fija estadounidense en un foco de interés adicional, tanto por el nivel de los rendimientos actuales como por el potencial de revalorización asociado a una eventual bajada de tipos. Para este caso, la renta fija a corto plazo sería lo ideal.
¿Qué decir de la tecnología?
Todo pinta a que las estrellas del año seguirán siendo los semiconductores y los centros de datos, impulsados por el tirón de la Inteligencia Artificial (IA), que seguirá generando posibles disputas entre las principales potencias y la continuación de una carrera hacia el liderazgo y la soberanía tecnológica.
No obstante, las dudas sobre una posible burbuja en este sector seguirán latentes en la cabeza de los inversores.
En un artículo del reputado Nóbel de Economía Michael Spence, publicado el 29 de diciembre de 2025 en El Economista, opina que la rentabilidad de la enorme cantidad de inversión destinada al desarrollo de la IA en áreas como infraestructura física, software, adaptación de modelos de negocio, consolidación de datos y desarrollo de capital humano, dependerá del potencial que tenga esa tecnología para crear valor. Y esa creación de valor solo se producirá si los modelos de IA logran adaptarse y adoptarse en toda la economía, ya sea para reducir el coste de los productos y servicios que ya existen, como para crear nuevos bienes y servicios mejorados, y que faciliten el desarrollo económico y social. Pero hasta el momento, la adopción de la IA entre los distintos sectores económicos avanza a diferentes velocidades, y su adopción entre los diversos países es desigual. En opinión del autor, sectores como la industria tecnológica, las finanzas y servicios profesionales son los que mejor han acogido a la IA, mientras que otros sectores como la sanidad o la construcción están quedando rezagados en su adopción.
Por lo tanto, se puede concluir que el sector aún ofrece un amplio potencial -dado que queda mucho por hacer-, incluyendo las materias primas y minerales necesarios para el desarrollo tecnológico tales como el cobre, el aluminio o las tierras raras por mencionar algunos ejemplos.
Y hasta aquí he intentado analizar en términos generales las perspectivas para los principales sectores económicos, pero evidentemente quedan en el tintero muchos interrogantes como por ejemplo: ¿qué esperar de otros sectores como podrían ser la banca, la salud, la economía sostenible o las infraestructuras? ¿Invertir en economías desarrolladas o emergentes? ¿Renta fija o renta variable?
A estos interrogantes y a muchos más, iremos dando respuestas a lo largo de las próximas semanas y estaremos analizando las diferentes situaciones que se presenten durante el transcurso de este apasionante año que tenemos por delante, dado que por lo visto, promete mucha acción y emociones fuertes… ¿Estás preparad@ para ello? Si es así, ¡a por el 2026, valientes!