El verdadero problema de Parmalat es la maraña de ‘vehículos financieros’ considerados líquidos, que no lo son", dice Corriere della Sera (11/12). Pero agrega: "No se trata de un fondo sino de todo un sistema (...). Todos los grandes grupos gestionan su tesorería con una base offshore (...). Estos productos altamente especulativos vienen siendo propuestos por los grandes bancos internacionales (que ‘asesoran’ a los grandes grupos en todo el mundo)" (ídem).
Todo esto liquida uno de los mitos más difundidos del centroizquierda y del pensamiento vulgar: la oposición entre la burguesía "productiva" o "industrial" y el capital aplicado a especulaciones financieras.
Crisis industrial
La proliferación de las "inversiones de riesgo" pone de manifiesto la magnitud de la caída del beneficio industrial y, en consecuencia, de la sobre-inversión y la sobre-producción. Las ganancias de 120 millones de euros que obtuvo este año Parmalat de sus inversiones en el fondo oculto de las Caimán, significa que "no era la leche sino la gestión financiera lo que producía sus ganancias" (Corriere della Sera, 11/12). Queda al desnudo, por lo tanto, la crisis industrial - y, con la bancarrota, los límites insalvables de la "salida" financiera.
El castillo de naipes de Parmalat se derrumbó como consecuencia de la imparable inestabilidad de los mercados mundiales. Las inversiones de Parmalat eran altamente dependientes de la oscilación de las tasas de interés y de las variaciones de los tipos de cambio: la caída del dólar y la subida del euro han puesto en enormes dificultades a una parte sustancial de estas inversiones de alto riesgo. Así lo revela también la quiebra del banco español Eurobank Mediterráneo, especializado en este tipo de operaciones.
Paramalat, sin embargo, no está sola en Italia en eso de enchufarle la mitad de su deuda (4.000 millones de euros) a los pequeños ahorristas. Hace poco más de un mes quebró el pulpo de la alimentación Cirio, que, sin embargo, tuvo antes el cuidado de endeudarse hasta la cabeza entre los pequeños ahorristas para usar ese dinero en la cancelación de deuda a los bancos. Este vaciamiento fue orquestado con la complicidad de Capitalia, el Banco de Roma y, por supuesto, el Banco Central de Italia. Lo mismo habían hecho los bancos italianos con la deuda argentina (25.000 millones de dólares), vendiéndola al pequeño ahorrista cuando se dieron cuenta de que el "default" era inevitable. Los "operativos" Parmalat, Cirio y Argentina van camino a desatar una colosal crisis política, pues ponen de manifiesto una gigantesca confiscación de la clase media italiana, por parte del conjunto de los banqueros y el propio Estado.
La crisis industrial se encuentra bien extendida. Primero por las derivaciones de la propia Parmalat, que ha puesto en jaque a un pulpo norteamericano de seguros, que podría pedir su quiebra judicial. En Australia, un pulpo competidor de Parmalat ha planteado su intención de comprar a precio de remate a su rival. Siempre en Italia, la Fiat está virtualmente en liquidación, con el agravante de que la General Motors ya anunció que no saldría a su rescate, como estaba previsto, porque ella misma se enfrenta a una crisis financiera y, obviamente, debido a la crisis del mercado del automóvil en Europa. En Francia, Alstom, el principal grupo tecnológico, está en bancarrota, aquí también con el agravante de que el Estado francés, su propietario, no tiene condiciones para rescatarla, razón por la cual ha enviado al parlamento una modificación de la ley de quiebras, que permita entregarla al capital privado a través de la Bolsa. Muy seria es la situación de los tres principales bancos alemanes y su principal compañía de seguros: el Deustche, el Dresdner, el Commerzbank y Allianz: el Citibank ya ha manifestado su intención de adquirir alguno de ellos, en tanto que el Estado alemán se dispone a dictar una legislación cerrojo p