https://www.reuters.com/business/healthcare-pharmaceuticals/biontech-terminate-mid-stage-trial-mrna-cancer-vaccine-2026-08-28/?utm_source=chatgpt.comBioNTec yoh ha detenido un ensayo de su vacuna personalizada de mRNA contra el cáncer colorrectal por dos motivos simultáneos: era muy improbable que demostrara eficacia y apareció una diferencia preocupante en supervivencia entre los grupos. La vacuna, autogene cevumeran, se fabricaba específicamente para cada paciente. Primero se analizaban las mutaciones de su tumor y después se diseñaba un mRNA destinado a enseñar al sistema inmunitario a reconocerlas. Los participantes ya habían recibido cirugía y tres meses de quimioterapia. Aunque no necesariamente tenían tumores visibles, seguían presentando ADN tumoral circulante —ctDNA— en sangre, una señal de enfermedad residual microscópica y de elevado riesgo de recaída. El ensayo comparaba la vacuna administrada sola frente a la vigilancia habitual. Un comité independiente concluyó que continuar probablemente no permitiría demostrar que la vacuna ayudaba a los pacientes a vivir más. Pero lo más inquietante fue detectar un «desequilibrio numérico en supervivencia global». Los analistas interpretan que probablemente se produjeron más muertes en el grupo vacunado que en el grupo de control. Esto no demuestra todavía que la vacuna causara las muertes. BioNTech no ha publicado cuántas fueron, cuáles fueron sus causas ni si la diferencia era estadísticamente significativa. Podría deberse al azar, a la progresión del cáncer, a un desequilibrio inicial entre los pacientes o a un efecto del tratamiento. Sin esos datos no puede hablarse de toxicidad confirmada. No obstante, es más preocupante que una suspensión convencional por falta de eficacia. Si aparecen más muertes en el grupo experimental y, al mismo tiempo, resulta improbable obtener un beneficio, éticamente no tiene sentido continuar exponiendo pacientes. El contraste con el éxito reciente de Moderna y Merck en melanoma no significa que una vacuna sea buena y la otra mala. El contexto biológico es distinto. El melanoma es un tumor inmunológicamente “caliente”, que suele ser más reconocible para el sistema inmunitario. El cáncer colorrectal convencional suele ser más “frío” y resistente a la inmunoterapia. Además, Moderna combinó su vacuna con pembrolizumab, que elimina uno de los frenos del sistema inmunitario, mientras que BioNTech estaba probando su vacuna sola después de la quimioterapia. Una vacuna puede enseñar a los linfocitos qué mutaciones deben atacar, pero eso no basta si el tumor impide que entren o actúen eficazmente. Esta dificultad es especialmente relevante para el glioblastoma —GBM—, que también se considera un tumor inmunológicamente frío. Una descripción más precisa sería que el GBM es pobre en linfocitos T funcionales, pero muy rico en células mieloides inmunosupresoras, principalmente microglía y macrófagos asociados al tumor. Por tanto, el GBM no carece de actividad inmunitaria: contiene muchas células inmunitarias, pero gran parte de ellas favorece la inmunosupresión en vez de destruir el tumor. A ello se suman la escasa infiltración de linfocitos T citotóxicos efectivos, su agotamiento funcional, la heterogeneidad entre las células tumorales y las dificultades para que las células inmunitarias entren y permanezcan activas dentro del tumor. El tratamiento del GBM también puede agravar el problema. La dexametasona reduce la actividad inmunitaria, mientras que la radioterapia y la temozolomida pueden provocar linfopenia. Algunos glioblastomas presentan mayor infiltración inmunitaria, especialmente determinados tumores de perfil mesenquimal, pero buena parte de esa infiltración está formada por macrófagos y no necesariamente por linfocitos antitumorales funcionales. Esto ayuda a explicar por qué los inhibidores de checkpoint, como nivolumab o pembrolizumab, no han funcionado de manera general en el GBM. El problema no consiste únicamente en retirar los frenos del sistema inmunitario: muchas veces existen pocos linfocitos útiles, estos no reconocen todas las poblaciones tumorales y el microambiente los vuelve inactivos. Para una vacuna personalizada de mRNA aplicada al GBM, generar linfocitos contra determinados neoantígenos sería solamente el primer paso. Después esos linfocitos tendrían que llegar al cerebro, penetrar en el tumor, mantenerse activos, reconocer suficientes clones tumorales y conservar sus dianas a medida que el cáncer evoluciona. Por eso, al igual que podría estar sucediendo en cáncer colorrectal, es improbable que una vacuna aislada sea suficiente en el GBM. Probablemente tendría que combinarse con intervenciones que reduzcan la inmunosupresión mieloide, faciliten la infiltración de linfocitos y eviten su agotamiento. En términos simples, tanto el cáncer colorrectal convencional como el GBM muestran que identificar buenos antígenos no garantiza por sí solo una respuesta clínica. El fracaso de BioNTech, por tanto, no invalida las vacunas oncológicas de mRNA en general. Demuestra que el éxito en melanoma no puede extrapolarse automáticamente a otros tumores. La eficacia depende del tipo de cáncer, la selección de pacientes, el tratamiento combinado, el momento de administración y las características del microambiente inmunitario. BioNTech mantendrá su ensayo en cáncer de páncreas. Allí la vacuna se combina con Tecentriq, pero el páncreas también es un tumor inmunológicamente frío, por lo que este resultado aumenta el riesgo percibido del programa. Los datos no se esperan hasta 2031. La conclusión es que se trata de un revés serio, especialmente por la señal de supervivencia, pero todavía no sabemos si existe un verdadero problema de seguridad. Para determinarlo hacen falta los datos completos: número y causas de las muertes, recaídas, toxicidades y características iniciales de cada grupo. Hasta entonces, describirlo como una simple falta de eficacia sería demasiado benigno, pero afirmar que la vacuna causó más muertes sería prematuro. La enseñanza más amplia es que la plataforma de mRNA puede ser capaz de generar una respuesta inmunitaria, pero su éxito clínico dependerá de que esa respuesta pueda superar las defensas específicas de cada tumor. En tumores fríos como el cáncer colorrectal, el páncreas o el GBM, esa sigue siendo la barrera fundamental.