Si censuraras este comentario lo entendería. Sin embargo, contén tu mano y no aprietes ese botón que apelo a tu inteligencia y a la de los posibles lectores y a vuestro sentido del humor y a la caricatura como forma de expresión.
En un futuro, cuando la humanidad haya cometido todos los desastres que se pueden cometer y el mundo económico tal como lo conocemos haya colapsado, en la prologada Edad Oscura que vendrá, las Escuelas de Economía serán neo-monasterios. Los economistas serán neo-monjes que no harán voto de castidad pues se sabrá que aquello fue una solemne estupidez. Pero harán voto de libertad de pensamiento y las Escuelas para asegurarse la fidelidad a ese voto someterán a los neo-monjes a interminables ejercicios que consistirán en relatar la misma idea de mil maneras distintas y seleccionando cualquiera de aquellos relatos, con las mismas palabras, expresar mil ideas diferentes.
Y harán voto de pobreza, pero como se sabe que la simple declaración de intenciones no es ninguna garantía, se someterá a los neo-economistas a un gravísimo condicionamiento del peor conductismo y de la peor “Naranja Mecánica”. Amarrados a la silla se les hará contemplar imágenes y escuchar relatos de los muchísimos y gravísimos desastres y hambrunas que sus predecesores, los antiguos economistas, provocaron. Y se les inoculará entonces en las venas un vitriolo que les provocará una inenarrable angustia. Una angustia y una náusea insoportables, mucho peor que morir.
Posteriormente, en otras sesiones de condicionamiento complementarias, se les hará ver imágenes y escuchar relatos de gente que vive feliz y en los que hasta el perro tiene su plato de garbanzos en la mesa. Y cuando en aquellas imágenes o relatos, quede claro y explícito que hasta el último tiene lo que necesita y es feliz, se les vaporizará con sutiles y extasiantes vapores aromatizados que les provocarán una dicha extrema. Estallidos de gozo, siempre nuevos y siempre inimaginables.
Quedará así abierto un camino de Búsqueda en libertad condicional (o condicionada) Con una neo-ética en la que el Bien quedará definido por el último eslabón de la cadena.
No rezarán los neo-monjes; sin embargo, irán provistos en todo momento de un estetoscopio para auscultar su propio corazón. Será norma de obligado cumplimiento auscultarlo todos los días antes del desayuno. La finalidad de la norma será inculcarles hasta en el tueeeeettano, hasta lo más profundo de los entresijos de sus sesos, que la vida y cualquier sistema, late y que no hay sístole sin diástole. Que no puede ser, que no puede existir nada que tenga solo sístole o solo diástole.
Será obligado, y se les facilitará, que antes de terminar el primer curso hayan dado una completa vuelta al mundo. Para que tengan la fehaciente experiencia, en sus propias carnes, de que al ir tirando to p´adelante se llega al punto de partida. Así comprenderán mejor el Asunto que han de tener entre sus manos.
Tendrán además de las asignaturas pertinentes una que se llamará: “Sistemas Dinámicos Complejos Finitos y Cerrados” y se darán en ella nociones más que introductorias de Meteorología, Ecología (La Ciencia, no la ideología), Termodinámica, Astrofísica y alguna otra. En todas se hará hincapié y se analizará exhaustivamente la importancia crucial que para los sistemas que son objeto de su estudio tienen los procesos de retroalimentación negativa.
Tendrán talleres de Alquimia en los que contemplarán con sus ojos cómo en el interior de la hermética redoma el ACEITE se disocia en sus dos principios el MERCURIO y la SAL y cómo, posteriormente, los dos principios se unen de nuevo formando el ACEITE. Solve et coagula, una y otra vez; con los ojos abiertos y la mente fascinada.
Y tendrán prácticas de meditación, no para iluminarse y alcanzar el Nirvana saliendo de la rueda de las reencarnaciones, pues se sabrá que con morir solo una vez el Nirvana ya se alcanza, sin conservar la conciencia; pues no hay choco y tajá, no en esto. Las prácticas de meditación tendrán como finalidad entrenar la mente de los neo-monjes en visualizar mandalas, imágenes mentales circulares cargadas de elementos relacionados entre sí. Al principio deberán esforzarse en visualizar mandalas estáticos; una vez lo consigan, ayudados por las contemplaciones de sus talleres de Alquimia, se esforzarán en visualizar una dinámica en ellos, en ver cómo se transforman e influyen los elementos según la relación que se haya establecido. Cuando sean hábiles en esas prácticas se les instará a que sustituyan esos elementos de juguete por los elementos y ecuaciones de la Ciencia que es objeto de su estudio: La Economía.
Se posibilitará con estas prácticas enseñanzas surtir a la humanidad de generaciones de neo-economistas con un nivel predictivo aproximándose al de los Meteorólogos. Despegando, por fin, del infecto y rastrero nivel predictivo de los Sismólogos, a los que podrán mirar ¡ya de una vez! por encima del hombro.
Dada su nueva, aunque limitada, capacidad predictiva y su condicionamiento, cuando los neo-monjes en la libertad de su pensar tengan una “ocurrencia” que en el devenir natural de su aplicación práctica haya de dejar desprotegidos a los últimos, entrarán en un temor a lo desconocido y huirán de aquello como el sensato que elude el espanto.
Será el equilibrio el objetivo de su Búsqueda y su obsesión. Del mismo modo que los Físicos saben que cuando en sus ecuaciones se cuela un infinito han fallado. Los neo-economistas sabrán que su sistema falla cuando alguno de sus elementos entra en retroalimentación positiva. Por eso, para ayudarse en esa búsqueda, para que su cuerpo aporte su pequeño grano de arena en los difíciles cálculos, tanto el campus como los bares de los neo-monasterios estarán llenos de neo-monjes haciendo equilibrios de mil maneras distintas. Habrá cuerdas flojas y rígidas por variados rincones y las barandillas de las escaleras serán pasos habituales. En los bares se verán cucharillas y vasos de café en equilibrios hasta entonces impensables; y a neo-economistas que mientras mantienen una conversación banal o concienzuda, distraídamente, intentan mantener en equilibrio una naranja, un plátano y una pera, como el inefable Míster Natural del inefable Krumpp de aquellos inefables setenta.