A Europa se le acaba el tiempo

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Por Paola Pecora

“La crisis financiera europea ha entrado en una fase nueva y más peligrosa”, advierte Larry Summers desde el Financial Times.
Y es que hoy, el temor a que caiga uno u otro país en default ya se traduce en términos de integración europea y de recuperación económica global. Cuando antes nos tranquilizábamos…¿Grecia? ¿En qué puede influir la caída en default de Grecia sobre el sistema financiero global o tener consecuencias sobre los mercados de valores de Estados Unidos? Los efectos son nulos, nos decíamos. Hoy salvar a la eurozona es salvar a algo más que Europa.

The Economist Intelligence Unit que es la unidad de información empresarial de The Economist Group, que publica The Economist y conforma una red global de 500 analistas que analizan continuamente las condiciones políticas, económicas y de negocios en más de 200 países, pronostica que la tasa de crecimiento en la eurozona caerá desde el 2% de crecimiento de este año al 1,4% en 2012, para luego mantenerse entre 1,7% y 1,8%, y 1,8% en los próximos 3 años. Demasiada futurología a muy largo plazo en una cuestión demasiado sensible y sorpresiva que es el escenario de crisis financiera europea actual. Sin embargo, al referirse a la situación italiana, son contundentes: “los temores acerca de la sostenibilidad de la deuda italiana se centra en su baja tasa de crecimiento. El elevarla requeriría cambios estructurales, y el sistema político actual pareciera ser incapaz de hacerlo”.
Goldman Sachs teme consecuencias globales en caso de debacle financiera en España o Italia: “La interconexión entre la deuda soberana italiana y española, sus bancos y el sistema financiero europeo es tal, que la percepción de la inestabilidad de largo plazo puede alcanzar consecuencias extremas más allá de las fronteras nacionales”. Es decir que los 17 países del euro comparten el mismo barco, del que tirarán por la borda a italianos y españoles si sus países no pueden tomar dinero a tasas sustentables. Según el Wall Street Journal, esos países son “muy grandes para salvar”.

Cada vez más se elevan más voces que piden una reforma radical en el gobierno de la eurozona y su estructura financiera. “En un modo u otro, la preservación de la eurozona requerirá de transferencias masivas de dinero desde el norte hacia el sur -léase primeramente Alemania- un proceso ya activado. ‘Hay algunos signos de que los políticos o el electorado están preparados para respaldar las reformas necesarias para consolidar la eurozona de manera estructural, como a través de la introducción  de transferencias fiscales entre estados más fuertes y los más débiles’. Eso lleva a tres opciones: tambalearse de crisis en crisis, permitir defaults, o  decirle adiós al Club Med de la eurozona”, dice el Wall Street Journal.

El proyecto europeo no funciona porque pareciera que desde el inicio no se ha comprendido su esencia, que es la homogeneidad dentro de la heterogeneidad de sus integrantes. Un proyecto común no puede funcionar si no se contemplan las diferencias. Y en el caso europeo se buscó unificar realidades, expectativas, conductas muy disímiles. El proyecto eurozona era un fracaso antes de comenzar, en 1999. Se necesitó una crisis interna 11 años después para que muchos de sus integrantes lo comprendieran. Es de esperar que el proyecto euro no termine con revueltas sociales graves en muchos países europeos que no aceptan dejar de lado el Estado Benefactor, como Italia o Francia y se les incendie por contagio el continente. En la medida en que hayan mercados para colocar deuda, la rueda seguirá girando, pero ¿qué pasará cuando estos mercados descrean cada vez más? Se dispararán aún más los retornos a los que los inversores estarán dispuestos a tomar deuda soberana que junto con revueltas sociales, puede transformarse en un cóctel explosivo, recordemos Argentina en 2001. Pero Grecia está en una posición de mayor debilidad que la Argentina de aquella época. Grecia no puede devaluar su moneda y Grecia no tiene exportaciones como sí tiene  Argentina. EEUU está en una posición más cómoda: es una economía más flexible y cuenta con más espacio y herramientas para soportar sus desequilibrios -por ahora.

Ayer, mientras Europa terminaba de digerir los resultados de los tests de estrés de la banca europea y las dudas que han dejado entre los inversores esos resultados (difundidos luego del cierre de mercados europeos el viernes en que 5 bancos españoles, dos griegos y uno austríaco fracasaron en la prueba en que se esperaba que más bancos reprobaran y que en definitiva se consiguiera más capital), y la indecisión de los líderes europeos sobre el segundo rescate griego,  los índices bursátiles de Wall Street no lograban superar los rojos de  la sesión. Por supuesto, los más mortificados fueron los bancos, con inversores demandando mayores rendimientos de bonos soberanos de los países  de la eurozona. Y así, el euro marcó un nuevo mínimo histórico frente al franco suizo (reserva de valor) en 1,1405,  mientras el oro marcó nuevos máximos ($1.608 por onza). En Europa el índice bancario Stoxx Europe 600 bajó un 2%. Los bancos franceses y alemanes, que tienen una fuerte exposición a la deuda griega, estuvieron entre los que más cayeron en el sector:  Deutsche Bank (-3,45%), Commerzbank (-4,64%), BNP Paribas (-3,64%), Société Générale (-5,48%). La bolsa de Milán perdió 3,06% ante temor por la solvencia en Italia disparado la semana pasada. Los  rendimientos de los bonos españoles  e italianos llegaron a nuevos máximos en el spread contra los bonos alemanes en la era euro. Los temores tenían más que ver con el riesgo sistémico que con fundamentos específicos de países.

 

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