La revolución verde en una Tierra caliente, plana y abarrotada

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Thomas L. Friedman

¿Quién es Thomas L. Friedman?

Thomas L. Friedman es un hombre a seguir. Uno de esos tipos que se pueden definir como “sabios” modernos. Reputado periodista de The New York Times, ganador de 3 premios Pulitzer, es un experto en política internacional que ha viajado y viaja como corresponsal a lo largo y ancho del orbe, lo que le ha dado una visión global y una tremenda agenda de contactos, pues puede acceder a políticos, empresarios, agricultores, profesores universitarios o activistas prácticamente en cualquier país del mundo. Su marca de la casa es un estilo directo y riguroso, trufado de jugosas anécdotas, que le permite explicar con claridad el confuso lugar que habitamos.

En 1999 publicó The Lexus and the olive tree, en el que hablaba del fenómeno de la globalización. La génesis de este libro se encuentra en un día de 1992, en el que Friedman visitó una fábrica de la automovilística Lexus en Japón y se maravilló de la precisión con la que operaban los robots que ensamblaban los coches. Esa noche, mientras cenaba sushi en un tren bala japonés, leyó una noticia en un diario sobre otro enfrentamiento en Oriente Próximo entre palestinos e israelíes. En ese momento le golpeó la tremenda contradicción de que en un lugar del mundo se producían lujosos coches deseados por media humanidad a través de una brillante tecnología, mientras en otro se luchaba por dirimir de quién era un pedazo de tierra sobre la que crecía un olivo. No obstante, la primera obra de Friedman traducida al español no fue ésta sino El mundo es plano que llegó en 2005. En ella defendió que las fronteras, los océanos y las distancias ya no son tales en un mundo en el que Internet lo aproxima todo, nivela el campo de juego y relocaliza lugares de trabajos a lo largo del planeta. En enero de 2010 llegó a España su nuevo libro Caliente, plana y abarrotada en el que se centra en dos fenómenos que hacen de este planeta un lugar inestable: el calentamiento global y el crecimiento demográfico. Para solucionarlo Friedman propone lo siguiente: que los Estados Unidos se conviertan en el líder mundial en innovación en energía limpia y sistemas de eficiencia energética. Al mismo tiempo, los EEUU deberían de infundir una ética de la sostenibilidad en relación tanto al mercado como a la Naturaleza que sirviera de ejemplo y de acicate para el cambio, con lo que EEUU mantendría su estatus económico y político.

Caliente, plana y abarrotada

Para Friedman la Tierra se ha vuelto caliente debido a las excesivas emisiones de CO2 a la atmósfera, generadas por un sistema económico que consume vorazmente los recursos naturales. Unas emisiones que se dispararon cuando la revolución Industrial cambió las sociedades agrícolas en manufactureras. A partir de ahí se dio prioridad a lo que llama los “combustibles infernales” (carbón, petróleo y gas natural) frente a los “combustibles celestiales” (viento, energía solar, hidroelectricidad…). El motor de combustión interna transformó el comercio y convirtió el petróleo en algo enormemente valioso como carburante. El mundo es plano por la aparición de Internet. Cualquiera puede producir contenidos digitales que se puedan almacenar y enviar a cualquier lugar del mundo, donde se podrán reproducir. Los ordenadores y el software son inter operativos en cualquier lugar con lo que vivimos en un “ágora global”. Pero, la Tierra también está abarrotada, porque la raza humana no deja de crecer. En 1950 se estimaba que la población alcanzaba los 2.550 millones de personas. En 2010 se estima que seremos 6.850 millones y en 2020 unos 7.580 millones. Además, el 50% de la población ya vive en centros urbanos y ha abandonado una vida rural. La globalización ha tenido sus ventajas pues sólo en Chindia (China + India) han salido unos 200 millones de personas de la pobreza. Es cierto que ha habido un crecimiento internacional de clases medias, lo que es fenomenal, pero conlleva un problema: los que vienen quieren vivir como occidentales, no como vivían sus padres. Ello implica seguir apostando por un modelo de crecimiento enormemente consumidor de recursos naturales. Por ejemplo, los jóvenes asiáticos “pasan” de ser vegetarianos como sus padres y quieren comer en McDonald’s, al mismo tiempo que ambicionan un iPod, un coche y unas vacaciones fuera de su país. Lógico, pues en un mundo plano todos ven como viven los demás. Además, los políticos y los gobiernos viven obsesionados con mantener un “crecimiento constante” en los datos económicos, a cualquier costa, porque se supone que un mayor PIB equivale a un mayor bienestar.

Ante este panorama, Friedman reconoce que “Nosotros norteamericanos no podemos dar lecciones sobre cómo vivir”. Pero, sí que piensa que están en disposición de saber más y de adoptar un modelo distinto, para volverse más renovables y más eficientes. Es decir, para crear un sistema sostenible. Porque si no se inventa esa nueva tecnología y se crean esas nuevas herramientas, tendremos que colonizar 3 nuevos planetas” al estilo de la película “Avatar” para conseguir más materias primas. Por ello, necesitamos “100.000 personas, en 100.000 garajes intentando 100.000 cosas diferentes” con la esperanza de que 4 ó 5 lleguen a buen puerto. Lo bueno sería que si EEUU da ejemplo y consigue desarrollar un nuevo patrón de crecimiento, el resto del mundo les seguirá, con lo que el resto de países podrán llegar a un nivel de desarrollo similar sin tener que pasar por una fase consumidora de recursos naturales. Algo similar a lo que ha sucedido en las naciones donde se han saltado la fase de la telefonía terrestre para pasar directamente a la telefonía móvil.

En su opinión, se debería de dejar de definir nuestra era como la del tiempo “post Guerra Fría” y verla como la de la “Era del Clima y de la Energía”. Un nuevo escenario marcado por cinco problemas: una demanda creciente de energía y recursos naturales cada vez más escasos, una transferencia de riqueza a los países ricos en petróleo y sus petrodictadores, un cambio climático perjudicial, un mundo en el que la pobreza energética divide a los que tienen y no tienen electricidad y una pérdida acelerada de la biodiversidad, por la extinción de plantas y animales, a un ritmo sin precedentes.

Sólo resumiré  aquí uno de los puntos más interesantes, el capítulo 6 titulado “Lléneme el depósito de petrodictadores, por favor”. La adicción al petróleo de los EEUU y del mundo Occidental tiene cuatro consecuencias. En primer lugar, Friedman considera que por sacar energía de donde sea EEUU está fortaleciendo la corriente del Islam más intolerante, antimoderna, antioccidental y contraria a los derechos de la mujer y el pluralismo. La rama islámica representada por Arabia Saudí, no la de un islamismo más integrador y mediterráneo como la que se practica en El Cairo, Casablanca o Estambul. En segundo lugar, se financia un retroceso de las tendencias democráticas en Rusia, América Latina y otros lugares, donde la caída del muro de Berlín y el final del comunismo habían abierto brecha. Lo que le lleva a elaborar la Primera Ley de la Petropolítica: a medida que sube el precio del petróleo, se frena el avance de la libertad. O su reverso, a medida que cae el precio del crudo, la velocidad de la conquista de nuevas libertades se acelera. En tercer lugar, la dependencia energética saca lo peor de los países. EEUU no habla de la represión a la mujer o religiosa en Arabia Saudita y China pacta con el gobierno sanguinario de Sudán. Para Friedman es como decir: “Haced lo que queráis mientras nos enviéis vuestro crudo”. Por último, el autor va más allá y dice que con los petrodólares se financia la guerra del terror. El dinero llega a los gobiernos islámicos conservadores de la península arábiga y se filtra a mezquitas, madrazas, escuelas coránicas, que ciertamente hacen una gran labor en formación ayudando a personas con pocos recursos en Pakistán y Afganistán… Pero, también se filtra un porcentaje a predicadores anti-americanos, suicidas, organizaciones como Al-Qaeda, Hamás, Hezbollah…

La Tierra: Caliente, plana y abarrotada

Por último, una de las ideas más interesantes y sencillas que Friedman propone es la de cambiar el enfoque. Se ha de pasar de una visión situacional a una sostenible. El enfoque situacional promueve explotar las oportunidades “aquí y ahora”, sin pensar en el mañana, porque cuando llegue la hora de rendir cuentas “yo no estaré aquí”. Que es lo que ha sucedido con la crisis de las hipotecas sub-prime, y es el mismo planteamiento que se sigue para deforestar el Amazonas. Por el contrario, la sostenibilidad nos pide superar lo situacional y guiar nuestra actitud a través de los valores. He de actuar como si siempre estuviera aquí y siempre debiera de responder. Como Friedman explica, “ésto no habla de socialismo o de gotas de caridad”. El libre mercado es competencia pura y dura. Pero, los valores sostenibles realizan una doble labor al preservar, restaurar y mejorar la compañía, al mismo tiempo que generan recursos renovables, innovación, ventajas y prosperidad. Como dice Friedman, es el momento de cambiar. En esta generación, porque el tiempo se agota y la Madre Naturaleza no lanza planes de rescate. Somos nosotros ahora. 

Felipe José Sánchez Coll
[email protected]

  1. #1
    19/01/11 18:36

    Hola felipe:

    quizá alguna de esas peliculas apocalipticas que nos han machacado las retinas en los últimos tiempos acabe haciendose realidad,quien sabe .esperemos que no sea así.

    un saludo.

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