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No hace mucho escribí un post intentando describir mis impresiones sobre el sistema parecido a la democracia que tenemos en España. El caso es que desde luego, el sistema que tenemos, no es desde luego lo que yo entiendo como el poder del pueblo.

Desde la guerra de Irak, hasta la reforma laboral o la de la seguridad social, el resultado es que las encuestas realizadas, han salido siempre con abrumadoras mayorías contrarias a la decisión adoptada o las propuestas. En todo caso no entiendo aquello de que defendamos un sistema democrático en el sentido de que el poder nace del pueblo y que en determinados o bastantes casos, simplemente se justifique el adoptar la decisión contrario. La coartada que nos cuelan normalmente es aquella de que realmente hay que tomar decisiones impopulares, lo cual a mí siempre me ha chocado y mucho.
 
A veces no recordamos el hecho de que el sistema donde la aristocracia sea la que toma las decisiones que estime oportuna para el pueblo, ya ha existido en el pasado y no se llamaba “democracia”, se llamaba Despotismo Ilustrado. Al final no dejaba de ser una forma de dictadura, pero de una forma curiosa, se resumía mediante la frase “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”.
 
O sea, que tenemos que comenzar a aclararnos y en este sentido tenemos que tener claro cuál es el sistema de organización que queremos instaurar en nuestro país. ¿Queremos democracia o queremos algún tipo de despotismo?. No pasa nada por discutirlo; recordemos que en la antigua Roma, era el senado el que en circunstancias especiales nombraba dictadores que lógicamente instauraban dictaduras.
 
Pero lo que no podemos hacer es dar la matraca todo el día con aquel latiguillo de que somos tan demócratas, (quizás tanta repetición de tal afirmación, se deba al dicho popular: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”), y luego soltar frases del estilo hay que tomar “medidas impopulares” o dicho de otra forma, medidas que no acepta la sociedad. Dicho de otra forma, todo el mundo debería tener claro que la democracia, significa que el pueblo decide, y como tal tiene el derecho y tiene que asumir los costes de equivocarse.
 
¿Qué tenemos una democracia que nos permite decidir sólo cuando determinados grupos de presión dicen que no nos equivocamos?.
 
Pues esto, no es democracia, ni tan siquiera se le parece. Democracia es que el pueblo decide, y decidir es decidir siempre y no cuando interese. Podemos pensar que cierta decisión es mala para el pueblo, o incluso que nos lleva a la bancarrota. Pues se deben buscar otras alternativas y en caso de que nuestros representantes no sean capaces de decidir en el sentido de los representados, han de simplemente dimitir. Imaginen a una persona que da un poder a otra para ir a firmar una compra. Pues el apoderado ha de ser consecuente con el mandato recibido. Sí su opinión personal es que no se debe firmar, pues puede comunicarlo, puede convencer, y puede discutir, pero jamás podrá decidir en contra de quien manda.
 
Es así de sencillo. ¿Tiene sentido que un gobierno tome decisiones impopulares a sabiendas?. Pues no lo tiene y jamás lo tendrá, de hecho por que la propia definición de la palabra, implica que todo el mundo sabe que la sociedad no desea esa medida. Y en democracia, el pueblo manda.
 
Pero, si no manda el pueblo, ¿quien manda en la política económica?. Pues no es díficil verlo.
 
En estas épocas hemos tenido ciertos ataques de los mercados financieros sobre nuestra deuda a raíz de ciertos informes de Goldman Sachs; este ataque ha desencadenado un bandazo a la izquierda de un gobierno, (que ya escoraba bastante a la derecha, salvo en los discursos), e inmediatamente hemos asistido a la reforma de la seguridad social, a la reforma laboral y a un ajuste del presupuesto, (no demasiado concretado). De la misma forma, hemos asistido a un road show y al ministerio de economía en pleno, haciendo informes en inglés sobre la situación Española, (Curiosamente no lo hay en castellano o en alguna de las lenguas de por aquí).

Total, que aquí resulta que en algún momento de la historia importa más lo que opinen los analistas de la city y el financial times, que lo que opinamos los ciudadanos. Por tanto, y aunque parezca una frase hecha, lo que ha quedado claro es quien manda en España, y no somos precisamente los ciudadanos, a los que nos queda sólo esto de apretarnos el cinturón, (que lamentablemente muchos tienen en el cuello), a cambio de sobrevivir; ¡no es que sea precisamente un plan muy atractivo!.

Está claro que S & P, y los demás órganos privados y fondos tienen desde luego más poder sobre el país que los propios ciudadanos. Por supuesto, todas y cada una de las medidas, que se desarrollan en España, (y en buena parte del mundo), son dictadas de acuerdo a los intereses de estos grupos. Y esperemos que la situación no se deteriore de tal forma que al final tenga que rescatarnos el FMI, lo cual puede ser un auténtico desastre.

Mi opinión es que en consecuencia, debemos asumir nuestra realidad, y entender que en el mundo en general y en España en una particular exageración, los gobiernos y los ciudadanos han perdido todo el poder, ante los chantajes y las presiones de determinados agentes, que se esconden detrás de la palabra “mercados”.

Por tanto estamos ante una situación en que determinados agentes, (no siempre visibles), dictan las normas, las posibilidades y las políticas, y esto no es otra cosa que un sistema político de corte despótico.

La duda es si estamos en un despotismo ilustrado o no. Y básicamente, lo que tenemos que entender es que la diferencia está en los objetivos y en los conocimientos, de los que nos dirigen, (que repito: no son los políticos y jamás es el pueblo).

Dicho de otra forma, lo que necesitamos discutir es sí quien sea que dirige nuestra política económica, lo hace pensando en el bien de los ciudadanos y si lo hace con una adecuada planificación respecto a este objetivo.

Si analizamos lo que se nos pide y lo que se nos ofrece la realidad es que en todo momento se nos han pedido todos los sacrificios posibles, en el campo de las contenciones salariales, rebaja de las pensiones, asumir el grueso del pago de los impuestos, y todo lo que se conoce como “medidas impopulares”, “apretarse el cinturón”, o alguna de estas frases que todos conocemos.

A cambio de todos estos sacrificios, se nos habla de crear empleo, que además, después de tener en cuenta la premisa bajo la que se parte, lo cierto es que no podemos esperar es que sea de calidad. Por puro sentido común si se pide que se incrementen todas las condiciones laborales para crear empleo, ¿Qué clase de empleo se espera que sea el supuestamente creado?. Desde luego como todas las promesas suponer que se va a crear empleo, es de dudoso cumplimiento, igual que las otras acerca del cambio de modelo productivo o económico, (¿en estas condiciones que tipo de modelo nos espera?). Por supuesto, esperar que el empleo sea de calidad es una completa quimera.

Por tanto, lo cierto es que podemos entender que es muy difícil defender aquello de lo de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Pero nos queda tratar de analizar si por lo menos tiene algún sentido para alguien este plan. Vamos, si es coherente, o si es un plan o si “los mercados”, esos que nos dirigen tienen alguna idea de hacía donde vamos o donde debemos ir.

Lo cierto es que esta pregunta, ya la he tratado en un post en el que me preguntaba si “la bolsa anticipa la economía”, donde he tratado de exponer los bandazos que los mercados financieros, tienen todos los días, tratando de entender cómo es posible que los mercados financieros sean optimistas los lunes, pesimistas los martes, y así sucesivamente, y que tras una debacle histórica, (y no es precisamente una exageración), resulta que los seguimos considerando como si fuesen consejos de sabios, de tal forma que supeditamos todo a los gustos y deseos de unos agentes que como poco se comportan de forma poco estable.

Desde luego los analistas de bolsa nos proporcionan análisis gloriosos tirando de hemerotecas y por ejemplo nos encontramos con Hodar, (el supuesto gurú de mercados financieros de expansión), que nos dice el 4 de febrero de 2010, que la bolsa ha quedado seriamente tocada, pero que el 5 de febrero de 2010 escribe que debemos mantener la cabeza fría y que los problemas no son tan graves.

Se nos ha explicado mil y una veces a lo largo de todo este rally que los mercados financieros no depende de la economía, o que es posible una recuperación sin que nadie se recupere, pero que a la vez si depende de las perspectivas de las empresas o de las perspectivas de la economía. En fin, todo un lío, pero lo que está claro es que hoy defender que los “mercados”, que no dejan de ser otra cosa que inversores que tienen unos objetivos definidos, no son los adecuados para evaluar las políticas económicas. Dicho de otra forma, si los mercados financieros no anticipan la economía, lo que está claro es que es absolutamente indefendible que sean los adecuados para valorar cualquier política económica. Por otra parte, si desde luego defendemos que los mercados financieros han de ser los que valoran la política económica, lo cierto es que debemos defender que han fallado estrepitosamente, porque en los últimos años no han reflejado la realidad económica de los ciudadanos.

Por tanto, de alguna forma, nos encontramos en un sistema despótico, totalmente a merced de determinados agentes que se esconden bajo el nombre de “los mercados”, que no actúan desde la óptica de los intereses de los ciudadanos, y desde luego no están mostrando el mínimo nivel que se ha de exigir a quien dicta las políticas económicas.

Es difícil entender que estamos ante una situación de despotismo ilustrado, cuando los analistas y expertos no son capaces de anticipar lo que mi abuela, (sin tener ni tan siquiera estudios secundarios), fue capaz de ver sin problema alguno.

Por tanto debemos entender que debemos reconocer que en este momento no estamos en democracia, y que nos quedan dos alternativas. O lo dejamos como estamos o buscamos alguna forma de cambiarlo. Por supuesto no va a ser fácil, y desde luego pasa por determinadas medidas como son lograr conseguir las listas abiertas, la representación directa, la abolición de la disciplina de partidos, eliminar el pacto antitransfuguismo, (son las medidas que pedí en el post de la democracia).

En todo caso el problema si queremos conseguir una democracia de verdad, no es como ha de ser, que todos lo tenemos claro, sino el “como”, ¿Qué debemos hacer para conseguir un sistema en el que el pueblo tenga el poder, asuma las decisiones y la responsabilidad de los errores y aciertos. Está claro que de alguna forma, necesitamos un gobierno fuerte y que nos represente. Pero la pregunta que importa es la que hice algún tiempo y que generó un debate muy interesante: ¿Qué hacemos?.

La verdad es que la respuesta no está clara, pero tengo claro que algo hemos de hacer porque yo en particular me niego a seguir asumiendo las desastrosas decisiones de alguien que se esconde tras un concepto que llaman “mercado”, pero que no se parece en nada a lo que esta palabra significa.
  1. #26
    Yo mismo

    Hombre

    yo creo que hay que criticar lo de aqui.

    lo de venezuela no tengo ni idea, por tanto ni lo voy a criticar ni dejar de criticar.

    sin embargo hay cosas que no me gustan, (lo de cambiar las reglas, lo de cambiar la constitucion, la demagogia de los discursos de horas....).

    Pero vamos. si un etarra dice un dia que 2+2 son 4, pues le tendré que dar la razón por muy hijo puta que sea el tio. ¿no?

  2. #25
    Anonimo

    No se puede ciriticar lo de aqui tan inperfecto comno las manipulaciones de populismos de otros es incoherente....son ideas mercantilistas puras a conveniencia..

  3. #24
    Anonimo

    A mi el cao Chavez me suena al caso de Berlin, la represion de la RDA. hacia que pais queria ir los ciudadanos...hacia Occidente...Los de Venezuela hacia que pais querian ir ? porque si su gran jerarca hoy le interesa nacionalizar nacionalizara y si mañana no tiene una chapa y prefiere dar sus tierras a explotaciones foraneas porque no tiene plata para refinar, las vendera...No me fio de un tio asi,.

  4. #23
    Yo mismo

    Respecto a lo de Chavez...

    Pues vamos a ver si lo explico. Es posible que en determinadas situaciones lo que crea puede estar de acuerdo con los discursos de Chavez...

    Lo reconozco, pero sin embargo, esto para mi no significa absolutamente nada. No conozco la situacion en Venezuela, y desde luego no me gusta nada determinadas acciones del personaje en cuestión. Pero lo que tengo claro es que no voy a pensar de forma distinta por que resulte que el personaje soltó discursos en el 98 parecidos...

    Sería ridiculo.

  5. #22
    Yo mismo

    Respecto al problema de la deuda...

    Vamos a ver si nos enteramos de una cosa y nos alejamos un poco y conseguimos perspectiva...

    Se han tomado unas cuantas decisiones, en las que han tenido mucho que ver las recomendaciones de algunos.

    En este sentido ahora estamos jodidos... Eso lo entiende todo el mundo. Pues ahora nos queda plantarnos de alguna forma o bien seguir por este camino.

    ¿que tenemos que emitir no se cuanta deuda?. Vale. Soy consciente del problema. Pero desde luego no de la solucion ya que esta pasa por emitir mas y mas deuda hasta que rompa.

    El endeudamiento, es una consecuencia de muchas cosas... y tenemos que analizar los subyacentes y cambiar las circunstancias...

  6. #21
    Yo mismo

    Ante todo gracias por todos los comentarios...

    alguno muy interesante.

    pero bueno, voy a empezar por Javier.

    ¿Pondrias el destino en manos de...?.

    Vamos a ver si nos aclaramos: "SÍ".

    más que nada porque entiendo que esa masa que tu dices es la que se supone tiene el poder. Lo demás son historias.

    Respecto a si son inutiles o demás... Pues mira, la verdad es que cada día que pasa estoy más convencido que la masa esta tiene más sentido comun que el grupo de sabios que nos ha traído donde estamos.

    Así de simple.

    En todo caso, por lo menos sería honesto y si defiendo que la mayoría de la gente, (es decir el pueblo), no puede decidir, no me definiría como democrata. En todo caso, por lo menos diría algo así como: "me gustaría la democracia pero no puede ser".


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