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Nota previa:

Este post trataba de explicar algunas razones por las que el IPC no recoge el coste de la vida.

Este post es una reedición de otro publicado con el mismo nombre el 25 de agosto de 2009. Se han corregido algunos fallos de redacción. Sin embargo, los datos, el análisis y las conclusiones se han de entender referidas a 2009.

 

El IPC COMO MEDIDA DEL PODER ADQUISITIVO

 

Muchas veces escucharemos que el IPC no recoge el coste de la vida. Supongo que todo el mundo se ha preguntado alguna vez como es posible que subiendo el IPC un 3% no exista ni un sólo producto que compremos (salvo quizás los ordenadores) que baje o suba menos del 3%.

El índice de precios al consumo se ha adoptado para medir tanto la competitividad como el coste de vida de un país. En otro post trataré de explicar los límites en el ipc para determinar la competitividad del país; pero creo que hoy debemos plantearnos: ¿Por qué el IPC no recoge el coste de la vida?

La primera razón es muy clara dado que hemos asistido a una burbuja inmobiliaria y a una política monetaria muy restrictiva. En el IPC solo están incluidos precios de bienes de consumo; o sea que no están incluidos ni el precio de la vivienda (en el caso de compra) ni los gastos financieros (ni los de vivienda ni de préstamos al consumo). Las subidas de vivienda, que realmente han tenido un impacto sobre las economías domésticas,  simplemente no aparecen recogidas. De la misma forma tampoco se han recogido los costes financieros. Por tanto el poder adquisitivo se ha reducido de forma dramática a espaldas del IPC porque una gran parte de los gastos, que se han multiplicado por dos, no están contemplados en nuestra medida del poder adquisitivo.

En segundo lugar,  también hay que tener en cuenta que el IPC se calcula como una cesta de artículos. Esto significa que, cada cierto tiempo, se observan los hábitos de consumo de la gente y se confecciona una cesta tipo (lo que puede ser gráficamente el carrito de la compra del mes). Por ejemplo, se establece una cesta de la compra que dice que los productos de carne representan un 55% y los DVDs un 45% de las compras (por simplificar).

Determinada la cesta, se observan los precios de la carne y los DVDs y se ve la evolución de los precios de esta cesta de la compra. El problema es que, en épocas de crisis,  el porcentaje de compras reales se modifica. Reducimos las compras de DVDs, de forma que tranquilamente el 80 o 90% de los artículos comprados son carne y el resto DVD. Cuando pagamos nos damos cuenta de que los precios de primera necesidad han subido mucho, pero en el cálculo del IPC, cuentan también que el 45% de los precios están explicados por productos como el DVD lo cual no es real.

Esto implica que si los productos de primera necesidad son los que más suben y se incrementa su consumo en proporción a otros bienes de segunda necesidad (lo que lleva ocurriendo desde hace mucho tiempo) el IPC infravalora el incremento de costes. Actualmente el cálculo del IPC ha revisado la ponderación de los bienes, incrementando el coste de los bienes de primera necesidad (alimentos, energia...) lo cual ha ayudado a evitar valores más negativos del IPC.

Y por último me gustaría hacer mención a otro efecto del cálculo del IPC: el llamado “ajuste de calidad”. Para explicar este ajuste pondré un ejemplo muy claro: En 1992, pagué por un Astra de 115 cv un precio de 2.025.000 Ptas. En la actualidad, ese coche, se consigue por un precio de 15.000 €, (unos 2.500.000 Ptas). Podría parecer que por tanto el precio del coche ha subido un 20%; Pero  esta afirmación no es del todo cierta porque el Astra de los 15.000 € de hoy incorpora abs, climatizador, mp3, control de estabilidad, unos cuantos airbags, mando a distancia, controles en los volantes, llantas de aleación y una larga serie de extras que mi astra no llevaba (por no hablar de un diseño más moderno y un motor que consume la mitad). Por tanto parece un poco obvio que esas 500.000 Ptas. (o esos 3.000 euros) no pueden ser considerados solo incrementos de precio, sino que  una gran parte son mejoras.

Al observarse este proceso, en el IPC, se trata de hacer el ajuste de “calidad” para tratar de determinar que parte de la subida de precio se corresponde a inflación y cual a mejoras. La forma de determinar esto varía en función de los productos pero en la mayoría de los bienes se usa el sistema de comparación de los bienes mientras coexisten.

Por ejemplo, y volviendo al ejemplo de los coches, cuando se cambia un modelo suele existir un período en el que coexisten stocks del modelo antiguo y el nuevo (Eso pasa con casi todos los bienes). En ese momento en que coexisten los dos modelos, se atribuye al incremento de calidad la diferencia entre las dos versiones del mismo bien. Sin embargo se obvia en esta forma de cálculo (técnicamente irreprochable) el efecto sobre el precio del bien antiguo que está en fase de liquidación.

Por tanto, al restar el efecto de calidad (mayor que lo que correspondería) tenemos que el valor obtenido para el cálculo de la inflación es menor que el que correspondería. Estos efectos son relativamente relevantes en los precios de los bienes elásticos; estos bienes están más sujetos a un proceso de toma de decisión de compra (son aquellos bienes, en donde dicha presión afecta de forma más llamativa a la innovación y en consecuencia de los cambios).

Por estas razones todos tenemos la sensación de que el IPC no refleja el coste de nuestra vida y, cuando el IPC sube un 2-3%, no somos capaces de encontrar bienes que suban a ese importe o menos. Y por eso, ahora que baja el IPC, apenas lo notamos en nuestros bolsillos.

Por supuesto, aún queda una parte importante de gastos que no están incluidos en el IPC pero que sí afectan a nuestro poder adquisitivo: los impuestos directos, que reducen nuestro poder adquisitivo, sin ser precios de bienes, y por tanto tampoco están recogidos.

Tras esto, me gustaría que la gente comprendiese que los datos del IPC no son inventados; son una variable estadística que proporciona información y tiene límites (como todas).

Otro aspecto es la decisión tomada por todo el mundo de considerar el IPC como la única medida de la inflación o deflación sin tener en cuenta el resto de indicativos de los movimientos de precios (deflactor de pib, índices de precios sectoriales, índice de precios industriales, de importación, de exportación,…).

Creo que no se le puede pedir a una persona de la calle que lleve la cuenta de todos estos datos para determinar la situación real del país. Pero ¿y las autoridades y organismos económicos?

¿Quién tiene la responsabilidad de que, por estos efectos, el poder adquisitivo de la clase media se haya reducido sin que ningún organismo se haya dado cuenta?

 

  1. #1
    10/08/15 22:20

    No son inventados, son peor aún, cuando me conviene saco y una cosa y meto otra, uy uy que l tabaco sube mucho y me va da un ipc muy alto , no puede ser de +10% pues lo saco, uy uy que no se venden relojes, pues lo saco para que no tenga un ipc negativo no puede ser -5% y menos tres meses seguidos que entramos en............, no es así exactamente con mercadería especifica, pero tu me entiendes.

    El ipc como valor no vale para nada, es como los datos del paro tampoco, para considerarte parado tiene que estar en una situación que ni te digo, cobrando el paro, sin hacer curso de formación, sihn formarte de ninguna manera............, tienes que mira las altas y bajas de SS y aún así tienes que tener mucho cuidado pues como los sueldos lo están bajando mas del 20% pues los ingresos de la SS también es decir que si cotiza la misma gente que antes se ingresa un 20% menos, los datos lo están poniendo que no sabemos cual mirar por lo menos yo.

    Claro esta que estoy aprendiendo.

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