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Lo que está ocurriendo con Teresa Romero, la auxiliar de enfermería contagiada por el Ébola es simple y llanamente acojonante. Me explico bien y clarito para que no haya malentendidos;

No me sorprende que existan personas que lo basen todo en echar la culpa de todo a esta persona. ¿Cómo me va a sorprender si es la costumbre en determinadas personas? Si me sorprende que se llegue a este nivel. Veo hasta casi normal que desde algunos grupos o personas se trate de “alterar” la visión de la realidad para acomodarla a determinados intereses. Pero que se haya llegado hasta este punto es algo que no me puede entrar en la cabeza.

Si se presenta la información de determinada forma, se lanzan acusaciones y las autoridades dicen determinadas cosas, olvidando otras no me sorprende que existan personas que saquen conclusiones erróneas; directamente este es el objetivo de lo anterior. Pero si me sorprende en el caso de personas informadas y que se dicen críticas. Me sorprende tanto que directamente no soy capaz de entenderlo.

Voy a ser muy clarito; no soy capaz de respetar a nadie que hoy cargue las tintas contra la auxiliar de enfermería enferma de ébola o que se digne criticar lo que sea. De hecho no me valen las excusas; puedo entender casi cualquier cosa y de hecho respeto a mucha gente con la que estoy en desacuerdo. En todo caso soy perfectamente consciente de que es algo completamente subjetivo y también sé que a la gran mayoría de la gente le importará un rábano a quien respete o deje de respetar. Por lo tanto no hay problema; ni tengo que tener el respeto de nadie, ni nadie ha de preocuparse por tener o no mi respeto porque no significa absolutamente nada. Pero no lo puedo respetar.

Las razones (repito que particulares) son simples. Me llega con imaginar una situación en la que enviamos a un Tedax con un alicate del todo a cien a desactivar una bomba nuclear. Empiezo a creer  que algunos estarían dispuestos a llegar a creer (o a defender sin creerlo) que la culpa de una explosión sea porque el Tedax tembló o porque se equivocó al cortar el cable azul. Supongo que alguno dirá que es demagógico y supongo que dirán que no es lo mismo por el grado y esperaría que me aclarasen donde ponemos el límite. Otros más hábiles me dirán que no es lo mismo porque la culpa sería del terrorista que puso la bomba. Touché. Si hay terrorista por medio, la culpa es del terrorista y el Tedax sería héroe. Si resulta que la bomba quedó olvidada en medio de una negligencia de una multinacional cotizada, la cosa seguro que cambiaría.

Las investigaciones en este país son así de sencillas ¿terrorismo? Pues ya tenemos culpable y cómo el culpable “predefinido” coincide con el culpable real encontraremos las mejores y más exhaustivas investigaciones. Así de simple; si no hay problema con el culpable, se investiga todo y generalmente de forma brillante. Ahora bien, si estamos ante cualquier cosa que no sea terrorismo, el culpable es el trabajador y a partir de ahí da igual todo. Sin ningún problema para hacer investigaciones periodísticas, policiales y judiciales brillantes, (con alguna excepción que deben ser tratadas como excepciones) para los casos de terrorismo, nos encontramos con todas las dificultades del mundo para hacer cualquier investigación o procesos judiciales para el resto de los casos. ¿Por qué las leyes no lo permiten? ¿Por la poca validez de los investigadores, periodistas o jueces? ¿Por dificultad? Pues no. Es porque cuando ocurre cualquier cosa la culpa es del ciudadano que pasaba por allí. A partir de ahí sólo tenemos que buscar cualquier cosa que pueda llegar a inducir la existencia de un fallo, olvidar todo lo que no sea conveniente y presentar el paquete. Lo condimentamos todo con expertos, community manager  (a sueldo, con ganas de prosperar cayendo bien o simplemente anónimos con ganas de conseguir seguidores que se aseguran una gran transmisión de la información siempre y cuando digan lo “adecuado”) comentando en todos lados con cuatro chorradas, códigos de conducta, protocolos y organismos internacionales que dicen algo parecido a lo que decimos nosotros y todo esto lo gratinamos con alguna declaración política de nuestros vecinos que se muestran satisfechos y punto. Esta es la receta clásica y a nadie debería ya sorprender a estas alturas (a mí no). ¿Qué las investigaciones son absurdas? ¿Qué los cuentos que salen son una gilipollez que no suele pasar la menor visión crítica? ¿Qué en ningún caso van a servir para que se corrijan errores que no se reconocen? Pues esto parece no importar demasiado, lo cual tampoco debería sorprender.

Lo increíble de la situación es que con todo esto llega esta situación y manda a freír espárragos todo límite que pudiera existir. Sé que no tendría por qué sorprenderme pero es que hay límites. Y creía que ya estaban ampliamente superados.

En un escenario en el que se repite una y otra vez el mismo patrón, en unos tiempos en los que las explicaciones creativas se tienen que multiplicar en paralelo a la degeneración que se comprueba y en un entorno en el que cada vez más gente duda de lo que se cuentan es fácil entender que el absurdo llega a niveles cada vez mayores; por ahora estamos aquí y por lo que se ve parece que no es suficiente para muchos. Pues no me pidan respeto ni credibilidad; pídanlo por otros lados si quieren y si pueden.

El otro punto que dejaba claro es obvio. Aún en el caso de que todo lo que se está diciendo desde los “responsables” sanitarios sea absolutamente cierto y aún en el caso de que saliesen más cosas (improbable debido a que ya dicen cosas tan científicas y contundentes como  “no probadas” y otras por la razón de “no se nos ocurre otra explicación”), tengo perfectamente claro que es una persona que se ha expuesto a una enfermedad con un gran riesgo para su vida y la de su familia. Que se le ha destrozado la vida, se la ha culpado sin prueba alguna de nada, y que si ha visto internet ha tenido que leer a mucha gente llamándola de todo y acusándola de casi todo. Y todo esto por intentar cuidar a una persona en extrema gravedad y limpiar los restos de todo.

Aún en el caso de que lo que se está lanzando fuese cierto, me parece todo de una bajeza increíble. Así de sencillo, pero hay que decirlo.

Pero en este caso, como en tantos otros, se amontonan tantas y tantas contradicciones que es casi imposible creerse las explicaciones que nos dan. Y digo casi imposible porque es evidente que algunos parece que si tragan con todo, lo que descarta el imposible.

Ahora bien, no entiendo a aquellos que defienden por intereses determinadas consignas que se repiten muy a menudo para decir que todo se hizo bien.  ¡Joder!. Hay límites humanos y limites en la tontería y aunque no sepa muy bien donde está situada la frontera tanto, siempre creí que estaba en un sitio que se ha traspasado hace mucho. Ya ven; ¡y resulta que alguien decía que era pesimista y me he pasado mucho de optimista!.

Por cierto. Al final he hecho otro post que saldrá a la misma hora para explicar las razones por las que es imposible creerse lo que están contando en esta inmunda campaña: 

http://www.rankia.com/blog/nuevasreglaseconomia/2491636-recopilacion-para-preocupados-por-seguridad-espectaculo

  1. en respuesta a Bionx
    #21
    13/10/14 15:43

    Un protocolo que depende de que el profesional haga su trabajo perfectamente no es un protocolo. Para eso les dices "andar con cuidado" y ya está, el efecto es el mismo. El valor del protocolo es PRECISAMENTE que debe ser resistente a los fallos humanos. Lo sucedido es un fallo grave de quienes han diseñado e implementado el protocolo. Encima echarle la culpa a la víctima es nauseabundo.

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