Aunque el viernes no pudo sustraerse a los recortes generalizados de las Bolsas americanas, nuestro valor de la semana pasada, Tesla, ha subido otro diez por ciento esta última semana, continuando así la escalada vertical y superando en valor bursátil a Volkswagen, que es de lejos la que mayor “market cap” tiene entre las europeas.

Seguimos teniendo la duda de si esa espectacular remontada de Tesla es una derivada lateral de la enorme liquidez que hay en el mercado en busca de inversiones, o por el contrario responde a un análisis serio sobre las expectativas futuras del valor. Una duda que nos mueve a la prudencia y a evitar por el momento comprar acciones de la controvertida automovilística.

Uno de los motivos de nuestra prudencia es el hecho de que la Bolsa china no esté uniéndose a las fuertes subidas de las europeas y americanas en lo que va de mes de enero. 

El Shanghai Composite empezó a quedarse rezagado respecto al S&P, y más aún respecto al Nasdaq, a partir del segundo trimestre del 2019. Tras un fulgurante inicio del 2019, en el que el Shanghai Composite sacó diez puntos porcentuales al S&P, en el segundo y tercer trimestre bajó y en el cuarto subió solo la mitad de lo que subió el S&P.

El arranque de este año 2020 no ha podido ser más decepcionante, tal y como lo refleja la parte final del Gráfico que adjuntamos, del ETF I Shares China Large Cap, que replica el comportamiento de las grandes empresas chinas cotizadas en la Bolsa de Hong Kong. El Shanghai Composite pierde un 2,4% desde uno de enero, frente a una subida del S&P del 2% y del Nasdaq de casi el 4%. Está última semana todas las Bolsas han caído, por el impacto de la epidemia de coronavirus, pero la caída del Shanghai Composite ha sido del 3,2% frente a un descenso de tan solo el 1% del S&P. 

 

¿Qué le pasa a la Bolsa china?

En principio daría la impresión de que no hay motivos para ese mal comportamiento de la Bolsa de Shanghai. El crecimiento del pasado año se mantuvo por encima del 6%, conforme al objetivo perseguido por el Gobierno chino, y la guerra comercial con EE.UU. ha entrado en una tregua tras la firma a mediados de enero de la fase uno del acuerdo. Es verdad que China crece al menor ritmo de las últimas tres décadas, pero una subida del PIB por encima del 6% no está nada mal, sobre todo si se logra mantener.

 

¿Por qué entonces ese diferencial con el S&P y el Nasdaq?

Seguro que hay muchos y muy variados motivos, entre ellos el persistente conflicto en Hong Kong o la aparición en China de la epidemia del coronavirus, que son sin duda circunstancias que afectan negativamente a China. 

Pero a esas circunstancias podría tal vez añadirse otra, a saber, la muy diferente forma de articular los estímulos monetarios y fiscales que están teniendo el People´s Bank of China (PBoC) y la Fed. La Fed básicamente baja los tipos de interés e inyecta una ingente cantidad de dinero a través de los mercados financieros, comprando bonos y ahora interviniendo en el mercado de “repos”. El PBoC lo que hace es relajar los coeficientes de reservas para estimular el crédito bancario a las empresas. 

En el caso de EE.UU. por tanto el dinero va a los mercados financieros, mientras que en el caso de China va a las empresas. En ambos casos el efecto final es que la deuda del sistema crece, pero en el caso de EE.UU. el dinero inyectado y la deuda creada impactan de forma muy directa en los mercados financieros, haciendo subir el precio de los activos.

Cualquiera que sea la explicación del diferente comportamiento del S&P y el Shanghai Composite en los últimos trimestres y en lo que va de año, lo cierto es que la divergencia entre ambas Bolsas resta, a nuestro juicio, solidez a la subida de Wall Street y siembra dudas sobre la continuidad del rally del cuarto trimestre del pasado año y de este mes de enero.

gráfico bolsa china

 

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