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En nuestro Gráfico semanal del pasado 28 de diciembre de 2015 nos referíamos a la "debilidad estructural" del Ibex y señalábamos como, en nuestra opinión, el Ibex podía deslizarse hacia los mínimos de verano de 2011, algo por debajo de los 8.000 puntos, o incluso, en situaciones muy extremas, hasta los 6.500 puntos que hizo en los mínimos de 2012.

El Ibex y los bancos

Efectivamente, tal y como se ve en el Gráfico que adjuntamos, tras los fuertes descensos de enero y de los primeros días de febrero el Ibex llegó a bajar de los 8.000 puntos, en línea con nuestra idea del Gráfico semanal del 28 de diciembre. Pero luego inició una fuerte remontada hasta fines de abril, momento en el que pareció que podía rebasar de nuevo los 9.500 puntos o incluso encaminarse hacia los 10.000 puntos. Ese giro hizo alimentar a muchos la esperanza de un Ibex alcista, sobre todo al convocarse nuevas elecciones para junio que, en principio, podrían alejar la amenaza de un gobierno "populista".

Sin embargo, tras dos subidas espectaculares consecutivas en la segunda y tercera semana de abril, del 5% y del 4% respectivamente, el Ibex parece haber entrado de nuevo en barrena, con caídas del 2,2% y del 3,6% en las dos últimas semanas. Tras caer un 7,3% en cinco días, su peor racha desde diciembre, el Ibex parece haber pasado del cielo de finales de abril al infierno de principios de mayo.

Es obvio que una parte de esta caída ha tenido mucho que ver con el mal momento bursátil de los Bancos europeos, que en general han presentado muy malos resultados. Hemos visto, por ejemplo, a UBS caer más de un 10% tras publicar unos beneficios inferiores en un 64% a los del primer trimestre de 2015, y con caídas en todas las líneas de negocio sin excepción. Pero no es un caso aislado, otros Bancos, como nuestro BBVA, han sufrido caídas en Bolsa cercanas a la mencionada de UBS tras conocerse sus cifras, y realmente ninguno se ha librado del castigo.

Es lógico que esto haya afectado más al Ibex que a otros índices, ya que el peso del sector bancario es mayor en el selectivo español, pero sería muy simplista echar toda la culpa a los Bancos.

Tal vez la causa última haya que buscarla en el agotamiento de los dos factores de impulso del Ibex, el petróleo barato y el dinero barato. El crudo se ha dado la vuelta desde los mínimos de 27 dólares barril hasta los actuales 48. El dinero en la zona euro sigue barato, pero contra todo pronóstico el euro ha subido frente al dólar y, además, la liquidez que inyecta el BCE solo llega a la economía real de forma muy limitada.

Sin embargo, la deuda pública sigue creciendo y algunos problemas de fondo, como las pensiones o el desbocado gasto público autonómico, siguen ahí.

A corto plazo el Ibex seguirá a los índices globales y podemos verlo moverse en la banda 8500/9500 una temporada, pero hoy por hoy nos parece difícil pensar en una nueva tendencia alcista, que no sería sólida de verdad, como decíamos en nuestro comentario del 28 de diciembre de 2015, hasta no superar los 12.000 puntos de finales de 2010.

Si vemos los sucesivos máximos a la baja que muestra el Gráfico, la lectura es que la amenaza de volver a los 8.000 puntos sigue siendo muy real, y no parece que la incertidumbre política sea una gran ayuda para evitarlo.

Gráfico del Ibex en el último año

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