Hoy es noticia. Mañana será historia.

Como es bien sabido, Bill Clinton espetó esta conocida frase a George H. W. Bush (padre) en las presidenciales de 1992. Y Clinton se hizo con el poder. Hasta que le pudo la bragueta.

Hoy encontramos a nuestro ínclito presidente (en funciones) compartiendo titulares con Steve Jobs, co-fundador de Apple.

Ambos son noticia, el segundo, por haber fallecido y dejar tras de sí otra manera de comprender el mundo, la tecnología y su empresa. Así lo constató, por directo contraste, en el contexto de sus dos diferenciadas etapas al frente de la compañía de la manzana mordida.

Entre ambas etapas queda John Scully, y una visceral disputa que acabó apartando a Jobs de Apple. Scully fue un tecnócrata, un aburrido contrapunto en una empresa -hasta hoy- burbujeante. Porque Scully trató de dirigir una tecnológica como lo hiciera con una planta embotelladora de cola, dando lugar a un período para el olvido en la empresa de Cupertino. Y cuando todo parecía perdido regresó Jobs. De rebote, desde Pixar. Pero volvió con fuerza. Y de nuevo revolucionó Apple. Siguió mirando lo mismo, pero de una forma diferente. Empujando a Apple más allá del límite. Creando nuevos límites.

Jobs siempre fue coherente con sus principios. Y consecuente en sus acciones.

Pero su instinto no fue en contra de la economía. En realidad, por ello su impulso creador obtuvo un éxito fulminante. Atendió a unas necesidades latentes, como antes nadie hizo, del modo que precisamente expresa la ortodoxia en marketing.

El mismo día en que falleció Jobs, al otro lado del Atlántico, Zapatero daba fin a un bucle recogido sobre sí mismo; más en propiedad: a una espiral atrapada entre la realidad de la economía y la asunción del idealismo mágico más imberbe. Una espiral de capitulación predecible.

En los últimos tiempos ZP nos ha ido acostumbrando a pronunciamientos de tipo categórico. Muy íntegros en su enunciado, pero más tarde inconsecuentes en sus acciones.

Ahora Rota será la mayor base de la OTAN en el escudo antimisiles.

Tras la firma en Berlín de la adhesión de España, ZP concluye su segunda legislatura en contradicción de principios. Y aquí no vale el pizpireto aforismo de Groucho Marx ("Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros"), pues mucho me temo que ZP realmente tenía -y tiene- esos principios, sólo se ha visto obligado a asumir su equivocación, aun cuando no lo haya reconocido públicamente.

Recordemos: se trata de una reedición de ese escudo antimisiles que George H. W. Bush (hijo) vino a vender a la vieja-Europa (ahora al borde del colapso financiero), por aquellos meses previos al 11S.

Esa operación de venta, casualmente, fue rechazada por unos cuantos países. Y ocurrió el 11S. Y luego Afganistán. Y luego Irak. Y un par de 15 más. Curioso. El escudo antimisiles fue aplazado hasta ahora.

Dos invasiones militares de por medio (Afganistán e Irak), un endeudamiento sobredimensionado por la ingente inversión militar de USA y una capacidad de estímulo diezmada por el monto de estas aventuras militares hacen inviable la recuperación financiera mundial sin un nuevo conflicto bélico (Paul Krugman, dixit).

ZP debería considerar la posibilidad de volver a enviar las tropas a Irak, aunque sólo fuera por simétrica incoherencia, pues tras permanecer sentado al paso de la bandera de Estados Unidos, un 12 de octubre de hace unos años, sería la salida menos indigna para un broche de oro.

Es la economía

Como nos recuerda el refranero castellano: "cuando las barbas de tu vecino veas cortar..."

Y es que la economía manda. El mercado, el star system o los lobbies dominantes. Llámeseles X. Se lo han repetido en diversas ocasiones: "O estás conmigo o contra mí". Le ha costado ocho años. Pero al final, a punto de retirarse, lo ha comprendido.

La base de Rota será la frontera más al sur del flamante escudo antimisiles

ZP ha constatado en sus ojeras (algo aliviadas desde que ha anunciado su retirada del poder) que su visión del mundo no se compadecía con el de las demás potencias mundiales. Especialmente, con la visión que del mundo tiene el poder económico-financiero mundial (los Mercados, dicen).

A buen seguro a ZP le debe de haber llegado un cable, al más puro estilo cosanostresco, en el que se le informaba: "José Luis: no es personal, solo son negocios".

Por la puerta falsa

En la línea de la reciente reforma constitucional. Nuestro presidente (en funciones) ha firmado el acuerdo OTAN en un viaje relámpago. Con aquiescencia del principal partido de la oposición, pero sin debate público. Sin reconocimiento de error alguno.

Zapatero ha hecho valer sus ideales, su visión del mundo. Del mismo modo en que lo hizo Jobs, pero evidentemente Zapatero -pese a la tozudez de la realidad- lo ha hecho contra el mercado.

Jobs, en cambio, hizo gala de cuatro de los principales ítems del empresario/emprendedor de éxito:coherencia (visión márketing, coherencia con el mercado)

  • coherencia (visión márketing, coherencia con el mercado)
  • visión (innovación)
  • tesón (acción)
  • resilencia (adaptación)

Eso se paga

Hablando en números. De parados, por ejemplo. O de déficit.

Sólo caben dos posibilidades, mantenella e no enmendalla o aceptar la realidad. ZP la ha aceptado, como el enfermo toma la medicina menos deseada. Pero no lo reconoce públicamente. Y esa es su mayor soledad: saberse equivocado, no reconocerlo y sentirse incapaz de ocultar la incoherencia de sus actos.

Al final, la economía manda

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