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La historia de una fría amistad

Aunque Merkel y Sarkozy emplearan el convencionalismo "nuestros (buenos) amigos los británicos", el lenguaje no verbal de sendos mandatarios frente a Cameron y la secuencia de decisión inducida durante los meses precedentes por el eje franco-alemán nos anuncian un contexto tanto más complejo.

Debemos recordar que cuando finalmente se dio la capitulación forzosa de Francia en 1973 y Gran Bretaña accedió a la UE como miembro, lo hizo con la mirada fijada en un librecomercio exento de aranceles, ampliando mercados, al estilo de la Commonwealth. En el proceso actual parece auto-aislarse el Reino Unido. Es lógico, pues su PIB depende en un 10% de la plaza financiera que representa la City.

Clegg, al igual que la oposición laborista, temen lo peor. Un aislamiento económico a largo plazo del antiguo gran Imperio frente a 26 economías importadoras. Y un debilitamiento de su propia divisa si, como se intuye, en el medio plazo la conversión europea (en torno al Euro) se vuelve plena.

Debemos comprender que Francia más Alemania aglutinan, aproximadamente, el 50% del PIB de la Unión Europea, incluyendo a Gran Bretaña. Así, en tanto que el Reino Unido se viese excluido de una futura Unión Europea ya plenamente monetizada, el eje franco-alemán sería más compacto y vinculante que nunca, desde los tiempos de la CECA.

Nunca fue el Reino Unido algo más que un elemento herético, firme aliado de los Estados Unidos. No quiso, no pudo o no le dejaron. Quizá ahora llega una puntilla a estos efectos. También queda cierto margen para una flexibilización de su postura. Cameron sabría cómo hacerlo, en especial al constatar el debate interno que ha surgido entre la oposición e incluso su propio gobierno. La dialéctica política y la diplomacia británicas pueden desarrollar un trabajo paralelo a partir de ahora. Lo que resulta claro es que la postura de MerKozy no va a cambiar, y ha sido secundada por la práctica totalidad de la Unión. Con fuerza, y como paso anterior a una completa integración política, económica y -con seguridad- monetaria, fase previa para la creación de los tan traídos eurobonos.

Salvo cambios imprevistos, a partir de ahora quedarán dos bloques diferenciados por su concepción del mercado. USA y Reino Unido, por un lado, basados en las políticas de estímulo, eludiendo el control de las transacciónes financieras y obviando la tasa Tobin para banca. Y por otro la nueva Unión Europea, donde la austeridad es clave.

Aunque el Fondo de Rescate (puntual-permanente)/BCE aún no haya sido establecido como prestamista de última instancia, al estilo de la FED/Reserva Federal, muy probablemente estos son los primeros pasos para llegar a ello.

Tributación y más integración

El riesgo ahora para Londres se sitúa en que, con su decisión, parte de su gran negocio financiero pueda volar hacia París o Frankfurt, pues de hecho en las condiciones actuales ya se dan las bases mínimas necesarias para lograr igualar, al menos en gran parte, el pacto preferencial tributario que ofrece el Reino Unido a las operaciones financieras lanzadas desde la City. Al tiempo.

Porque tampoco se suele hablar de la evitación tributaria que determinados vehículos de inversión ofrecen (SICAVs luxemburguesas y otras imitaciones; en nuestro país, por ejemplo las propias SICAVs, Sociedades y Fondos de Capital Riesgo o las Sociedades y Fondos de Inversión Inmobiliaria) con tributaciones fijadas al 1%, en territorio comunitario y sin el empleo de herramientas offshore.

Como consecuencia de todo este proceso la integración de la nueva Unión Europea terminará siendo mayor. Cabe la posibilidad de mantener al Reino Unido como un estado libre-asociado a medio y largo plazo, para el que no existan aranceles o sean menos elevados que para otros países como Estados Unidos, por ejemplo. También esta situación puede terminar resolviéndose con el abandono de Gran Bretaña de la Unión como país miembro. La situación está cada vez más abierta para Europa, pero más cerrada para el Reino Unido. Y además a Estados Unidos le conviene un Euro unido, fuerte y una zona monetaria estable, con lo que en esta ocasión el incondicional apoyo transoceánico no está asegurado, al menos a priori.

Otros capítulos de difícil resolución vienen indiciados por la armonización tributaria de tipos sobre sociedades (Irlanda y Portugal deben prácticamente duplicar sus tipos impositivos), y ciertos status que detentan las BV holandesas (sociedades no residentes para actividades productivas y servicios -de base no financiera-, con tributaciones pactadas con la propia autoridad tributaria neerlandesa, para líneas de actividad específicas, y que tributan a tipos efectivos situados en la horquilla del 4% y el 10%, con la posibilidad de evitación -que no evasión- de impuestos en la doble imposición hacia las Antillas Holandesas y otros países considerados como paraíso fiscal (el conocido como sándwich holandés) e incluso la federación helvética.

Súper Fondo al rescate

En la cumbre se ha negado la posibilidad de aumentar el fondo de rescate y de otorgarle licencia bancaria, con lo que la capacidad de munición llegaría a ser prácticamente ilimitada. No obstante, los avances son notables.

Tras los rescates de Grecia, Irlanda y Portugal quedan del fondo de rescate (puntual) 250.000 millones de euros disponibles; se ha adelantado la creación del fondo de rescate (permanente) a 2012, frente a la creación prevista para 2013, y está dotado con 500.000 millones de euros; y paralelamente se prestarán al FMI 200.000 millones de euros; ello apunta un montante de cerca de un billón de euros. Italia y España requerirán en los próximos tres años un total de 1,4 billones de euros. Este billón de euros ofrece capacidad de tiro suficiente para derribar especulaciones por dos años y medio, tiempo más que suficiente para que estos países lleven a cabo las reformas esperadas.

Estas reformas implicarán contracción de los sectores públicos y, previsiblemente, un aumento del desempleo, junto a una reducción de ciertas coberturas sociales. En el largo plazo (previsiblemente, en un máximo de tres años) devendría el esperado crecimiento económico.

Queda pendiente el refrendo parlamentario en muchos casos y, entendemos, un nuevo ajuste normativo (puede que, de nuevo, en nuestra Constitución), para explicitar el techo de gasto en ese 0,5% alcanzado en la pasada cumbre.

El largo plazo se vislumbra con unos eurobonos que transiten sobre una superficie ya sin obstáculos en el camino, similar a la deuda del Tesoro de Estados Unidos. Y con una Europa más integrada, al menos fiscalmente.

Veremos cómo logra salir de este callejón sin salida Cameron. Aún restan tres meses de lo más truculentos..

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