Pantagruel en Cuzcurrita

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HAY VECES en que España vuelve a ser el mejor país del mundo: el de Hemingway, para entendernos. A comienzos de los 90 se vino abajo. La llegada de internet fue la puntilla. La calle de la Estafeta se transformó en campo de vómitos para guiris con mal vino. La telemierda se adueñó de todo. Expaña (con equis de crucifixión) dejó de gustarme y de dolerme. Se había convertido en lo que quizá sea, junto a China, el peor país del mundo. Dejé de sentirlo como propio. Pero hay muertos con tanta vida que a veces resucitan. El otro día sucedió. Un amigo de Vitoria me había ponderado la excelencia de la Bodega Guillermo. Está en Cuzcurrita de Río Tirón, cerca de Haro. ¿Si uno no se fía de los amigos de quién coño va a fiarse? Salí de Castilfrío con mi escudero y Dulcinea a eso de la una. El azul del cielo era como el que en sus últimas horas vio Machado. La campiña verdeaba. Llegué al villorrio. Su belleza es indescriptible. Juan Luis, el amigo de Vitoria, nos esperaba. Tampoco voy a describir el figón del buen Guillermo. Gané otro amigo. Con decir que es lo contrario de El Bulli basta. El ambiente, el mobiliario, el servicio, la parroquia y, por supuesto, la comida. Se toca pelo. El patrón y sus gentes, cuyo calor humano sobraría para hornear los panes y freír los peces de la multiplicación del Tiberíades, sirven lo que les viene en gana. Pescado, no. Llegas, tomas asiento y te traen tres botellas de vino sin etiqueta: tinto, clarete y rubio. Cosecha de la casa. De sopetón aparecen una bandejilla de pimientos más rojos que Willy Toledo, un chorizo por barba de las dimensiones del rabo de un gato que no sea rabón y una morcilla que no desmerecería del apéndice de Nacho Vidal. Son los entremeses. Vienen luego hogazas como soles, manitas de cerdo, cordero guisado, conejo no sé cómo, pimientos del piquillo rellenos de gloria, patatas a la riojana, chuletillas por docenas, sopa de ajo, alubias con tropezones y piparras, torrijas, arroz con leche, flan, pastelillos, cuajada, botellas de licor de café, de moras, de manzanas silvestres y de melocotón, pacharán casero, bailys y aguardiente raro. Botellas, digo, no chupitos. Dos jarras de café de puchero. Lo que sobra te lo llevas. Y siempre, arropándolo todo, amistad, chanza, risa, canción a grito abierto, sandunga y alegría de vivir. Con ella en el cuerpo, ya de anochecida, volvimos a casa. Veintiocho euros. España existe. Vayan allí y compruébenlo.

 

Fernando Sánchez Dragó.

 
  1. en respuesta a herrador
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    #61
    30/06/11 19:20

    Hola herrador. Moltes gràcies pe´l camí traçat. Y ademas me dices de pasarme enlaces... Los buscaré. Eres muy amable.
    Parece que me leas los pensamientos. Es esa ruta o irnos por Madrid. La que dices está muy bien. Me encantan los monasterios, la naturaleza.
    Me paso una semana viéndo poblaciones, hoteles, y luego sobre la marcha, sin obligaciones,dónde nos guste. No reservo el hotel. Hace años, en agosto, ni te cuento. Ahí sí lo pasamos mal.
    Mi amiga tiene una semana de vacaciones este mes. La ventaja es que en agosto también, y a lo largo del año puede disponer de días. Sino vamos ahora, es porqué nos habremos quedado en una playa de por aquí. Ya he tomado nota para otra ocasión, porque quiero visitar San Sebastián.
    Catalunya me encanta. Camprodón...Lleida. Poblet. Vimos hace años Galicia. Preciosa también. Pero toda esa parte que describes no.
    Los paisajes son espectaculares. Vistos por la tele o por internet. El pais vasco... Todo tan verde... Por aquí todo quemado. Que desastre.
    Arguiñano, Arzak. Les veo mientras me hago la comida y me encantan, son buenas personas. El primero me hace mucha gracia. La calidad de esa cocina, eso es lo que quiero conocer. Tanto en el pescado, cómo en las carnes. Iremos a Cuzcurrita y a algún otro pueblo.
    Que et vaja bé.

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