Navidades 2010

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NAVIDADES 2010

28-12-10

Las Navidades son para los niños pequeños, y no para esos niños grandes que somos los hombres adultos. Pues no.

Claro que recordamos con emoción las Navidades de nuestra infancia: el frío, ir a la Plaza Mayor de Madrid, tapados con una especie de gorro de lana llamado verdugo (menudo acertado nombre: lo odiábamos y nos sentíamos ridículos con él), a comprar todo tipo de cosas navideñas (figuritas para el Belén; adornos y bolas para el árbol; bromas, pelucas, bombas fétidas, petardos…).

Luego había que montar el árbol, y el Belén, que nuestras hermanas no nos dejaban poner las figuras, ni el papel de plata que simulaba el río, ni el musgo que hacía de hierba: nos dejaban de lado y hacían siempre lo más divertido e interesante. Nosotros, dóciles como esos borreguitos que se ponen en los belenes, les dejábamos hacer, algo fatalmente premonitorio mucho más tarde, cuando todo su egoísmo y vileza reflotaron de las partes más oscuras y hundidas de sus almas. Quién lo iba a decir entonces. Da igual.

Los regalos. Nuestros padres tuvieron la lucidez de dividirlos entre la Nochebuena y el día de Reyes Magos, para que así pudiéramos jugar con ellos antes de  que comenzara el curso escolar.

Creer en los Reyes Magos y en Papá Noel es una de las mayores ilusiones de un niño. Luego esas ilusiones se desbaratan con la realidad, y con esa maldita cosa que se llaman hormonas, y que nos hacen ser adultos y perder nuestra inocencia para siempre, y así descubrir  esas tres maldiciones bíblicas: el sexo, el dinero y que existe en verdad la maldad y el egoísmo, consustancial a la naturaleza humana. De hecho, definitorias y exclusivas de ella, la maldad y el egoísmo, por cuanto en el mundo animal, ni siquiera en el mundo de nuestros primos lejanos los chimpancés, la crueldad nunca es gratuita, si acaso y tan sólo, como una forma de supervivencia, para proteger el territorio y los derechos adquiridos.

Con el tiempo y el atropello sentimental que significa ser adulto o un no inocente, pierde uno esa ilusión por las Navidades. Se separa uno cada vez más de sus padres. Es necesario, porque más importante que la emancipación económica cuando tenga que llegar, es la emancipación sentimental: se puede querer mucho a unos padres, y atenderles solícitamente  y con paciencia y con ternura cuando les llega al fin la vejez (esa catástrofe!), pero uno debe, a su debido momento, salir de las faldas de una madre, y debe separarse de los fuertes brazos de un padre.

Algunos graves (pero ocultos) trastornos de personalidad que hemos observado en adultos aparentemente normales, y hasta con supuesto éxito en sus carreras y en sus vidas, se derivan de esa no emancipación sentimental.

Tan importante es cuidar a un hijo, como dejarle que camine solo por esta vida, y a pesar de los peligros y riesgos que siempre esperarán su ominosa oportunidad.

Cuando uno tiene hijos pequeños, hasta que aparecen las fatídicas hormonas, uno recupera otra vez esa ilusión infantil perdida: celebra la Nochebuena y los Reyes Magos con risas y hasta con nerviosa e infantil aprensión, por ver si los regalos que hacemos gustan, y comprobar que los que nos hacen nos complacen.

La Noche Vieja no, porque es una mierda. No haces ni te hacen regalos, y  tenemos la inoportuna costumbre de dormirnos antes de medianoche, para las uvas, a no ser que estemos bien gin tonificados con gin tonics y otros alcoholes. Tampoco es cuestión de empezar el año medio borrachos. Mal augurio, además de una ordinariez. Anda que no hay días durante el año que empieza para beber sabia y festivamente con los amigos. Sólo los horteras se emborrachan en Noche Vieja. Los caballeros, el resto del año.

Por los presentes y los ausentes, solía decir nuestro padre cuando brindábamos, fuera en Nochebuena, fuera ya con el recién estrenado Año Nuevo.

Vuelve la melancolía, el spleen tan inglés (los ingleses son tan egocéntricos que todavía piensan que ellos son los únicosr capaces de sentir ese tan legendario y tan literario spleen).

Por nosotros, que pasen ya estas hipócritas fiestas de una vez. Ni sentido religioso, ni sentido de unidad familiar ni de nada de nada. Sólo una excusa para gastar dinero, comer y beber como bestias, engordar tres kilos y recordar lo que no quisiéramos recordar: que ya no somos esos niños inocentes (ya ni siquiera nuestros hijos) y que todo lo que un día tuvimos, en nuestra dorada infancia, lo hemos perdido.

A la mierda las Navidades, fiesta laica y pagana de la impostura y la mentira. 

  1. en respuesta a Arrapiezo
    #41
    06/01/11 03:04

    Por cierto...Se me olvidó decir que copiaba anatomia en el Penthouse. Algunas fotos eran muy bonitas, y tengo dibujos a lápiz y en 0'1 en tinta, tal cual.
    Mi arte dices. Cuando lo sepa lo pondré. Mi prima dice que me ayudará. Tengo muuuuuchos primos y primas. Jaja. No llegamos a los 100.000, pero casi.
    Vale por lo de tu mente, cada cual es cada cual. Vaya espero que tengas a alguna mas.
    Yo soy al revés. De jóven muy lanzado, ahora busco a mi pareja.
    No me llevo a ninguna, ni me la pienso llevar al catre. Y las tengo y muchas...Lo que no se es porqué, jaja . Soy normal
    Tengo a alguna amiga que la considero muy interesante.
    El amor es lo mejor.
    Bona nit de Reixos.
    Enric

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