El cinismo

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EL CINISMO

15-08-10

Dice el diccionario que el cinismo es la desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables.

Menuda definición. Eso de vituperable nos suena a rancio y decimonónico. Nos suena a fascista, así como del Opus.

Nosotros pensamos que en la vida no hay nada vituperable, porque  tan infeliz adjetivo conlleva el hecho de juzgar, infinitivo odioso. Ya escribimos en su día una columna sobre tal infinitivo, y concluíamos que no se debe juzgar a nadie, no vaya a ser que al final le juzguen a uno. Así, como un Juicio Final de mentirijillas. Menudas trolas se creen los creyentes. Son unos crédulos. Todavía creen que el Papa es alguien. Son unos irredentos papistas. Pues que le aproveche.

Todos tenemos muertos en el armario. A ver: quién no ha engañado alguna vez a Hacienda, a la Agencia Tributaria, aunque sólo haya sido pagar una chapuza doméstica sin IVA? Pues todo quisque, como se decía antes en ese lenguaje arrabalero y cheli (Umbral hizo un diccionario de lo cheli, ahora en desuso debido a internet, los SMS y lo chats de la Blackberry)  y de la movida madrileña de los ochenta.

Aún siendo madrileños, y aún habiendo podido vivirla por edad, nosotros pasamos en su día de la movida de madrileña de los ochenta, entre otros motivos porque estaba llena de horteras y drogatas. No hay nada más insoportable que un hortera. En cambio, por los drogatas sentimos ternura y compasión, porque seguramente nunca quisieron ser lo que fueron.

El primer hortera de todos es Pedro Almodóvar, que aunque haya ganado un Oscar (menudo mérito, como los Nobel, que los gana cualquiera menos Borges o Proust, por ejemplo) y tenga un pisazo en el Paseo del Pintor Rosales, pues sigue siendo un tío cutre y paleto, así como manchego, igual que el queso.

No importa el éxito y el dinero que tengan, pero a los paletos la dicción les descubre su poco refinado origen : siguen hablando igual de mal y con acento de paletos. No tienen remedio. Para pisos, preferimos el piso de Joaquín Sabina, ese maravilloso juglar moderno.

Por lo visto, Sabina, harto de frecuentar los bares en su día, constituyó su piso (no tan bueno como el de Almodóvar. Estos izquierdones al final quieren imitar a los burgueses, y no son ni de izquierdas ni burgueses) en un bar abierto las 24 horas, sobre todo por la noche y de madrugada.

Sabina es, junto a Alejandro Sanz (inopinadamente, pasó de ser un melifluo compositor para histéricas y hormonadas adolescentes, a revelarse como un poeta de primer orden. Hay mejores metáforas en algunas canciones de Alejandro Sanz que en toda la poesía oficial y profesional actual, que por cierto es una mierda), los dos que mejor combinan esa conjunta armonía de música y letra.

Bueno, al tema de la columna, que ya casi no nos queda espacio.

Montaigne se hacía el cínico y el estoico y hasta el epicúreo, que va todo junto. Hasta tuvo algún problemilla con la Inquisición, que consideraba sus Ensayos como demasiado paganos. Unos gilipollas los de la Inquisición. Montaigne se salvó porque era rico y noble y consejero del Rey de turno en Francia, que ahora no nos acordamos qué rey era porque siempre nos hacemos un lío con los reyes. Qué cruz: la Historia y la Geografía son nuestro fuerte.

No hay que morir sin haber leído a Montaigne. Es un consejo. Mucha leche de Cervantes y Shakespeare, pero Montaigne, más o menos contemporáneo de ellos, les da mil vueltas.

El cinismo es el amparo de los buenos.

El cínico no es un desvergonzado en el mentir, o defiende doctrinas vituperables, como dice el a veces trasnochado diccionario. No.

El cínico observa la realidad, y como no le gusta, se la inventa, la cambia.

El cinismo es el escudo de los sensibles, sobre todo hombres. Las mujeres se pueden permitir ser (y hacerse) las sensibles. Lo hombres no podemos hacernos los sensibles, porque familiar y evolutivamente, no hemos sido preparados para ellos.

El cínico es aquél que siente de verdad, pero no puede (ni debe) demostrarlo. El cinismo, o cuando uno oculta lo que de verdad es.

Por eso, las mujeres sensibles e inteligentes adoran a los cínicos. Son su perdición. O su salvación. Señora: ponga en su vida un cínico, y jamás se arrepentirá. Sufrirá un poco, pero será muy divertido. 

  1. en respuesta a Boswell
    -
    #21
    22/08/10 18:13

    Gracias por los consejos y por las respuestas. Desde luego que acepto tu ofrecimiento de quedar un día para hablarlo.
    De momento vamos a hablarlo con ella, que lo negará todo, como se lo niega a sus conocidos más próximos. Han sido ellas, su antiguo grupo de amigas, las que nos han dado la voz de alarma. Vamos a intentarlo de nuevo, siempre se ha negado, siempre ha dicho que ella no llegaba a tanto. Ahora parece que ha pasado algunos límites, que ciertas líneas ya han sido superadas. Pero se niega a admitirlo. Al menos quien la vé mucho mas amenudo que yo ya lo ha admitido, ha aceptado lo que no quería aceptar.
    Parece que hemos identificado el problema, ya no decimos "ella está muy bien". Algo es algo.
    Identificado y aceptado ahora podemos intentar solucionarlo. Buscaremos la manera de hacerlo.

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