El tránsito

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El tránsito de Elias León Siminiami es una obra reveladora. Con un tono que no deja de jugar entre la realidad y la conspiración, presenta al primer mundo como un conjunto de humanos productores cuya única función es esa, producir para otros. En un relato agobiante, trata de abrir los ojos de los que pertenecemos a esta barbarie absurda de la que no hemos elegido formar parte.

Emitido en Metrópolis el 26 de Octubre de 2009. Ver aquí.

Conceptos claves del mundo moderno
Capítulo 4, el Tránsito

Se denomina "tránsito" a la franja de la jornada empleada por un profesional en desplazarse al trabajo y volver a casa. Aunque la Teoría económica lo ignore, el tránsito fue esencial en la implantación del "Produccionismo".

"Produccionismo" es el único modelo económico admitido en el mundo moderno. Sostiene que el sentido de la vida está en el siguiente patrón: a) generar producto; b) descansar para seguir generando. El ser humano dedicará su tiempo a producir y descansar para seguir produciendo. Producir y descansar para seguir produciendo. Producir y descansar para seguir produciendo.

Por ello, cualquier otra actividad humana debería controlarse. Pero el ser humano tiende a la diversidad, a ocuparse en actividades que no sean producir y descansar (para seguir produciendo). Actividades como divertirse, conversar, pensar.

La implantación del produccionismo exigió racionar estas actividades. Esto no fue tarea fácil. Surgieron oponentes al Produccionismo denunciando que atentaba contra la condición humana. Había que proceder con suma discrección...

Aunque se invirtió mucho dinero el Produccionismo no acababa de implantarse. Es cierto que el humano producía y descansaba (para seguir produciendo). Pero también se divertía, conversaba e incluso pensaba.

Hubo que recurrir a las mejores mentes. Se recluyó a los economistas más prestigiosos en el edificio más alto del planeta hasta dar con una vía para la total implantación del Produccionismo. Allá arriba, muy por encima del hombre común, contemplando el inmenso paisaje, encontraron la solución: mudar a los profesionales a las afueras de la ciudad forzándolos a emplear una franja de la jornada en desplazarse al trabajo.

Esa franja se denominó "tránsito" (commute en inglés). Surgió un nuevo tipo de humano profesional: el Transitante. Se abría la veda para racionar cualquier actividad humana. Nació el Produccionismo.

La primera actividad humana racionada por el tránsito fue la diversión. Normalmente se entiende por "diversión" una actividad de índole social en la que el humanos se somete a dos influjos: la noche y el alcohol. Ambos influjos tienen una relación directamente proporcional, es decir: cuanta más noche, más alcohol. Cuanto más alcohol, más diversión.

Sin embargo, divertirse y producir tienen una relación inversamente proporcional: cuanta más diversión, menos descanso. Cuanto menos descanso, menos productividad. Esta productividad reducida, o "resaca", amenazaba al Produccionismo. Era imperativo minimizar la diversión.

Se convenció al humano de que sufría un exceso de actividad, responsabilidad y estímulos. Sufría un mal llamado "estrés" que sólo sanaría con paz y silencio. Se diseñaron habitats vitales en las afueras de la ciudad. Habitats plenos de paz y silencio. O llenos de "nada", según los enemigos del Produccionismo, que exigieron otras medidas contra el estrés.

Estos habitats vitales de las afueras fueron clave para el Produccionismo. El concepto clásico de "metrópolis" se redefinió en dos espacios polares: el centro para producir y las "afueras" para descansar (para seguir produciendo). Ambos espacios se conectarían mediante el tránsito.

Gracias al tránsito, el centro se vacía tras la jornada laboral, protegiendo al transitante de la peligrossa combinación: socializar + noche + diversión. La "resaca" se eliminó. La diversión se minimizó.

Minimizada la diversión, el tránsito se ocupó de la conversación. "Conversar" es una actividad en la que dos o más humanos intercambian opiniones sobre un tema determinado. Como hay opiniones contrarias al Produccionismo, la conversación es potencialmente peligrosa.

Pero no todas las conversaciones revelan opiniones críticas. En realidad apenas sucede. Hace falta confianza para expresar una crítica en conversación. Cuando apenas se conoce, la gente tiende a hablar sobre el tiempo. Por eso los humanos tienden a evitar conversar con desconocidos.

El Produccionismo no exigía erradicar por completo la conversación. Bastaba con instaurar condiciones para que el humano las evitase. Dichas condiciones las instauró el tránsito.

El transitante pasa gran parte de su tiempo en un coche o en un tren. Es decir, solo o entre extraños. Como es muy difícil ver un mismo rostro dos veces en el tránsito, y como entre extraños se tiende a hablar sobre el tiempo, el transitante terminó por evitar la conversación.

Minimizada la diversión y evitadas las conversaciones, también se eliminó el pensamiento. "Pensar" es una actividad individual y estática en la que el humano sopesa una situación. Es una actividad más difícil de detectar que la diversión o la conversación.

Por ejemplo, puede afirmarse con seguridad que el transitante ni se divierte ni conversa en el tránsito. Pero es casi imposible saber si, en su silencio estático, está pensando o en babia, estado de nula actividad mental ideal para el Produccionismo.

No podían correrse riesgos. Si piensa, el transitante se rebelará contra su condición o contra el tránsito. Irónicamente la solución estaba en el propio tránsito. En la duración del tránsito para ser más precisos: Cuanto más durase un tránsito, más en babia estaría el transitante. Por ello se planeó que el tránsito fuera exasperadamente lento.

A esta nula fluidez del tránsito se le llamó "atasco" y fue posible gracias a una amplia batería de medidas:
-Racionamiento y retraso de trenes.
-Trabajos de reforma permanentes.
-Señalizaciones erróneas.
-Cuerpos de seguridad velando por los atascos.

Exasperado por masivas esperas, el transitante comenzó a desconectarse de sí mismo y de los demás. Esta desconexión aumentó al incluirse en el tránsito actividades ajenas como la lectura o escuchar música.

Sin embargo, en muchas ocasiones la desconexión era literal. El transitante se dormía.

La realidad difuminada y el pensamiento eliminado. Fue el esplendor del Produccionismo. Cuesta creer que la Teoría Económica ignore el tránsito al explicar la implantación del Produccionismo.

Los enemigos del Produccionismo afirman que esta omisión no es accidental. TOdo fue planeado en el edificio más alto del planeta. "No es leyenda. Es conspiración" afirman.

Controversias aparte, el tránsito consolidó al Produccionismo como el modelo económico del mundo entero. Y hoy en día, el modelo funciona como un reloj: El transitante, a) produce; b) descansa para seguir produciendo. Produce y descansa para seguir produciendo. Produce y descansa para seguir produciendo.

Hay, sin embargo, transitantes que sueñan cuando descansan. A dichos transitantes se les llama "soñadores". Los soñadores del tránsito a veces sueñan cuando se divertían, conversaban, pensaban. Por eso los sueños son la última amenaza contra el Produccionismo y el control de los sueños se ha convertido en su desafío más importante.

Contrariamente a las otras actividades reguladas por el tránsito el control de los sueños no consiste en minimizarlos, evitarlos o eliminarlos. Los soñadores siempre tendrán sueños. Por eso, en este caso, es necesario crear Nuevos Sueños. Sueños que callen a los enemigos del Produccionismo. Sueños que den esperanza al transitante y reafirmen su modo de vida. Sueños para soñar en el tránsito.
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