Midiendo el Arte: Mei Moses

 

Desconocemos el momento histórico en que la relación entre arte y riqueza económica comienza a ser estrecha y directa. Disponemos, sin embargo, de una prueba gráfica como posible punto de partida: la pintura de 1514 del maestro flamenco Quentin Massys titulada El cambista y su mujer, expuesta en la actualidad en las paredes del Museo del Louvre en París.  A modo de doble retrato, un matrimonio engalanado con ropas de terciopelo reproduce sobre el lienzo una escena doméstica: ambos centran su atención en la cuidadosa y atenta contabilidad y pesaje de una serie de monedas. El cuadro, cargado de elementos simbólicos y detalles recreativos, está realizado con la bella factura que caracteriza a su influyente autor, de quien se han vendido pinturas menores por un valor superior al millón y medio de euros. La que nos ocupa, sin embargo, no fue realizada con el objetivo de alcanzar el mercado especulativo, sino como regalo de bodas de Peter Gillis, magistrado de la ciudad de Antwerp y amigo personal. El pintor introdujo, además, un mensaje clarificante sobre el marco, una frase tomada del libro del Levítico: «balanzas y pagos justos tendréis». De ingresar en el mercado, una pintura de estas características podría alcanzar un valor estimado en torno a los 70 millones de euros. La inversión en arte, a juzgar por los datos de los que disponemos, está más que asegurada. ¿En qué consisten nuestras fuentes, más allá de esporádicas notas de prensa? ¿De qué forma tomamos la temperatura al mercado del arte para asegurarnos una rentabilidad económica? Nos disponemos a analizar uno de estos medidores: el índice Mei/Moses.

 

Los índices son herramientas con las que medimos los cambios experimentados por una variable en un periodo de tiempo. Conforman un registro, objetivo y agrupado, de una serie de valores y sus variaciones. Los hay dedicados en exclusiva a analizar un sector específico, como el inmobiliario a través del Commercial Real Estate Index estadounidense, o del China Real Estate Statistics en el gigante asiático. Estamos familiarizados con los índices bursátiles, conformados por empresas involucradas en la emisión de títulos, como el Standard & Poor's 500, quizás el más representativo del mercado. En cuanto al arte, han sido numerosos los intentos de implantación de índices, cada uno sustentado sobre una u otra metodología, desde tomar la muestra total de obras en un espacio de tiempo, hasta utilizar la regresión hedónica como instrumento de valoración, teniendo en cuenta de esta forma variables de otra forma despreciables, como el tamaño de una determinada obra, su estilo o el soporte. El método de mayor aceptación, sin embargo, es el de la denominada doble venta, donde la regresión se aplica sobre el valor de mercado de un activo en concreto que ha sido vendido un mínimo de dos veces, con el fin de estimar el cambio que experimenta el valor de una pintura y su tendencia en el tiempo. Precisamente de esta doble venta se sirve el índice World All Art de Mei/Moses. Ideado en 1999 por Michael Moses y Jianping Mei, profesores de finanzas de la New York University's Stern School of Business y de la Cheung Kong Graduate School of Business of Beijing respectivamente, nos proporciona datos de interés sobre el comportamiento del mercado del arte en el largo plazo. El índice toma como muestra artistas consagrados con obras vendidas al menos dos veces por un precio superior a las cinco cifras, dividiéndolos en una serie de categorías historiográficas, tales como arte de los grandes maestros y del siglo XIX, arte impresionista y moderno, arte estadounidense anterior a 1950, obra de posguerra y contemporánea o artistas latinoamericanos. El escenario donde se tomará la muestra, conformada a día de hoy por más de 26 mil ventas dobles, cifra que aumenta a un ritmo de dos mil por año, será siempre el de las casas de subastas de Sotheby's y de Christie's, que conforman ambas un total de más del 70 por ciento del global. Auguste Renoir, decimocuarto artista más vendido durante la década pasada, una vez declaró: «el único indicativo del valor de un artista es su precio en la sala de ventas». El beneficio en la venta de algunos de ellos, especialmente de creadores reconocidos con posterioridad a 1945, es difícilmente equiparable en otros sectores.

 

Para Moses, el inversor medio mantiene una cartera diversificada de renta variable, bonos de distintos tipos y materias primas como el oro, todos considerados valores líquidos, en tanto pueden convertirse en moneda de curso con relativa rapidez. El inversor sofisticado, sin embargo, decide invertir además en valores que podríamos determinar como no-líquidos, con una conversión a moneda no inmediata, como es el caso de bienes inmobiliarios y, de forma especial, del arte. Este último ofrece, además, tres ventajas exclusivas con respecto a otros productos: en primer lugar, proporciona al propietario el placer de poseer el bien adquirido; en segundo lugar, señala Moses lo atractivo de la búsqueda de la obra y la socialización en torno al arte; finalmente, lo más importante para el profesor es la longevidad financiera de la obra. Westvaco, una acuarela de Miró del año 1954, alcanzó en una primera subasta un precio de 30 mil euros en 2001; diez años después, la misma pintura fue vendida por 190 mil. En la actualidad, su precio estimado superior a los 220 mil euros. No estamos ante un caso aislado: si prestamos atención al arte contemporáneo, las obras de creadores como Lucio Fontana o Heinz Mack han reportado retornos superiores al 50 por ciento. Al analizar los datos diacrónicos del índice World All Art, vemos cómo la inversión en arte proporciona un retorno alrededor del 10 por ciento de media anual, dato prácticamente idéntico al obtenido a través de la inversión en el S&P 500. 

 

 

 

El índice no está exento de aspectos por mejorar, como la inclusión del valor de las ventas directas en galerías, de especial interés en el mercado del arte ocupando casi un 50 por ciento del volumen total. De igual manera, también la pintura se encuentra expuesta a factores inclasificables e inesperados que derivan en burbuja, como la generada por un exagerado sobreprecio de una obra en un determinado momento en el mercado. Por último, señalar que en las operaciones del índice relacionadas con el arte no están incluidos gastos como el seguro de una obra, su transporte o el mantenimiento. Moses asegura, no obstante, que la cuantía derivada de estos es mínima, más aún si la comparamos con el mantenimiento de una cartera de inversiones en el mercado bursátil. La tasa de crecimiento anual compuesto de los últimos quince años arroja, además, resultados más que positivos, superando el arte al mercado bursátil en más de cuatro puntos

 

 

 

Adam Smith, en uno de los postulados del libre comercio, viene a considerar la labor de artistas, abogados y médicos como improductiva, pues de ella no se genera un bien tangible y, sobre todo, vendible. De esta forma, los salarios de estos trabajadores no provienen directamente del valor producido por ellos mismos, sino de los ingresos de sus empleadores. En términos de generación de riqueza, señala Smith, nada distingue a estos profesionales de aquellos dedicados al servicio doméstico. Resulta sencillo en nuestros días reconocer el desacierto del autor de La riqueza de las naciones al ignorar la utilidad económica de oficios liberales, ligada habitualmente a la satisfacción del cliente que los contrata. No nos cabe duda de que Adam Smith habría encontrado en nuestros días la inversión en arte como plenamente satisfactoria como actividad ampliamente generadora de riqueza. Es el teórico un rostro familiar en el Reino Unido: su perfil está incluido en el reverso de los billetes de 20 libras esterlinas; en mayo de este año, sin embargo, el Banco de Inglaterra convocó un concurso para eliminar de ellos el retrato de economista escocés y sustituirlo por otra figura pública, en este caso un artista. En las quinielas, Constable o Turner. 

  1. #1
    04/11/15 08:45

    Hola. He tenido una galería y he estudiado algo de Arte. Francamente, creo que la única forma de hacer dinero con el arte es comprando artistas conocidos pero no "estrellas" todavía, apostando a que en el futuro lo sean. Y eso son cábalas, más cuando hoy tenemos una constelación infinita de artistas. O consiguiendo un Picasso en un rastrillo, menos probable aún.
    Además, algo que NADIE dice a los inversores es que si ellos compran un objeto de arte en una galería por 100, y en diez años el mismo objeto se tasa en 120, lo llevan crudo si creen que la galería les va a pagar más de unos 96. Las comisiones de Christies pueden dar una idea, pero si tu obra no es suficiente para ellas, la galería pequeña morderá aún más. Bastante más.
    Por todo esto, creo que el arte ha de ser adquirido por el prestigio que brinda y el placer de su posesión. Si se revaloriza, bien, Que no, pues nada.

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