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Para explicar el origen de las crisis financieras es necesario entender el surgimiento del sistema financiero, puesto que desde entonces, y con cierta ciclicidad se han sucedido dichas crisis. Hace 10.000 años con el nacimiento de la agricultura surgió el comercio y con él, el sistema financiero.
La agricultura de entonces, al igual que la de ahora, no ofrecía la posibilidad de cultivar los mismos vegetales a lo largo del año ni en todas las tierras crecían las mismas plantas; por ello, los agricultores intercambiaban entre ellos sus cosechas. Había nacido el comercio.

Poco después se logró la domesticación de animales, es decir, la ganadería. Las cabezas de ganado no se pueden “cosechar” una vez al año, sino que es necesario dejarlas crecer y que se reproduzcan para obtener así más beneficios (más carne) en el futuro. Ante esta situación y la necesidad de consumir productos de la agricultura, los ganaderos se vieron obligados a hacer promesas de pagos futuros en carne a cambio de los productos hortofrutícolas y el agricultor, como contraprestación, recibía un documento donde quedaban reflejados los nombres de los contratantes y las cantidades de carne a pagar. Este dinero era perfectamente legal y su circulación estaba totalmente extendida, es decir, todo el mundo tenía la confianza y la certeza de que esa promesa se iba a cumplir. Había nacido el dinero (y también la escritura).

Los agricultores con más tierras y mejores medios de cosechado eran, lógicamente, los que más cosecha obtenían, y por lo tanto los que más documentos de promesas futuras (dinero) poseían. Los grandes agricultores prestaban ese dinero a otros agricultores recién iniciados y que necesitaban herramientas para trabajar; como contraprestación recibían a cambio pequeños pagos en especie a lo largo de varias cosechas. Habían nacido los bancos.

También se utilizaban las promesas de pago futuras para comprar armas y así poder defender sus intereses. De esta forma el dinero se iba intercambiando de manos. Ahora eran los armeros y forjadores los que tenían ese dinero con el que podían comprar otros bienes o reclamar el pago en especie. Si se elegía esta última opción solo había que personarse donde el ganadero y exigirle el pago de la carne. El problema surgía cuando el ganadero tenía que hacer frente a sus promesas y no podía; o bien por problemas cíclicos como el clima o las enfermedades; o bien porque había creado más promesas de las que debería, creyendo que iba a obtener más carne en el futuro para poder hacer frente a los pagos. Los armeros y forjadores, expandían el rumor de que el ganadero era insolvente, y los tenedores de esas promesas futuras, querían recuperar la carne o por lo menos la cantidad en especie que habían entregado por esa promesa futura. Lógicamente ambas cosas eran casi imposibles de conseguir y los dueños de ese dinero quedaban arruinados. Habían nacido las crisis financieras.

El origen histórico de las crisis financieras, nos permite obtener conceptos tan interesantes como las promesas de pago, las unidades superavitarias de financiación, los problemas cíclicos, la especulación, la insolvencia, etc. Estos conceptos han sido comunes a las grandes crisis financieras de la historia como la que sacudió los Países Bajos en 1637, conocida como la burbuja de los Tulipanes, y que se originó con la especulación del precio de estos y terminó con la región sumida en una gran depresión económica. También sucedió algo similar con las crisis de las Bolsas de Inglaterra y de Francia de 1720, que de igual forma que la de los Tulipanes acabó sumiendo a ambos países en una gran depresión económica. Más recientemente, en 1929, la Bolsa de Nueva York contempló como su índice general se desplomaba más de un 50% en un mes, arruinando así a millones de personas que habían invertido sus ahorros, e incluso, se habían endeudado para especular con el mercado de valores. Durante los 4 años posteriores Estados Unidos padeció la mayor crisis económica del siglo XX.
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