
En septiembre de 1983 Gianfranco Becchina se puso en contacto con el museo J.Paul Getty de California. Según sus palabras decía estar en posesión de una estatua de mármol construida en el siglo VI antes de nuestra era. La estatua en cuestión se trataba de un Kurós, una escultura que representaba a un varón joven desnudo. De este mismo tipo de obras solo se conservaban en el mundo unas 200, estando la mayoría de ellas en unas condiciones lamentables, por lo que el valor de esta obra en este momento era incalculable ya que se encontraba en un perfecto estado.
El museo Getty como era costumbre respondió con cautela, aceptando el Kurós en préstamo iniciando inmediatamente una investigación exahustiva. ¿Sería un Kurós original? ¿casaba la estatua con otros Kurós conocidos?, la respuesta parecía afirmativa. De hecho era similar al Kurós de Anavyssos, conservada en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, pudiendo incluso a priori encajarlo en un lugar y época determinados.
Los estudios con espectrometría de masas y disfracción de rayos X concluyeron que la estatua era de mármol dolomítico ( la dolomita tarda cientos incluso miles de años en transformarse en calcita) procedente de la antigua cantera de cabo de Vathy. Por supuesto, finalmente el museo Getty quedó satisfecho, aceptando comprarlo.
En 1986 se expuso al público y algunos medios como el New York Times escribieron sobre el nuevo hallazgo.
No obstante, algunas personas no estaban muy conformes con la nueva adquisición, según las palabras de ellos “tenía algo raro”.
El primero de ellos, Federico Zeri decía que las uñas tenían algo raro, aunque no supo explicarlo con palabras. De hecho estuvo luchando porque el museo no comprara este Kurós. Sin saber por que explica como la primera palabra que le vino a la mente cuando lo vio fue “reciente”, algo que choca con una obra supuestamente formada hace miles de años.
Poco a poco las voces a favor de que este Kurós tenía “algo raro” fueron multiplicándose, por lo que se empezaron a seguir las pruebas externas que Gianfranco Becchina aportó, llevando una de ellas a un código postal que no llegó a existir hasta pasados 20 años de la supuesta prueba aportada.
El Kurós no procedía de la antigua Grecia sino del estudio de un falsificador romano.
Todas las personas que en una primera visión de este Kurós sintiendo un “rechazo instintivo” acertaron de lleno, lograron captar de un vistazo de dos segundos más sobre la esencia de la escultura, que el equipo del Museo Getty en catorce meses.
Hablemos de esos dos segundos.
Esta historia se cuenta a la perfección en el libro Inteligencia Intuitiva de Malcolm Gladwell.
¿Cuántas veces nos hemos visto en una situación similar?
Sin saber por que algo no nos encajaba con la situación que nos estaban explicando, más allá del lenguaje no verbal del que podemos extraer muchas conclusiones al igual que con el presidente Obama, vemos como en alguna situación o ante algún objeto como es el caso, la sensación que nos produce es diferente a la que quien nos habla nos intenta explicar por lo que aunque no sabemos dar una descripción precisa, no confiamos.
Ese sexto sentido del que se suele hablar en muchos casos parece que desempeña un papel fundamental incluso a la hora de hacer trading. Especuladores como Livermore han utilizado la intuición en más de una ocasión y sin saber explicar el por qué de su decisión han comprado o vendido ante la sorpresa de quienes les rodeaban.
Y es que según parece a nivel inconsciente somos capaces de percibir ciertos matices mucho antes que a nivel consciente, lo que motiva que en algunas ocasiones no sepamos muy bien explicar cierta impresión o juicio que hemos adoptado.
Pregunta para los traders discrecionales. ¿crees que son importantes las corazonadas en el trading?
Te escucho.