Un modelo operativo de personalidad

 

"Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo."

"El hombre más poderoso es aquel que es totalmente dueño de sí mismo."

"La excelencia moral es resultado del hábito. Nos volvemos justos realizando actos de justicia; templados, realizando actos de templanza; valientes, realizando actos de valentía."

"La inteligencia consiste no sólo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica."

"Lo que tenemos que aprender lo aprendemos haciendo."

"Nuestro carácter es el resultado de nuestra conducta."

Aristóteles

Hemos visto en los artículos previos un modelo de cómo actuamos y de por qué lo hacemos como lo hacemos. En este vamos a establecer un modelo operativo de personalidad, basado en lo anterior, que nos sirva de referencia a la hora de operar el mercado de la única forma que podemos: a través de nosotros mismos, para lo cual tendremos que gestionar adecuadamente no sólo un sistema de especulación, sino nuestros deseos, creencias y sentimientos, de manera que vayamos modificando los hábitos que nos perjudican, potenciando los que nos benefician y adquiriendo los que necesitemos.

Calificamos el modelo que vamos a presentar como “operativo” porque con él no buscamos la “perfección académica”, sino una herramienta útil en nuestro trabajo diario como traders, que nos posibilite la monitorización, el control y la mejora continua en nuestra interacción con la realidad, en este caso el mercado.

El modelo que proponemos conceptualiza nuestra personalidad en dos niveles:

 

  • Una personalidad recibida (lo que hemos llamado “yo ocurrente”).
  • Una personalidad decidida (lo que llamamos “yo ejecutivo”).

 

La personalidad recibida, a su vez, tiene dos subniveles:

 

  • La personalidad heredada, genética, compuesta por las funciones intelectuales básicas, elsexo y el temperamento.
  • La personalidad aprendida (el carácter), constituida por hábitos afectivoscognitivos yoperativos.

 

Cuando cualquiera de nosotros nacimos, lo hicimos “equipados”, “de fábrica”, con unas posibilidades intelectuales (habilidades verbales y espaciales, velocidad perceptual, memoria, atención), un temperamento, es decir, el estilo de evaluar los estímulos y responder a ellos de forma afectiva (nos sentaban mal muchas cosas o disfrutábamos con facilidad) o activa (teníamos un alto nivel de actividad , por el contrario, éramos más bien pasivos) a ellos y unsexo que condiciona las capacidades verbales en conjunto, el razonamiento matemático, la realización de tareas espaciales, el nivel de actividad o la agresividad.

 

Toda esta “materia prima” con la que venimos al mundo comienza, desde el primer día, a ser modelada por los procesos de socialización y educación dando lugar a nuestro carácter, el conjunto de pautas, culturalmente aprendidas, de pensamiento, sentimiento y acción que forman un núcleo de hábitos muy estable. Mediante estos procesos los elementos heredados pueden ser modificados, potenciados o debilitados.

Los hábitos son uno de nuestros grandes recursos y también uno de nuestros mayores peligros. Mediante la repetición conseguimos automatizar ciertas respuestas cognitivas, afectivas y de comportamiento, lo que proporciona mayor facilidad de ejecución y libera la atención. Si un violinista tuviera que estar pendiente del movimiento de sus dedos, no podría tocar. Sin embargo, los hábitos pueden ser también destructivos: por ejemplo, el que se habitúa a huir de sus dificultades verá cómo le crecen las dificultades.

La personalidad recibida son las cartas que tenemos en la mano; 50% heredada, 50% producto de nuestra biografía (o los porcentajes que sean), tenemos que jugar con ellas. Y, como cualquier jugador de mus o póquer sabe, es posible ganar la partida aunque las cartas no sean demasiado buenas: depende, en gran medida, de cómo se jueguen.

Lo importante es que se nos presentan en patrones – hábitos - que se pueden modificar, reconociéndolos, primero, y modificándolos después mediante la acción.

Y es aquí donde entra en juego nuestra personalidad decidida: tenemos la capacidad de jugar nuestras cartas de la manera que nos convenga.

¿Qué necesitamos para hacer esto?

Creo que dos cosas:

En primer lugar, voluntad. Una palabra “pasada de moda”, si, pero que me parece clave para potenciar la personalidad decidida. Para mi voluntad significa autonomía inteligente, es decir, la capacidad de dirigir nuestra acción de manera que salgamos con bien de la situación en que nos encontremos. En este sentido me parece sinónimo de inteligencia, si no tomamos ésta, como se hace habitualmente, como una mera facultad racional o cognitiva.

La voluntad implica la capacidad de reconocer la aparición de un impulso que nos empuja a actuar, ser capaces de detenerlo, deliberar sobre lo que me conviene, decidir lo que debo hacer y ejecutarlo con mantenimiento del esfuerzo.

En efecto, iniciar un proceso de cambio es lo fácil; lo difícil es mantener el proceso de cambio. Y aquí hago entrar la segunda virtud que necesitamos: la valentía, otra palabra pasada de moda, es la capacidad de atreverse a actuar por algo justo o valioso y resistir después lo necesario para lograr nuestro objetivo. “El que resiste, gana”, como decía Cela.

 

Todo esto podemos aplicarlo en todas las facetas de la vida, incluido el trading: monitorizar nuestra actividad en el mercado, siempre vinculada a pautas compuestas por creencias, sentimientos, necesidades y deseos; analizar cuáles debemos potenciar (fortalezas) y cuáles debemos ir eliminando en la medida de lo posible (debilidades); diseñar y ejecutar repetidamente (entrenarnos), hasta automatizarlas, las pautas que nos convengan, desarrollando pautas nuevas si es necesario; en fin, desarrollar un esfuerzo continuo, con compromiso y disciplina, que nos vaya convirtiendo en auténticos profesionales del trading.

 

Artículo propiedad de NIVEL4 Learning Trading Systems, S.L.

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