Necesidades, deseos, creencias y sentimientos

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Y si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos hacéis cosquillas, ¿no reímos? Si nos envenenáis, ¿no perecemos? Y si nos ofendéis, ¿no vamos a vengarnos? Si en todo lo demás somos iguales, también en eso lo seremos.

(El mercader de Venecia, Acto III – William Shakespeare)

 

Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo.

(Meditaciones del Quijote - José Ortega y Gasset)

 

En este artículo vamos a empezar a tratar de explicar el esquema del artículo anterior. Por comodidad, lo repetiremos aquí:

 

Recordemos que habíamos dicho que “esto” de aquí arriba es lo que realmente tenemos que operar cuando hacemos trading.

Como se puede observar, está dividido horizontalmente en tres zonas. Empecemos por la de abajo, la denominada “Yo ocurrente”.

Todos tenemos la experiencia de que nuestra mente funciona como un “magma” en el que continuamente aparecen, involuntariamente, como surgidos de la nada, pensamientos, deseos, creencias y sentimientos. Ahora mismo es posible que alguno de ustedes, según lee el artículo, sin causa aparente recuerde que debe poner los garbanzos a remojo; o experimente una desagradable sensación de ansiedad, aparentemente sin venir a cuento; quizás le asalte el pensamiento de que esto de la psicología son paparruchas; o comience a divagar sobre sus ya próxima vacaciones; todo esto son “ocurrencias”. De ahí que hayamos denominado a esta parte de nuestro Yo como “Yo ocurrente”.

En la parte más baja encontramos las necesidades. Como especie tenemos dos necesidades básicas: la supervivencia y la reproducción. (Después de décadas de “bombardeo publicitario” postmodernista y constructivista, quizá piensen ustedes que, en pleno siglo XXI, no son tan importantes; les recomiendo la lectura de “La tabla rasa: la negación moderna de la naturaleza humana”, de Steven Pinker, y “El gen egoísta: las bases biológicas de nuestra conducta”, deRichard Dawkins). Estas necesidades “están en nuestro hardware”, son genéticas. Según las circunstancias se manifestarán más o menos en la vida de cada individuo, pero ahí están.

Un poco más arriba encontramos los deseos. Tenemos 2 deseos principales: el deseo de seguridad y bienestar y el deseo de aumentar nuestras posibilidades, de novedad, de poder. Nótese que cada uno de ellos se corresponde con una de las necesidades básicas.

Cuando voluntariamente convertimos un deseo en proyecto para alcanzar un fin y lo ponemos en ejecución (actuamos) entramos en el ámbito de la Acción Humana como hemos visto en los artículos anteriores, lo que hemos llamado “Yo ejecutivo”. Es a través de la acción como entramos en contacto con la realidad (la zona de arriba del gráfico).

Fíjense que todos los elementos del gráfico están interconectados: una adecuada cantidad de seguridad y rutina nos proporciona un sentimiento de bienestar; demasiada rutina nos hace sentir aburrimiento; una ausencia total de seguridad nos produce horror. Un progreso adecuado en el aumento de nuestras posibilidades nos produce alegría. Bienestar, aburrimiento, horror, alegría son sentimientos. Los sentimientos son grandes bloques de información que nos informan acerca de cómo nos va, de cómo la realidad reacciona ante nuestra acción. Otros sentimientos son la ira, la frustración, la tristeza, la sorpresa, la repugnancia, etc. Tienen una gran utilidad por la información que contienen, si bien debemos aprender a gestionarlos, ya que no toda la información que contienen tiene por qué ser verdadera, completa o útil.

En efecto, las creencias (representaciones básicas de cómo funcionan la realidad y yo mismo, mantenida por la memoria) mediatizan sentimientos y deseos y, por tanto, nuestros fines y proyectos y, en fin, nuestras acciones sobre la realidad.

Pongamos un ejemplo: imagine usted que, la próxima vez que salga a la calle, al volver una esquina, se da usted de bruces con un tigre de bengala de 700 kg con cara de tener hambre. ¿Cuál será su reacción? Se activará su necesidad de supervivencia, aparecerá un sentimiento de terror que se concretarán en un proyecto de huida. Todo el mecanismo evolutivo habrá cumplido su función, habrá hecho usted todo lo que está en su mano para salvarse; después la realidad (el tigre) tiene la última palabra.

Imagine ahora que lo que se encuentra, en vez del tigre, es un hermoso gato; pero el gato es negro. Si usted tiene la creencia de que cruzarse un gato negro trae mala suerte, experimentará lo mismo que con el tigre: miedo, proyecto de huida, acción de huir. Sólo que ahora su sentimiento no está causado por algo real, sino por una interpretación errónea de la realidad causada por una creencia.

Lo mismo nos sucede en el trading: si, con una posición abierta, siente usted miedo, lo que dispara un deseo de cerrar la posición, pregúntese si este miedo es producto de una situación real (indicada por su sistema), en cuyo caso el miedo juega a su favor y debe usted hacerle caso; o por el contrario, es producto de una creencia incorrecta (¿cuántas veces “creemos” saber lo que va a hacer el mercado, saltándonos nuestro propio sistema?). Si usted, tras cerrar una operación con pérdidas, siente frustración, probablemente tendrá el deseo de destruir el obstáculo que le ha provocado dicho sentimiento y también el deseo de vengarse: seguramente esto le conducirá a operar de más y a hacerlo ofuscado. Tendrá usted más pérdidas con toda seguridad.

La interrelación de deseos, sentimientos y creencias explican por qué actuamos como actuamos. Son hábitos adquiridos a lo largo de nuestra biografía. Y lo más importante: igual que estudiamos los mercados y creamos sistemas de trading a base de buscar y aprovechar patrones en el comportamiento del mercado, de la misma manera creencias, sentimientos y deseos se nos presentan en patrones. Gestionarlos y modificarlos pasa indefectiblemente por localizar estos patrones mentales y trabajar con ellos. Por eso decimos que, para operar bien en el mercado, antes hay que operar bien en uno mismo.

El mercado, ya lo habrá sospechado, se encuentra en la parte de arriba del gráfico, la de larealidad. El mercado es, efectivamente, lo que hay que operar. Pero, como hemos visto, no podemos hacerlo directamente. Operamos, si, el mercado; pero sólo a través de nosotros mismos, nuestros deseos, creencias, sentimientos, proyectos, acciones y evaluaciones de la realidad. Así que, para tener éxito en el trading, es todo este conjunto (Yo y mi circunstancia, la realidad – el mercado – y mi mente) lo que tenemos que aprender a gestionar.

 

Para saber más

 

Para plantear este modelo de por qué actuamos como lo hacemos nos hemos basado en gran parte en el trabajo de José Antonio Marina (web personalwikipedia), un interesante filósofo español al que merece la pena seguir, tanto por sus temas – cotidianos, los que realmente nos afectan todos los días – como por su método: él dice que se considera un detective privado a sueldo del lector y, para sus investigaciones se sirve de la ciencia (neurociencias, psicología evolutiva) y la filosofía, el estudio del lenguaje y el arte (sobre todo la literatura).

Como bibliografía de referencia destacaría:

 

Artículo propiedad de NIVEL4 Learning Trading Systems, S.L.

 

 

 
 
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