Pocos años después de la terminación de la Segunda Guerra Mundial y gracias en parte a la ayuda económica que el gobierno estadunidense prestó a la isla de TAIWAN para su industrialización y desarrollo con el objetivo final de fomentar una economía libre frente a la latente amenaza comunista de la China continental, algunos empresarios locales pudieron poner en marcha iniciativas y actividades empresariales gracias a las cuales con el tiempo y tal como fue en el caso de FORMOSA PLASTICS CORP llegaron a convertirse, eso sí adaptándose a modelos únicos y habituales propios de la economía del sureste asiático y por tanto diferentes a las que rigen en el mundo occidental, en grandes multinacionales líderes en sus respectivos sectores operativos.

Muchas de estas compañías han tenido en común su organización basada en una integración vertical interconectada en la gestión, el énfasis en la fabricación derivada de productos básicos así como sus sistemas de producción eficientes, todo ello dentro de una economía como la taiwanesa que a nivel macroeconómico ha presentado tasas de crecimiento en su PIB superiores al 8% acumulativos en las tres últimas décadas.

FORMOSA PLASTICS, cuyo caso de éxito trataremos de analizar en este trabajo, nació en el año 1954 por iniciativa del empresario maderero taiwanés Wang Yung-Ching y con la colaboración de su hermano Wang Yung-Tsai, que constituyeron la compañía gracias a una aportación propia de capital de 500 mil dólares de entonces, así como el apoyo financiero subvencionado por el gobierno norteamericano a través de un préstamo subsidiado de 680 mil dólares y el acuerdo tecnológico con Japón para la producción futura. Tres años más tarde se logra por fin el primer hito de esta incipiente actividad con la apertura de su primera instalación industrial en la localidad de Kaohsiung (Taiwán), donde en la actualidad  sigue manteniendo su sede central, dedicada a la fabricación y producción de cloruro de polivinilo (PVC).

A esta iniciativa, siguió el impulso de la familia fundadora de crear en 1958 la compañía NAN YA PLASTICS dedicada a la transformación de la resina de PVC en productos orientados al consumidor final y nueve años más tarde de FORMOSA CHEMICALS para producir fibras de rayón a partir de desechos de madera. Este proceso terminaría en 1992 con la fundación de FORMOSA PETROCHEMICAL, que es en la actualidad la mayor refinería petrolífera de Taiwán.

Report: Formosa to idle major HDPE unit

Aunque en realidad se trata de cuatro sociedades independientes, tal y como sucede en numerosas compañías asiáticas, las mismas tienen lazos comunes en su tejido de propiedad. Todas ellas, a pesar del fallecimiento de su líder en el año 2008 y de encontrarse cotizadas en la bolsa de Taipéi de forma independiente, están participadas por sus herederos y las mismas tienen títulos cruzados entre sí, de tal manera que esta afiliación se refleja en que los Wang poseen aproximadamente de forma directa el 20% de cada una de las sociedades y éstas a su vez tienen entre sí entre el 1% y el 4% del capital de las restantes.

Para darnos cuenta de la importancia y el tamaño de las mismas basta cuantificar su valor en Bolsa. FORMOSA PLASTICS tiene una capitalización bursátil de 18.000 millones de dólares en la actualidad, mientras que NAN YA PLASTICS alcanza un valor de 16.823 millones y FORMOSA CHEMICALS Y FORMOSA PETROCHEMICAL logran respectivamente cifras de 14.153 y 27.100 millones de dólares norteamericanos. Todas ellas juntas suman una cantidad económica de 78.076 millones de dólares, importe muy superior a la que pudiera tener cualquier compañía española.

Analizando este sistema de participaciones cruzadas podemos observar como el 32% de los activos gestionados por la compañía FORMOSA PLASTICS están invertidos en sociedades independientes ajenas a su actividad principal y que estas inversiones aportan a final de año el 35% de los resultados del grupo consolidado.

Transcurridos 66 años desde su fundación, FORMOSA PLASTICS es en la actualidad el segundo fabricante mundial de PVC por detrás de la compañía japonesa SHIN-ETSU CHEMICAL y entre sus productos en cartera adicionalmente a la producción de cloruro de polivinilo se encuentran diferentes versiones de polietileno, polioximetileno, masterbatch, sosa cáustica, cloro líquido, acrilonitrilo, acetonitrilo, metacrilato de metilo y otros productos químicos. Todos ellos son necesarios para el desarrollo de  sectores tan vitales en nuestra sociedad como puedan ser la edificación y construcción, los sistemas de embalajes y embotellado, artículos de ropa, juguetes, sanidad y material médico, equipación deportiva, electrodomésticos, automoción o ingeniería mecánica entre otros muchos. Entre las principales cualidades de los mismos destacan su buen comportamiento al fuego, su resistencia e inocuidad, su facilidad de transporte y la buena relación existente entre su calidad y el precio pagado.

La compañía, a parte de sus fábricas en Taiwán, dispone de diferentes centros de producción en otros países tales como China, Vietnam, Indonesia y Estados Unidos. Aproximadamente el 67% de su fabricación es vendida en mercados internacionales, reservando el restante 33% para abastecer las necesidades locales.

En Norteamérica, y a través de su filial FORMOSA PLASTICS USA, el grupo se encuentra presente desde inicios de los años 80 gracias a la política seguida por la dirección de adquirir instalaciones en desuso o deficitarias, propiedad de grandes corporaciones nacionales tales como fueron el caso de las operaciones realizadas en el pasado con IMPERIAL CHEMICAL INDUSTRIES, STAUFFER CHEMICAL, MANVILLE CORPORATION o ALCOA, lo que le permitió con el tiempo disponer de centros productivos para poder suministrar sus productos al mercado local evitando grandes inversiones iniciales de implantación. En la actualidad sus principales instalaciones están situadas en los estados de Delaware, Illinois, Luisiana y Texas.

China, a pesar de las difíciles relaciones políticas existentes entre los dos países y de las pretensiones de esta nación de acabar anexionándose la isla, es sin duda el principal mercado de la compañía. FORMOSA PLASTICS es uno de los grupos taiwaneses que mayores inversiones realiza a través de sus instalaciones locales en la China Continental y este mercado representa para la compañía un 41,2% del total de sus ventas exteriores.

Independientemente de la división encargada de plásticos y PVC que representa con su facturación de 2.065 millones de dólares en el año 2019 el 35% de la cifra de negocios del grupo, FORMOSA PLASTICS GROUP es uno de los principales conglomerados empresariales taiwaneses con intereses comerciales tan diversos y diversificados como puedan ser los productos químicos, componentes eléctricos, salud y educación.

El grupo, tal y como se muestra en los cuadros que acompañamos, presenta un balance saneado donde los fondos propios representan a cierre del año 2019 el 70% del pasivo total de la compañía y que con un endeudamiento bastante reducido, le ha permitido en los últimos ejercicios obtener unos resultados brillantes que, a pesar de una reducción puntual en las ventas, se sitúan en el entorno del 17,95% de la facturación total.

En este escenario FORMOSA PLASTICS ha seguido la política de repartir dividendos anuales entre sus accionistas por un importe aproximado del 50% de los resultados obtenidos por la compañía después del pago de impuestos y la dotación obligatoria a reservas, lo que sin duda y a pesar de la bajada que últimamente han tenido sus acciones en bolsa, ha conducido a  que éstas coticen a un precio de 1,7 veces su valor en libros.

No obstante, y dadas las circunstancias que ha traído consigo la pandemia COVID-19, FORMOSA PLASTICS ha presentado pérdidas en los seis primeros meses del año 2020 por un importe de 881 millones de dólares, las cuales vienen derivadas de la caída en el precio de crudo así como de un descenso en la demanda de sus productos que han tenido como consecuencia una menor facturación y la entrada puntual en números rojos en la cuenta de explotación.

No quisiéramos terminar este artículo sin mencionar las denuncias que tanto en Vietnam como en Estados Unidos sufre el grupo FORMOSA PLASTICS, consecuencia de sus métodos productivos y los vertidos residuales que realiza en el mar, lo que ha  producido en el pasado múltiples efectos contaminantes en los territorios donde se encuentra implantada la compañía y de los cuales posiblemente tenga que responder tanto tomando medidas eficaces correctoras como haciendo frente en el futuro a cuantiosas sanciones económicas impuestas por las administraciones competentes de cada territorio donde opera.

 

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