Competitividad, productividad, plan de carrera, formación, salarios, inflación, convenio…¿Cuántas veces hemos oído estas palabras para justificar la política salarial y de contratación de nuestras empresas?
Yo, como ya he advertido en otros “post”, creo que el problema de nuestra falta de competitividad, baja productividad y bajos salarios, tiene más que ver con otros factores ya comentados, entre los que también destacaría la política de RR.HH. de muchas empresas españolas, donde el ser “hijo de” o “sobrino de” o “yerno de” o “amigo de”, resulta ser el mérito más adecuado y eficiente para acceder a la empresa y progresar en ella. Esto, que aparentemente tiene una lógica y humana explicación, resulta ser en verdad contraproducente, perjudicial e injusto.
Contraproducente, por qué hace imperfecto el mercado laboral. Perjudicial por que el recomendado no va a sentir la presión necesaria para su buen rendimiento. Injusto por que cierra las puertas a personas, potencialmente más válidas que no tienen ese contacto.
No hace mucho tiempo, leí en las páginas de un suplemento dominical de ABC, una entrevista con Antonio Garrigues Walker, en la que decía que su conocido y prestigioso despacho de abogados, no contrataba familiares de los trabajadores, por qué ello podía impedir la contratación de personas potencialmente más valiosas, laboralmente hablando. De verdad que me impactó, esta declaración.
Conozco alguna empresa, donde el padre ha metido a todos sus hijos, algún sobrino y hasta amigos e hijos de amigos. Sin más méritos diferenciales, que la relación con el empleador.
Si en muchas empresas se hace lo mismo, el mercado laboral de la oferta se estrecha, se vuelve incompetente e imperfecto. La reacción a ello, es la de querer todos hacer lo mismo, para proteger a nuestros allegados de ese mercado injusto, extendiéndose esta práctica como mancha de aceite y ensuciando todo.
La mejor prueba de ello, la podemos ver en las empresas familiares, que crea el abuelo, gestionan mal los hijos y hunden los nietos.
Así vemos, como en televisión, "los hijos de" suceden a sus padres, en el mundo de la canción, del cine, del periodismo..etc. Sólo no ocurre en el deporte, donde para meter goles, canastas, batir marcas o ganar pruebas, se necesitan unas cualidades que no sólo no se heredan, sino que necesitan trabajo y aplicación. Como no parece que ocurre en el resto de las profesiones, oficios o actividades.
Por último, una anécdota que me ocurrió al conocer a unas de estas personas, en la que al presentarnos, me dijo:
 
-¡Hola! soy “fulano de tal”, ¿no te suena?
 
-¡Ah pues no!
 
-¡Sí hombre!.. soy “hijo de”.
 
-¡Ah, coño! Como te pareces.
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